La COVID-19 enlazó a Jarahueca (+fotos)

Bastaron unos casos positivos para que la vida tomara matices de recogimiento y soledad en este asentamiento de Yaguajay

El impacto de las restricciones se extiende por todo Jarahueca. (Fotos: José Luis Camellón)
El impacto de las restricciones se extiende por todo Jarahueca. (Fotos: José Luis Camellón)

Es como si la COVID-19 le hubiese puesto una jáquima a todo Jarahueca. “Nos enlazó”, prefiere decir con cara de susto Luis Mariano Brito, casi acabado de regresar de Playa Vitoria, donde pasó días de aislamiento como contacto del contagio que irradió el evento de Venegas, ya cerrado. Lo cierto es que desde el día 12 de octubre la vida adquirió matices de recogimiento y soledad en un asentamiento que despierta al compás de la música de Ada Elba Pérez y sale al amanecer a embarrarse de tierra, rocío y sol.

“Esto nos ha cambiado la vida”, relata René Alemán Rodríguezcon el sentimiento surcándole los ojos, uno de esos productores que ha contribuido a posicionar la comarca en el mapa granero de Cuba. “Habíamos estado libres de la pandemia, estábamos prácticamente sueltos como se dice y hemos tenido que cambiar la forma de andar, pero los frijoles no están desatendidos, nos movemos para el campo con los obreros, hay un control de esa salida y entrada, no hay otra opción que cumplir con las medidas a ver si esto acaba rápido”.

Después de navegar con suerte siete meses, la COVID-19 no pudo escoger peor momento para salpicar a un poblado que transita ahora por uno de los picos productivos asociados al frijol; de ahí que la rápida medida de restricción de movimiento intente acorralar la transmisión sin restarle brazos a la sitiería, aunque para ello el doctor del punto de acceso tenga que pasar lista por la mañana y por la tarde a un ejército de cosecheros que responde por una siembra de vida o muerte para el caldero.

CALLE 12, ESQUINA A 9

Al paso de los días los pobladores han correspondido con disciplina a las medidas de restricción de movimiento.
Al paso de los días los pobladores han correspondido con disciplina a las medidas de restricción de movimiento.

No se trata de una dirección del Vedado habanero. Es justo la zona por donde detonó la COVID-19, casi al mismo borde de la frijolera, o más bien el pedacito de Jarahueca acordonado con una soga blanca que les paralizó la movilidad a unas 60 personas aisladas en sus propias casas, mientras otro grupo de sospechosos y contactos fueron hasta centros de aislamiento. Los cuatro pacientes positivos asociados a este pequeño foco permanecen con un comportamiento estable en las instalaciones sanitarias de la provincia.

Puede que alguien vea exagerado restringir la movilidad de todo un pueblo por un contagio achicado a dos pedazos de calles; pero a estas alturas de pandemia incontrolable es preferible pasarnos que abrirle pestillos al SARS-CoV-2, una filosofía inscrita en la agenda diaria del Consejo de Defensa Municipal de Yaguajay, arrimado por estos días a Jarahueca para fiscalizar cada medida al detalle y repartir solidaridad.

Por eso ni a los vecinos de la calle 12, esquina a 9, ni al resto de los casi 3 000 pobladores les han faltado acompañamiento y víveres imprescindibles.

“Nunca he estado tanto tiempo metido en la casa, pero es una medida necesaria”, admitió el campesino Pedro Barrabí Hernández.
“Nunca he estado tanto tiempo metido en la casa, pero es una medida necesaria”, admitió el campesino Pedro Barrabí Hernández.

“Es difícil trancar a un pueblo de guajiros, hasta yo me siento un poco trancado —revela con sinceridad el doctor Cristian Carvajal Calzada, una muralla en la principal puerta de entrada—. De primer momento fue superdifícil parar a Jarahueca, un pueblo fiestero, ya hay más tranquilidad; por aquí podrá venir alguien hasta a caballo, si no está en el listado no pasa y como le conozco la pinta a todo el mundo, pues no necesito fijarme mucho en los nombres, sí en los signos de alarma de cada persona”.

Yolanda Cabrera Cárdenas, presidenta de la cooperativa Agostinho Neto y presidenta de la Zona de Defensa, no ha conocido el reposo después de notificarse el primer caso positivo, solo sabe de atender a esas familias en aislamiento domiciliario, de mensajeros, pesquisas, recorridos nocturnos, de esperar resultados de PCR. “A esas familias se les lleva todo a la casa, estamos al tanto de sus preocupaciones, pero puedo decir que hay disciplina y, aunque duela, no se puede compartir el café con el vecino”.

“Hay COVID-19 en Jarahueca”, no hizo falta saber más para que la noticia cabalgara lo mismo por mensajes de celulares que a lomo de caballo y hasta por Internet llegara a los nativos dispersos por medio mundo. Superado el trauma inicial, la precaución se fue instalando en las casas y en las personas.

Entonces Marta Julia Hernández maldijo al SARS-CoV-2 y quién sabe si está soñando un guion sobre el virus que encerró la vida en el asentamiento para la próxima puesta en escena de la Colmenita.

La entrada y salida es supervisada por un profesional de la salud.
La entrada y salida es supervisada por un profesional de la salud.

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