Maceo y Che: Gigantes de la Revolución

Nacidos en igual fecha, pero en épocas y países distintos de Nuestra América, Antonio Maceo Grajales y Ernesto Guevara de la Serna encarnan el modelo ideal del combatiente revolucionario

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Maceo y Che constituyen ejemplos de continuidad revolucionaria.
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Maceo y Che constituyen ejemplos de continuidad revolucionaria.

A 175 años de la venida al mundo en Cuba de Antonio Maceo Grajales, y 92 del nacimiento en Argentina de Ernesto Guevara de la Serna, Che, el 14 de junio de 1845 e igual fecha de 1928, en ese orden, causa asombro que existan tantas coincidencias en dos personas de nacionalidades y etnias distintas, atendiendo a su patriotismo innato y cualidades morales que los convirtieron en modelos de ciudadanos y de revolucionarios.

Por la enorme amplitud de ejemplos existentes, resulta imposible exponerlos todos, de ahí que recurramos de forma aleatoria a solo una pequeña parte de ellos, pero suficiente para ilustrar la eticidad sobresaliente puesta de manifiesto por Maceo y Che a lo largo de sus fecundas existencias. 

“El deber de un revolucionario es hacer la Revolución”, dijo en su momento el Comandante en Jefe Fidel Castro, poniendo énfasis en el aspecto ético y filosófico del planteamiento, porque hacerlo implica entereza moral, solidez de principios, decisión y una dosis de valentía que puede derivarse y, de hecho se define a partir de la convicción de que profesar la Revolución y practicarla es lo único atinado frente a la opresión, venga esta de donde venga, sin importar los riesgos.

Pero ser ético y moral es más que eso, pues conlleva asumir las cosas de la vida y proyectarse siguiendo siempre un código estricto que lleva a proceder de acuerdo con el concepto de lo justo. Así, tanto el cubano Antonio Maceo, crecido en el seno de una familia pobre y de “color” en una prejuiciosa sociedad colonial esclavista como la cubana en la Santiago de Cuba de mediados del siglo XIX, y Ernesto Guevara, nacido allá en Rosario, Argentina, a fines del primer tercio del siglo XX, devienen paradigmas de revolucionarios.

Así también, atendiendo a su origen pobre o ligeramente acomodado, en hogares donde imperó siempre la armonía familiar impregnada de sólidos principios morales, la impar cubana Mariana Grajales y la argentina Celia de la Serna supieron imbuir en sus hijos el concepto de lo justo que, en el caso del pequeño Ernestito encontró además especiales cualidades innatas que lo distinguieron entre sus hermanos y compatriotas de su época.

Refiriéndose a Antonio Maceo, Armando Hart Dávalos expresó de él:

“Maceo aprendió en su casa la responsabilidad, el aprecio al trabajo, los principios morales, la fortaleza de espíritu y de cuerpo, el valor y un profundo amor a la patria, a la libertad y a la justicia”.

El futuro Titán, siendo todavía un joven imberbe de solo 23 años, se alza con su padre y algunos de sus hermanos contra el poder omnímodo de España sin mirar los peligros y sacrificios que vendrán por delante, porque se lo dictaban su conciencia y su concepto de lo justo, en una estirpe donde el hambre de patria se respiraba a cada instante en el singular magisterio de Mariana y en el aborrecimiento suscitado por la opresión del coloniaje.

Con igual o menor edad aún, el joven Guevara emprende el conocimiento de su gran patria argentina para luego desbordar sus fronteras y conocer la realidad imperante en Chile, Perú, Venezuela y otros países, con un sentido latinoamericanista muy fuerte y un gran humanismo puesto de manifiesto en sus servicios como médico en un leprosorio peruano, cuando esa enfermedad era considerada mutiladora sentencia de muerte.

Las enormes desigualdades sociales vistas entonces por el Che, los flagelos del capitalismo incipiente con sus grandes injusticias y el aplastamiento del intento revolucionario guatemalteco por la injerencia de Estados Unidos aliado a la oligarquía nativa en 1954 abonaron el terreno para que el médico novel que había en Ernesto se transformara en el revolucionario que decidió luchar por Cuba luego de su primera entrevista con Fidel en la capital mexicana.

Che no se sintió nunca prisionero de las fronteras nativas, sino que aplicó de manera consecuente el apotegma martiano: “De América soy hijo y a ella me debo”. Así bregó por Guatemala, Cuba, Bolivia, pero también por el Congo… y habría luchado también por su natal Argentina de habérselo permitido las circunstancias, siempre con total altruismo personal y sin un ápice de vanidad.

De Maceo, su ejemplar trayectoria en el Ejército Libertador cubano está llena de hechos que lo dignifican por su especial connotación, incluso cuando tuvo que contener sus impulsos personales para no violar la disciplina militar, situándose al margen del bochornoso proceso que culminó en 1873 con la deposición del presidente de la República de Cuba en Armas, Carlos Manuel de Céspedes.

Luego, al final de aquella cruenta guerra, Maceo salvó dos veces el honor y la dignidad de los cubanos; primero, cuando en Mangos de Baraguá en su histórica entrevista con el jefe español Martínez Campos dijo no a la paz sin independencia y sin abolición de la esclavitud derivada del ominoso Pacto del Zanjón, y después, porque, previo a ese encuentro, se enteró del proyectado intento de secuestrar o matar al dignatario hispano aprovechando la ocasión, a lo que, ofendido, se opuso de forma tajante.

Cuando no hubo más nada que hacer en aquella contienda que frustraron otros, Maceo se fue al exilio en Centroamérica y estuvo en Honduras, donde llegó a ser alto mando de su ejército, pero también en Panamá y en Costa Rica, donde se radicó finalmente, asumiendo en cada lugar una conducta intachable.

El Che, uno más en el Granma, demostró desde el comienzo su voluntad de lucha y su estoicismo, cuando en medio del infierno de Alegría de Pío trató junto a sus compañeros de repeler el asalto de los soldados de la tiranía y escogió entre una caja de medicinas otra de balas, esta última, para devenir combatiente más que médico en aquella coyuntura extrema. Por eso y por su actitud destacada de vanguardia fue el primer comandante nombrado por Fidel al frente del naciente Ejército Rebelde.  

Si de entereza moral y desprendimiento se trata, ahí está el ejemplo del general Antonio, cuando a inicios de 1895 recibe de Martí la encomienda de traer a Cuba una de las expediciones del Plan de Fernandina y, fracasado este, le asigna una muy modesta cantidad de dinero y le pide que reúna todos los efectivos posibles y se dirija a Cuba para incorporarse a la Guerra Necesaria. Como Maceo estima que con aquella exigua remesa tal empresa no será posible, el Apóstol designa a Flor Crombet al frente de la expedición y Maceo se suma a ella como simple combatiente a pesar de su jerarquía superior.

Cuando el Che se incorpora a la lucha por la segunda y definitiva independencia de Cuba conocía muy poco acerca de Maceo, pero no tarda aun en medio de la lucha por aprender del Titán Bronce y sus hazañas, que luego emula, como cuando revive el periódico El cubano libre, homónimo del que creó Maceo en la manigua y, siguiendo ese ejemplo, funda además, el 24 de febrero de 1958, la emisora Radio Rebelde, de tan destacado papel en la lucha ideológica y de propaganda contra el régimen de Batista. Poco después, junto a Camilo, reeditaría la homérica invasión a occidente.   

Sin dudas, para el Che, quien “pulió su carácter con delectación de artista”, Maceo era ya en su época paradigma del hombre nuevo que él se proponía crear, para lo cual tuvo en los luchadores cubanos de distintas etapas como Mella, Martínez Villena, Guiteras y el propio Fidel, los ejemplos a seguir en esa búsqueda constante del mejoramiento humano.

Quizá por ello, ese multifacético argentino, quien desempeñó con ejemplar honradez y eficiencia cada cargo que le tocó asumir, expresó en su momento: “De muchos esfuerzos sinceros de hombres simples está hecho el edificio revolucionario; nuestra misión es desarrollar lo bueno, lo noble de cada uno y convertir a todo hombre en un revolucionario (…), de sacrificios ciegos y de sacrificios no retribuidos, también se hizo la Revolución”.

Es una idea que el Che amplía en su obra El socialismo y el hombre en Cuba: “Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte”.

Pastor Guzmán

Texto de Pastor Guzmán
Fundador del periódico Escambray. Máster en Estudios Sociales. Especializado en temas históricos e internacionales.

Comentario

  1. A Seguir el ejemplo de estos hombres y de nuestros héroes y mártires y A defender nuestra patria y nuestros principios.

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