Edificio libre de obstrucción

Días atrás, María Teresa Hernández Benítez y Carlos Javier Garmedía Torres, ambos residentes en el Edificio No. 10 de la calle Marrero, en Yaguajay, escribían a esta columna para dar cuenta de un problema que aquejaba a todos los residentes en el inmueble.

“Sufrimos desde el pasado 26 de junio el desbordamiento de los residuales del edificio, a partir de la obstrucción de registros y tuberías que evacuan las aguas albañales de 20 apartamentos. Nos hemos presentado a la UEB Acueducto y Alcantarillado de Yaguajay, desde donde enviaron un carro de desobstrucción que no pudo resolver la situación.

“Nos dirigimos, además, a la oficina de atención a la población del Gobierno local, donde tomaron nota de la queja, al igual que en el Comité Municipal del Partido. Sin embargo, los intentos de resolver el problema han fracasado y se ha creado una situación mucho más compleja a partir de que los residuales se esparcen por doquier impidiendo casi la entrada al edificio”, contaban.

Añadían que las aguas pestilentes corrían calle abajo a lo largo de 10 cuadras y que eran insoportables el hedor y los mosquitos, además de que era real el peligro de enfermar, pues dichos albañales, apuntaban, corrían muy cerca de la cisterna de la edificación.

Contactado por Escambray, Rolando Prado Varela, director de la Unidad Empresarial de Base Acueducto y Alcantarillado Yaguajay, refirió el pasado lunes 28 de septiembre que llevaban días en el empeño de contener el vertimiento de residuales. Justo en esa fecha se encontraba trabajando allí una brigada de la Construcción del municipio, de conjunto con la Dirección Municipal de la Vivienda, que es la entidad más directamente implicada en el asunto, dijo.

Según confirmaría la citada fuente poco después, en esa propia jornada fue posible eliminar la obstrucción que se había encontrado en un registro a un metro y medio de profundidad, con lo cual quedó resuelto el problema y las aguas albañales comenzaron a correr por el cauce correcto. La UEB Acueducto y Alcantarillado, como una de las partes implicadas, estuvo dando apoyo durante los trabajos con el carro fosa.

Se había previsto, explicó Prado Varela, que si estas acciones no resultaban se ejecutaría una inversión no exenta de grandes costos, para la cual la entidad constructora ya había logrado reunir los materiales principales. “Ciertamente, nosotros acudimos allí varias veces con el carro de desobstrucción y con el carro fosa; realizamos todas las acciones posibles, pero no se había podido resolver por tratarse de un problema de envergadura y porque carecemos de retroexcavadora”, adujo.

Agregó que se trata de un edificio viejo, sin planos, lo cual obliga a un trabajo a ciegas, por lo que resultó determinante el aporte y la guía de las personas con más antigüedad allí. Bienvenida, entonces, la solución, con el esfuerzo de todos los que la hicieron posible, y bravo por la colaboración de los cederistas, que tomaron parte en la supresión del problema exactamente en la fecha en que los CDR cumplían 60 años de creados.

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