Carné de la Aclifim otra vez en la palestra

Una respuesta lógica a su situación. Eso es lo que solicita, al escribir a esta columna, José Antonio Bravo Monzón, quien reside en el Edificio No. 4, Apartamento No. 4, en la Zona de Desarrollo de Yaguajay.

“Tengo 67 años, el 22 de julio del 2018 sufrí un accidente y como consecuencia sufrí daño en la región cervical, lo cual produjo que se me paralizara el lado derecho del cuerpo. Fui sometido a una operación en el servicio de Neurocirugía del Hospital Provincial Camilo Cienfuegos, de Sancti Spíritus, donde permanecí ingresado alrededor de 45 días”, narra.

Cuenta, asimismo, que una vez dado de alta debió rehabilitarse en la Sala de Fisioterapia del policlínico local, y que ya se encuentra parcialmente recuperado, aunque dependiente del bastón. “Por momentos pierdo el equilibrio, además, no puedo permanecer de pie por mucho tiempo”, significa.

Según refiere, se personó en la sede de la Asociación Cubana de Limitados Físicos y Motores (Aclifim) de Yaguajay para ingresar como impedido físico y se le informó que a la misma no se admitían ingresos de personas de edad mayor a los 60 años. “¿Quién me protege a mí, pues en la práctica soy un impedido físico y en estos momentos que vive el país cada vez que viene algún producto a las TRD o al mercado en moneda nacional exigen el carné que acredite tal condición”, cuestiona, y agrega:

“Debo aclarar que hasta ahora no he tenido problemas, porque la mayoría de las personas me conocen ya que durante 48 años trabajé como profesor de Historia de Secundaria Básica y en la Enseñanza Media Superior. Aprovecho la oportunidad para enviar un saludo al equipo de Neurocirugía que dirige el doctor Ariel Álvarez y el personal de apoyo que me atendió”.

Escambray contactó con Anadir Abreu Hernández, presidente de la Aclifim en Yaguajay, quien confirmó lo que ya varias veces se ha escrito en este mismo espacio de correspondencia, al responder a quejas anteriores sobre el mismo asunto: la dirección nacional de dicha asociación ha dispuesto no entregar carnés de la misma a quienes tengan más de seis décadas de edad, a menos que se trate de un impedimento muy visible e invalidante, como una amputación.

También aclaró Anadir algo ya dicho anteriormente: ello no significa que no se ayude a las personas con cierta discapacidad en las gestiones para conseguir bastones, sillas de ruedas, andadores u otros medios de apoyo a la locomoción.

Una vez más, este órgano de prensa cuestiona la rigidez de la medida, toda vez que, por lo que se puede observar en lugares donde suelen solicitarlo, el carné de la Aclifim parece estar en manos de personas que no muestran esas limitaciones sumamente visibles e invalidantes, en tanto otras que sí lo necesitan carecen de acceso a él.

Al margen del mal uso del documento, que tampoco es solicitado en muchísimas ocasiones ante la aspiración de adquirir productos de diversa índole, incluidos fármacos y alimentos, consideramos que casos como el de José Antonio debieran analizarse antes de dar por sentada una decisión así de tajante.

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