El virus de la infodemia

Una cosa es la necesidad de información y el derecho de cada ciudadano a estar informados y otra, muy diferente, es esta epidemia informativa que nos ha sobrevenido a la par de la COVID-19; tan perjudicial y contagiosa como la propia enfermedad

Que te planten un supuesto cadáver en medio de una calle de la Lisa, en La Habana y te hagan pensar que murió a causa del nuevo coronavirus; que en las redes se tornen virales noticias que revelan la aparente creación del SARS-CoV-2 en un laboratorio; que por WhatsApp contagien audios de personas enfermas, supuestamente, sin atención… no son chismes, es infodemia.

Y lo peor es que la gente lo comente, lo comparta y en algunos casos hasta lo crea. Se ha propagado exponencialmente tanto como el nuevo coronavirus; más por mala intención que por inocencia. Porque una cosa es la necesidad de información y el derecho de cada ciudadano a estar informados y otra, muy diferente, es esta epidemia informativa que nos ha sobrevenido a la par de la COVID-19; tan perjudicial y contagiosa como la propia enfermedad.

Se trata de infestar de caos, de pánico, de desinformación, de socavar —quizás en primera instancia— las medidas de contención que se vienen tomando para intentar minimizar los perjuicios de la COVID-19.

Lo ha reconocido de tal modo el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud (OMS): “No solo estamos luchando contra el coronavirus; también estamos luchando contra los troles y los teóricos de la conspiración que impulsan la desinformación y socavan la respuesta al brote”.

No es Cuba, que habitualmente ha sido epicentro de fake news; es una pandemia global como se sustenta científicamente. Lo que cambia, en esencia, son los argumentos añadidos para mostrar los hechos de modo creíble porque, convengámoslo: no es lo mismo hablar de un muerto en una calle de New York que en una arteria de Sancti Spíritus; no es igual decir que se están inmunizando masivamente niños en Italia —donde a lo mejor resulta insólito— que en nuestro país. En el disfraz de veracidad está el éxito de su virulencia.

Ha sucedido en todos lados. Se ha camuflado y ha infectado a veces hasta a los incrédulos. Días atrás se propagaba por Sancti Spíritus. Cuando el carro aquel rodó por el bulevar espirituano para limpiar el suelo con agua clorada —como parte de las medidas adoptadas para el enfrentamiento a la COVID-19— comenzó a enfermar el rumor de que se trataba de una desinfección urgente, a causa del fallecimiento allí de una persona que habían trasladado momentos antes en ambulancia. Y las personas llenando de supuestos las redes sociales y llamando a las emisoras para confirmar y preguntando por todos lados.

¿Ingenuidad? Se sabe, las brechas en la información han sido siempre el abono perfecto para fertilizar conjeturas y, acostumbrados como estamos a que cuando los rumores suenan es porque certezas traen, hay quienes se aprovechan para contagiar con falsedades.

Acontece más ahora que la avidez por las noticias se ha vuelto viral, aunque como nunca, creo yo, se ha intentado saciar con informaciones oportunas y esclarecedoras.

Hoy para informarse las personas no acuden necesariamente a los medios de comunicación tradicionales; basta con acceder a tal canal de YouTube o conectarse en tal grupo de Messenger o navegar por tal sitio por poco oficial que sea. Las tecnologías le plantan el duelo de la inmediatez y la veracidad no solo a los públicos, también a los periodistas.

Mas, para desintoxicarse de lo que los expertos denominan infodemia han ido surgiendo vacunas. Se han desarrollado en Cuba —aunque siempre no se acceda a ellas—: el Pesquisador Virtual COVID-19 con patente de la Universidad de Ciencias Informáticas y los ministerios de Salud Pública y el de las Comunicaciones; o Porter@, de utilidad para controlar las colas; o Covid19CubaData, donde se dispone de estadísticas oficiales sobre la progresión de la enfermedad en la isla.

En días de epidemia una preocupación debería rondarnos a todos: inmunizarnos contra las bolas. Porque resulta más fácil creer en el vecino aquel que hasta te jura haber sabido de buena tinta que sí, que murió de la COVID-19, aunque no dijeron nada que contrastar fuentes e indagar en sitios oficiales. Y a los medios de comunicación les corresponde vacunar a tiempo contra esos males.

Tanto daño hace la COVID-19 como ese otro virus que anda contagiando: la infodemia.

One comment

  1. En mi opinión la periodista,que reconoce que la información veraz es un derecho ciudadano,trata de justificar su calificativo de “enfermizo” en un artículo anterior,con la desinformación o “Bola” como la llamamos en el argot popular,que como reconoce es fruto de la falta de información, y el secretismo y la censura agregaría yo…La vacuna contra las bolas,opino,debe ser una información clara,veraz,imparcial ,a tiempo y supongo que para eso existen los medios de comunicación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *