Antecedentes de la Guerra Necesaria

Peldaño a peldaño José Martí impulsó los múltiples y complejos factores que habrían de converger en la guerra independentista iniciada el 24 de febrero de 1895 para arrebatar a España sus dos últimas colonias en América

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Fue el Apóstol artífice principal de la Guerra Necesaria, también llamada la guerra de Martí.

Imposible, a pesar de los 125 calendarios transcurridos, sería valorar justamente en perspectiva, cuál o cuáles de los pasos previos dados por José Martí, padre de la independencia cubana, resultó el más importante en la compleja madeja de acaecimientos que auspició el Apóstol en el curso de los aprestos para la Guerra Necesaria, iniciada en Cuba el 24 de febrero de 1895.

Desde este punto de vista, sería oportuno recordar que, si fuésemos a enumerarlos, deviene aconsejable ver esta relación en progresión cronológica, comenzando por la constitución de los clubes revolucionarios en el exilio, la creación del periódico Patria, la fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC), la preparación del Plan de La Fernandina, la orden de alzamiento transmitida a la isla y el Manifiesto de Montecristi.

Pueden existir diversas opiniones en torno al tema; se respetan. Solo se pretende llamar la atención acerca de aspectos poco abordados por la historiografía cubana acerca de nuestras contiendas libertarias, sin imponer criterios propios, sino con el ánimo de compartirlos. Dicho esto, aceptamos que existen matices y aristas susceptibles al debate.

Es nuestro modesto criterio que los aspectos citados en el segundo párrafo constituyen hitos o peldaños en el ascenso hacia la también llamada Guerra de Martí, de ahí la enumeración progresiva en el tiempo.

Sin embargo, si bien existe lógica en la creación primigenia de las organizaciones de base del futuro Partido; es decir, los clubes revolucionarios, no ocurre lo mismo cuando analizamos la creación de Patria, el 14 de marzo de 1892 como órgano —no oficial— del PRC, precediendo en el tiempo por 27 días a la organización que le tocaría representar como vocero.

Como se demostró en la práctica, no hubo problema alguno en esta trasgresión de la lógica, pues el Partido surgido el 10 de abril del citado año ya tenía un vehículo difusor cuando nació, el cual habría de desempeñar un papel preponderante junto a la institución política en la divulgación y promoción de los objetivos de la Revolución martiana, al punto que hoy resulta prácticamente imposible imaginar al PRC sin Patria o a Patria sin el Partido. 

Uno y otro: Patria y el PRC, bajo la batuta inigualable del Maestro, hicieron el prodigio de unir a los viejos y nuevos combatientes en torno al objetivo emancipador y agrupar en un haz a la emigración cubana en Estados Unidos, México y Centroamérica, con los patriotas en la isla, para disputarle a España la perla antillana en una contienda que —esta vez— debía resultar definitiva.

LA FERNANDINA Y LA ORDEN DE ALZAMIENTO

Mucho se ha escrito y debatido en torno al fracaso del Plan de La Fernandina; tanto, que se pierden a veces los presupuestos básicos. En síntesis, baste decir que fue un proyecto magistral concebido por Martí, el cual perseguía traer a Cuba en tres expediciones diferentes por las antiguas provincias de Oriente, Camagüey y Las Villas, a los jefes principales de la Guerra Grande, al frente de viejos y nuevos combatientes, con importantes alijos de armas y pertrechos, todo con el propósito de librar una guerra fulminante y poco cruenta.

Como parte del Plan se organizaron en distintos países tres grupos de revolucionarios cubanos para detonar contienda. En Cayo Hueso estaban los generales Carlos Roloff y Serafín Sánchez; en Costa Rica, los generales Antonio Maceo y Flor Crombet, y en Santo Domingo, aguardaba intranquilo el General en Jefe Máximo Gómez.

Según lo previsto, al sur oriental debía arribar una expedición formada por 200 hombres encabezados por los generales Antonio Maceo y Adolfo Flor Crombet. De igual forma, otros 300 revolucionarios liderados por Martí y el Generalísimo Máximo Gómez, secundados por el coronel José María Rodríguez (Mayía) y el Comandante Enrique Collazo, debían salir de República Dominicana y desembarcar cerca de la localidad camagüeyana de Santa Cruz del Sur.

Finalmente, una tercera expedición de unos 200 combatientes, conducida por los generales Roloff y Serafín Sánchez, saldría de Cayo Hueso para arribar al sur de Las Villas. Pero el 10 de enero de 1895, cuando todo estaba prácticamente listo para la partida de los barcos con sus cargamentos bélicos a recoger a los tres grupos de mambises, armas y embarcaciones, fueron embargadas por el Gobierno estadounidense debido a una probable delación.

Fue un golpe anonadante para la Revolución martiana. De hecho, allí se frustró el propósito de Martí de hacer una guerra breve y poco cruenta. Para el delegado del PRC y alma del estallido en perspectiva, aquel desastre estuvo a punto de derrumbar y echar por tierra todo el proyecto emancipador, pero el apoyo recibido de los clubes y de la opinión pública entre los emigrados y en la isla, sorprendidos por la magnitud de los aprestos del delegado insuflaron a este nuevas fuerzas para seguir adelante el camino emprendido.

Ya la orden estaba dada, pues el 8 de diciembre de 1894 José Martí firmó el Plan de Alzamiento en su condición de delegado del Partido, documento que también suscribieron Mayía Rodríguez, en representación de Máximo Gómez, y Enrique Collazo. Esta resolución se le hizo llegar, oculta en un habano, al periodista Juan Gualberto Gómez, representante personal de Martí en Cuba, quien, de acuerdo con sus instrucciones, fijó para el domingo 24 de febrero de 1895 la fecha de la insurrección.

EL MANIFIESTO: ¿UNA INCONGRUENCIA?

Curioso como el surgimiento previo del órgano de prensa partidista, Patria, antes que el Partido Revolucionario Cubano —al cual iba a representar—, es el hecho de que la Revolución independentista en su segunda etapa estallara en Cuba el 24 de febrero de 1895, y no fue hasta el 25 de marzo de ese año que Martí y Máximo Gómez refrendaron en Montecristi, República Dominicana, el célebre manifiesto de ese nombre. 

Si se preguntara el porqué de la evidente incongruencia, habría que decir que fueron las circunstancias las que determinaron ese orden de cosas, pues a raíz del fracaso de La Fernandina, los sucesos de la Revolución en torno a Cuba adquirieron un orden aleatorio, según el cual las más de las veces se hacía lo que se podía, cuando se podía. Ello explica que el Manifiesto, explicativo de las causas, objetivos y principios de la guerra, surgiera cuando los patriotas cubanos ya estaban en la manigua matando y muriendo por la libertad de su patria.

Hoy la idea de los hermanos Lora tiroteando Baire en la alborada de aquel ya lejano 24 de febrero es la que predomina en el imaginario popular, cuando lo cierto es que, en esa jornada heroica, se levantaron de manera simultánea en todo el territorio isleño unas 35 localidades, sobre todo de la porción más oriental del país, por lo que los historiadores suelen denominar a esa fecha gloriosa Grito de Baire o Grito de Oriente. 

Lo que sí dejó claro aquel gesto del pueblo de una nación en ciernes fue el espíritu y las ansias de redención a cualquier precio, con el propósito supremo de hacer a Cuba libre e independiente de España y de toda otra potencia, porque los cubanos, simbiosis maravillosa de etnias y culturas, no aceptamos yugos, ni dominios, ni opresiones, vengan de donde vengan. 

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