La fantasía ya tiene dueños (+fotos)

Un proyecto cultural de Jatibonico despierta virtudes en sus pequeños protagonistas. Detrás de la escena, Olisvael Basso Rodríguez, un joven que convierte el arte en auténtico milagro

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Dueños de la Fantasía es el espacio donde los niños intentan ser otros personajes en ellos mismos. (Foto: Ksareflejo)

Ella es hermosa. Y mágica. Tiene unos ojos como azabaches, que sonríen cuando miran. Le gusta bailar y sueña en azul. Se llama Elizabeth.

Hay que verla en escena, disfrutando cada movimiento. O en las fotos que reproducen su rostro con personajes distintos. Ahora una enfermera blanquísima, más tarde una guajira campechana, luego ecologista que levanta el mundo y después, o más bien antes, el teatro. La consagración.

Pero detrás de toda su historia hay un rostro, Olisvael Basso Rodríguez; y un proyecto que hace 16 años va dejando surcos de imaginación por todo Jatibonico, hasta llegar más lejos, a festivales nacionales y a una colmena de talentos que distinguió ese pueblito pequeño en la geografía del arte. Dueños de la Fantasía tiene bien puesto el nombre.

Lo atestiguan las aventuras de los pequeños, entusiasmados con cada iniciativa que brota de este fértil manantial de creatividad. También Mirna Morales Álvarez, una madre agradecida, cuando afirma que este proyecto inclusivo que le abrió las puertas a su hija ha sido una luz para toda la familia. “La persona que tiene a alguien con discapacidad piensa que se le acabó el mundo y eso no pasó con Elizabeth. No quiero que se apague, porque sé que lo puede lograr. Estos niños tienden a ser retraídos, pero a ella este proyecto la ha ayudado a ser más extrovertida, espontánea, ya te digo, Olisvael ha sido un faro para todos nosotros”.

Él lo deja claro: Elizabeth no está parada delante para que parezca una estadística. Es una más entre los 38 integrantes del grupo y lo disfruta a plenitud.

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Olisvael ha llevado adelante este proyecto durante 16 años, con tres generaciones distintas. (Foto: Yoleisy Pérez/ Escambray)

HERMANOS MENORES DE TIN MARÍN

Ya le había nacido al actor su primer hijo, La Carpa de Tin Marín, cuando trajo al mundo al hermano menor. ¡Qué sorpresa! Esta vez tampoco era uno, sino muchos niños traviesos y retozones que llenaron de gozo a la familia de la Cultura en Jatibonico.

No por azar llegó a la vida el Día Internacional de la Infancia, allá por el año 2004. Fue una especie de regalo, que desde entonces crece y renace hasta sumar tres generaciones infantiles.

En medio de tantas pesadillas cotidianas, Olisvael tiene un sueño hermoso: salvar el alma. Por eso no para de vestir a los pequeños con valores y enseñanzas. En su escenario no ensaya solo teatro, sino la propia existencia.

Cada encuentro es un motivo para instruir sobre modales, comportamientos, naturaleza, tradición, historia… También el espacio donde los niños intentan ser otros personajes en ellos mismos.

Aunque es un conversador innato, cuesta hacerlo hablar de sí mismo. Prefiere que diserten los protagonistas —como si él no lo fuera—, que sean los niños quienes juzguen. Insiste en apuntar que no es solo un fruto personal. A su lado están Gloria, Dayana, Karen y muchos otros padres adoptivos de Dueños de la Fantasía.

“Esta no es la gran colmena, no es La Andariega de Camagüey, pero al menos trabajamos y logramos que los niños vean el espectáculo como un juego. Hace algún tiempo tuvimos el atrevimiento de hacer un espectáculo sobre el miedo, apagamos la luz sobre el escenario para que ellos tuvieran la vivencia de lo que es el miedo desde su óptica personal, porque se les inculca mucho miedo a las enfermeras, a los policías, a otras cosas. Algunos lloraron, otros disfrutaron… Al final, cuando volvía la luz, salía yo disfrazado de payaso de un baúl. La vida es una obra de teatro”.

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Padres y niños se han sumado a diversas iniciativas para incentivar el conocimiento sobre las tradiciones, la cultura, la historia y la naturaleza durante el confinamiento. (Foto: Ksareflejo)

¿USTEDES DE DÓNDE SON?… DE JATIBONICO

Dentro del enjambre de niños que volaron hasta el casting de la primera edición de La Colmena TV, en la capital cubana, andaba inquieta Amelia Marrero Alonso, llena de nervios y esperanzas.

Después de la prueba de fuego, entre los elegidos escuchó no solo su nombre, sino también los de otras dos integrantes de Dueños de la Fantasía: Karla Soriano Padrón y Geyla Neira Ramírez, quien al final se llevaría un segundo lugar que bien pudo ser el primero. Solo cinco niños del interior del país lograron incluirse. Tres, de Jatibonico.

“La experiencia de estar en un programa como ese fue muy bonita, muy emocionante, así en televisión, que se viera mi nombre…”, recuerda ahora Amelia, que ha vivido más de la mitad de sus 11 años inmersa en los proyectos de Olisvael.

“Todo lo que ha logrado es gracias a él, no solo en el proyecto, hasta en la vida personal de nosotros, está pendiente de todo lo que tiene que ver con los niños. No es solamente en la actuación, sino también por los consejos que les da, cómo los encamina en la vida, cómo los ayuda en el desarrollo de la escuela; es una persona integral a la hora de trabajar con ellos”, sentencia Maylín Alonso Companioni, la madre que asume como suyo cada nuevo empeño. Y recuerda que hasta La Habana se fue el instructor, a velar por sus muchachitas, a darles consejo e incluso regañarlas si algo no les salía bien.

Además de ver su nombre y brillar en las pantallas de toda la isla, en La Colmena TV Amelia se llevó un premio por aprenderse de memoria todos los Versos Sencillos de José Martí, pero también tuvo la suerte de conocer más profundamente el gran cubano que fue y, fiel a sus consejos, puso bien alto el nombre de su pueblo.

—Y cada vez que les preguntaban: ¿Ustedes de dónde son…?, interviene Olisvael.

—De Jatibonico, responde Amelia.

—¿Y no les daba un poquito de pena decirlo?, la provoco.

—No, nosotras estamos orgullosas de ser de Jatibonico.

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Olisvael no para de vestir a los pequeños con valores y enseñanzas. (Foto: Yoleisy Pérez/ Escambray)

A ESCENA LAS REDES SOCIALES

Parecía que las cortinas de la fantasía iban a cerrarse por causa de un espectador indeseado —el nuevo coronavirus— y las vacaciones subirían forzadamente a la escena, cuando a Olisvael se le ocurrieron otras maneras de crear.

Apeló a la literatura, la naturaleza, las efemérides, la tradición campesina; a la complicidad de los padres y a la imaginación de los niños, devenidos actores virtuales.

Y de pronto ya dejaron de ser los chiquillos que retozaban en la Casa de Cultura María Montejo mientras ensayaban la obra de turno, para convertirse en protagonistas de La Edad de Oro, defensores del medio ambiente, intérpretes de instrumentos musicales, reconocidos escritores… Y hasta modelos para el estudio fotográfico Ksareflejo, donde se perfilan las historias de vida que luego saltan al universo en publicaciones de las redes sociales.

Pero no solo interpretan personajes; igual estudian y aprenden más sobre los temas que ya esperan los padres para convertirlos en el próximo reto.

 “El regalo mayor para el artista es el aplauso, y si en medio del confinamiento hemos tenido más aplausos, creo que ha sido tan gratificante como en un espectáculo, porque allí las personas aplauden y se van, pero en las redes sociales el aplauso es perdurable —comenta Olisvael—. Incluso el concurso que promovimos por el Día de las Madres llegó a más de 2 500 comentarios y recibimos mensajes de niños de distintas provincias, de jatiboniquenses que viven en otros lugares, de instituciones que destacan nuestro trabajo. También han surgido muchas expectativas de otros niños para sumarse al proyecto y les digo: nuestras puertas están abiertas”.

A Dueños de la Fantasía le ha crecido la familia. Ahora tiene muchos padres, abuelos, hermanos y espectadores de todas las latitudes.

Pero quizás la definición más cercana al impacto de estos días de imaginación sin fronteras sea la de un curtido cooperativista jatiboniquense, cuya envidiable sabiduría guajira ha sentenciado que mientras los niños de otros países están confinados por el miedo, aquí lo convierten en un juego.

Un juego sin fin, donde vuelan mariposas dibujadas en nasobucos, Dulce María Loynaz escribe versos, Chaplin invita a sonreír, Meñique vence al gigante y Elizabeth se sabe reina mientras salva al mundo.

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En tiempos de confinamientos afloraron las iniciativas, entonces los niños se convirtieron en protagonistas de La Edad de Oro, defensores del medio ambiente, intérpretes de instrumentos musicales, reconocidos escritores. (Foto: Ksareflejo)

One comment

  1. Excelente trabajo! Ya tuve la oportunidad de leerlo en el Suplemento Cultural “Vitrales”, y ahora agradezco mucho que aparezca aquí y pueda tener un mayor alcance de lectores! Enhorabuena a Yoleisy, excelente editora y profesional, y a Escambray por publicar estos trabajos tan sensibles!

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