Longevidad protegida

En Sancti Spíritus, una de las tres provincias más longevas de Cuba, con un índice de envejecimiento poblacional del 21.7 por ciento, la atención al adulto mayor constituye una prioridad con beneficios asignados especialmente por el Estado cubano

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Los hogares de ancianos y casas de abuelos de la provincia acogen a unas 1 000 personas. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

La vejez, etapa a la que muchos queremos llegar, a veces con el temor intrínseco que trae aparejado ese período difícil de la vida con enfermedades y debilidades para ciertas tareas, es inevitable, como también lo es el hecho de que la población humana envejece.

No resulta excepción Sancti Spíritus, una de las tres provincias más longevas de Cuba, con un índice de envejecimiento poblacional del 21.7 por ciento, superior al del país, que es del 20.4 por ciento, y que cuenta con un universo de 101 441 habitantes de 60 años y más, a lo cual se suma que unos 12 000 viven solos, atendidos por el sistema de Seguridad Social, y alrededor de 110 personas han tenido la suerte de llegar a la centuria, pero que, lejos de estar alarmadas, saben que el Estado cubano prioriza el carácter humano y ético que debe estar presente en el cuidado a las personas ancianas, las cuales son atendidas de forma multidisciplinar por geriatras, enfermeros, psicólogos, fisioterapeutas y trabajadores sociales. 

Sin embargo, la atención al adulto mayor, que abarca el cuidado comunitario, institucional y hospitalario, junto a la participación de la familia y  la comunidad, va más allá de ampliar los horizontes de quienes llegan a la tercera edad y extender su esperanza de vida, pues tiene garantías que no son comunes en otros países.

Los beneficios son indiscutibles: A través de la Asistencia Social, el Estado dedica millones de pesos para respaldar el servicio de asistente social a domicilio y prestaciones monetarias en efectivo, entre otros montos destinados a diferentes instituciones y, por otra parte, los pensionados por edad pueden reincorporarse al trabajo y devengar la pensión y el salario, siempre que se incorporen a un cargo diferente al que ocupaban, aunque pueden desempeñarse en su perfil ocupacional, mientras que los jubilados del sector de Educación que se reincorporen a estas funciones en su mismo cargo puedan simultanear la pensión y el salario.

En Sancti Spíritus los más necesitados están amparados en siete hogares de ancianos y nueve casas de abuelos que acogen a unas 1 000 personas y durante los últimos años la mayoría de esas instalaciones han sido rehabilitadas, en busca de elevar la atención y la calidad de vida de quienes reciben estos servicios.

En medio de la COVID-19, como lo explica el doctor Rubén Escalante, especialista en Gerontología y Geriatría y jefe de la Sección del Adulto Mayor en la Dirección Provincial de Salud, la prioridad ha sido para este grupo etario, que es el más vulnerable, por eso fueron los primeros en recibir el medicamento homeopático Prevengho-Vir para prevenir enfermedades gripales y, aun cuando la situación de la pandemia se mantiene controlada, de los hogares de ancianos nadie sale o entra, excepto los trabajadores, y se cumplen las medidas higiénico-sanitarias establecidas.

Hoy en las casas de abuelos del territorio no se oye el ruido del dominó a media mañana, ni el habitual debate de los pacientes para qué canal escoger en la televisión, pero justo después de las once de la mañana ese mundo se activa con familiares o vecinos que buscan el almuerzo y la comida para que sus ancianos se queden en casa.

De igual manera, los 2 168 espirituanos que se mantienen vinculados al Sistema de Atención a la Familia reciben la alimentación en los propios hogares con la ayuda de trabajadores sociales, cederistas, federadas, personal de la Gastronomía y otros sectores como Educación y Deportes.

El problema, dicen muchos de ellos, no es envejecer, porque para la mayoría está garantizada la salud y calidad de vida, se trata de que exista respeto y reconocimiento basados en la educación, la cultura y la solidaridad. “Al envejecer muchas veces tenemos que enfrentar la incertidumbre profesional y social, la desaparición de los afectos y las pocas relaciones con la gente que conocemos”, asegura Juana Conde, una espirituana octogenaria que tuvo la oportunidad de pasar por la Cátedra del Adulto Mayor. Para ella, nada debe tratarse a partir de normativas o regulaciones, sino sobre la base de las posibilidades reales que tienen las personas mayores de acceder a estas y ejercerlas. Lo demás corresponde a la familia porque la fragilidad, discapacidad y dependencia de los adultos mayores conducen a una creciente demanda de atención y protección social y sus cuidados constituyen actualmente una necesidad vital.

No hay que olvidar que 101 441 espirituanos tienen 60 años o más. Ante este escenario, valdría la pena venerar las canas, dejar a un lado estereotipos y no ver esas edades como una etapa de soledad, y sí de crecimiento o cómo piensan muchos, percibirlo como la llegada al mundo del tiempo libre, como ruptura de las obligaciones. Si antes faltó tiempo, ahora sobra. Si antes sobró actividad, ahora falta. En fin, que la repetida calidad de vida para el adulto mayor signifique, además de medicinas y alimentos, un encuentro entre el reconocimiento de sus necesidades y la búsqueda eficaz de su satisfacción.

One comment

  1. El monto monetario de la jubilación es muy bajo, ese número debe establecerse sobre la base del costo de los gastos básicos mensuales. No podemos olvidar que los viejitos y viejitas de hoy fueron las fuerzas productivas de los 60’s, entregaron todo de si tanto en jornadas regulares como en trabajo voluntario. Todo el amor y el respeto para ellos, también la consideración y la retribución.

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