Pacto por la unidad revolucionaria

Hace 62 años se firmó en el poblado de El Pedrero, en Fomento, un pacto de unidad y acción coordinada entre el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, cuyo antecedente directo fue la Carta de México, suscrita por Fidel Castro y José Antonio Echeverría en agosto de 1956

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Fidel y José Antonio suscribieron en México el histórico pacto de unidad entre el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario.

La historia recoge que el lunes primero de diciembre de 1958, bajo el asedio de más de 1 000 soldados del Ejército de Batista y frecuentes bombardeos de la aviación del régimen, se firmó en El Pedrero, en el municipio de Fomento, el pacto de unidad revolucionaria entre el Movimiento 26 de Julio representado por el Comandante Ernesto Che Guevara y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, en la persona de su segundo jefe, el comandante Rolando Cubela (*).

En los años transcurridos desde entonces, la mayor parte de los trabajos publicados sobre el tema sitúan como única motivación de este acuerdo unitario la labor de zapa del titulado II Frente Nacional del Escambray, su sectarismo y agresividad por imponer su predominio a todas las demás fuerzas que luchaban en el lomerío del centro-sur de Cuba, siendo como era el fruto de su disidencia y traición a los postulados de José Antonio Echeverría, el líder máximo de la FEU y del Directorio Revolucionario (DR), surgido a mediados de 1955, que le dio origen.

Llamados a definir el significado y lugar histórico del Pacto del Pedrero, preciso es consignar que, efectivamente, surge en respuesta a la actitud de los cabecillas del II Frente, y ante la necesidad de coordinar las acciones de todas las fuerzas revolucionarias contra la dictadura, pero también, en seguimiento de la línea trazada por Fidel Castro y José Antonio Echeverría en la conocida Carta de México, suscrita por ambos líderes en la capital azteca el 29 de agosto de 1956.

Calificada como el Manifiesto de Montecristi de la Generación del Centenario (**), la Carta de México recogió aspectos puntuales del momento en que vio la luz, como la condena a la injerencia del sátrapa dominicano Rafael Leonidas Trujillo en los asuntos de Cuba y la permisividad hacia esos actos por parte del dictador criollo Fulgencio Batista; pero, en esencia, establecía el compromiso del Movimiento 26 de Julio y el DR de luchar coordinadamente para derrocar la tiranía.

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El líder de la FEU y del DR habla en el acto de desagravio a Mella ante su busto, manchado de pintura negra por manos pérfidas.

ENTRETELONES MUY COMPLEJOS

No es objeto de este trabajo —apremiado por la brevedad del espacio—, el plasmar todas las contradicciones y aristas de que adoleció el movimiento revolucionario cubano en la década de los años 50 del siglo XX, pero sí al menos enunciar algunas de ellas para ilustrar al lector acerca de su gran complejidad. 

Si, por ejemplo, en el 26 de Julio el prestigio de Fidel y su extraordinaria visión política permitieron sortear las diferencias que se presentaban, ello no excluye que existieran diferentes visiones sobre el modo de hacer la guerra, y una muestra de ello fue la sobrevaloración de algunos cuadros como el doctor Faustino Pérez, acerca de la potencialidad de la lucha clandestina en el llano y la huelga general, que, en su criterio, bastaban para derrocar la dictadura. 

Fue el fracaso traumático de la huelga general del 9 de abril de 1958 el que se encargaría de demostrar la tesis de Fidel Castro, líder máximo del “26” de que en Cuba era la lucha armada en las montañas la única capaz de asegurar el triunfo. En el Directorio, en cambio, una concepción similar que se lo jugó todo a la carta del ataque al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957 costó la vida a su líder José Antonio Echeverría y alertó a la nueva dirección de ese movimiento que no era mediante el magnicidio o acciones aisladas que se podría alcanzar la victoria.

Aquel 13 de marzo costó demasiado al Directorio, pues lo privó de sus mejores cuadros. En un costado de la Universidad de La Habana cayó Echeverría peleando contra un auto perseguidor, cuando venía de asaltar la emisora Radio Reloj, por cuyos micrófonos difundió un manifiesto que daba cuenta de lo de Palacio y llamaba al pueblo a la lucha.

Pero es que las pérdidas de ese día no se limitaron solo a Manzanita —como también le decían—, porque en los predios de la madriguera del tirano cayeron hombres valiosos como Carlos Gutiérrez Menoyo, Menelao Mora Morales y José Luis Gómez Wangüemert. A falta de Manzanita, Fructuoso Rodríguez, también con grandes méritos, asumió la secretaría general del Directorio.

De inmediato, Fructuoso convocó en una casa de seguridad a los compañeros de la dirección para analizar el revés y elaborar un documento dirigido al pueblo, así como otro contentivo de las medidas adoptadas para castigar a los responsables del fracaso de la acción de Palacio. En ese encuentro se decide continuar la lucha y una disposición capital: apoyar a Fidel y su frente guerrillero de la Sierra Maestra abriendo uno nuevo en las montañas de Guamuhaya.

Pero las desgracias tampoco esta vez vinieron solas, y el 20 de abril, un mes y siete días después del asalto al cubil del tirano, y por una delación, un contingente policial sorprendió y asesinó en un apartamento de la calle Humboldt No. 7, a Fructuoso Rodríguez, Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado Rodríguez y Joe Westbrook Rosales, todos sobrevivientes del intento de ajusticiamiento a Batista.

En medio de una fiera persecución por parte de los cuerpos represivos, se hace una nueva reunión y Faure Chomón Mediavilla asume como nuevo secretario general. A pesar de la profusa pérdida de cuadros de primer nivel, el Directorio reinicia acciones contra el régimen, como la ejecución de esbirros y el asalto a una estación de Policía llevado a cabo por Gustavo Machín Hoed de Beche y Raúl Díaz Argüelles, entre otras.

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A Faure Chomón le correspondió asumir la secretaría general del Directorio después del asesinato de Fructuoso Rodríguez.

¿EL ORIGEN DEL MAL?  

En virtud de un gran esfuerzo en La Habana, así como a través de cuadros nacionales como el médico Humberto Castelló, quien viaja frecuentemente a Santa Clara y Sancti Spíritus, para coordinar allí la apertura del frente guerrillero con Ramón Pando Ferrer y Enrique Villegas (***), se logra establecer el primer grupo armado de lo que será el II Frente Nacional del Escambray, que no tarda en librar los primeros combates, en uno de los cuales es herido mortalmente Pando.

Pero en La Habana la lucha sigue y se incrementa, caen valiosos compañeros. Al Escambray han sido movilizados cuadros de segunda y tercera filas, como Eloy Gutiérrez Menoyo, quien se rodea de individuos como el norteamericano agente CIA William Morgan, Jesús Carreras y otros de su calaña. Para entonces, Plinio Prieto, agente de Eloy, ha pactado en Estados Unidos con la llamada Organización Auténtica (OA), del expresidente Carlos Prío.

Chomón, entretanto, viaja a Miami con el propósito de traer una expedición con armas y municiones, pues las que tenía en depósito el Directorio en distintos escondrijos en La Habana habían sido —delaciones mediante— ocupadas por la policía. Esos medios se necesitaban de forma perentoria para el frente de lucha que se gestaba en el Escambray y para continuar las acciones en la capital.

Las gestiones del nuevo secretario general del DR-13-M en EE. UU. dan sus frutos, ya que, con la ayuda de los revolucionarios radicados, allí logra reunir un notable cargamento. El resto es conocido, pues el 31 de enero de 1958 salen Chomón y sus compañeros hacia Cuba con su expedición en el yate Scapade, del que luego en Bahamas se trasladan a la goleta San Rafael, para finalmente desembarcar por Nuevitas desde el yate Yalovén. Partiendo de este punto y tras muchas peripecias arriban al Escambray la noche del 13 de febrero del 58, fecha oficial de apertura del Frente.

No bien llegado a Guamuhaya, Faure se percata de la actitud divisionista y sectaria de Eloy Gutiérrez Menoyo y su entorno, integrado también por Armando Fleites —miembro de la expedición—, el “Negro” Vargas, “El Argelino” y otros elementos. Después de agrias y explosivas discusiones, ocurre la expulsión de Menoyo, quien se lleva parte de las armas del alijo, así como la mayoría de los hombres, usurpando de paso el nombre de II Frente Nacional del Escambray.

En lo adelante, esa fuerza, capitaneada por jefes renegados del Directorio, se repliega hacia el suroeste y el noroeste del Escambray, desde donde provoca constantes incidentes con los combatientes del 13 de Marzo y con los del Movimiento 26 de Julio, encabezados por Víctor Bordón, a muchos de cuyos hombres llega a desarmar y hasta aprisionar.  

Luego, desde el momento mismo del arribo del Che y su Columna Invasora No. 8 a la cordillera escambraica, el 16 de octubre de 1958, y aún en el trayecto, le llegaron muestras concretas de la hostilidad del grupo disidente, el que pretendía erigirse en amo y señor del lomerío.

Pese a los buenos oficios del Che, quien traía de la Sierra Maestra una misión de unidad encomendada por Fidel Castro, no solo no pudo reconciliar al Directorio con el II Frente, sino que él mismo y su tropa fueron objeto de los desafueros y desmanes de la gente de Menoyo. Por eso, a fines de noviembre de 1958 y en vísperas de la ofensiva final contra el régimen, el argentino y Chomón vieron la necesidad de poner en blanco y negro los términos de su alianza, y el primero de diciembre surge el Pacto del Pedrero, al que se suma el día 9 el Partido Socialista Popular.

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Los errores de Menoyo dieron muchos dolores de cabeza en la lucha contra Batista en las montañas del Escambray.

POSDATA

La alianza de las tres fuerzas consignadas convenció al II Frente de que no le quedaba otro camino que coordinar sus acciones con ellas, bajo la dirección general del Comandante Guevara, pues estaba en inferioridad material y numérica, sin contar el factor político.

Queda en suspenso la definición acerca de los motivos del fracaso del asalto a Palacio, que los dirigentes del DR-13 de Marzo atribuyeron siempre a la traición que impidió participar en la acción al grupo de refuerzo, dotado con una misión decisiva y las mejores armas (****). Luego estaría valorar los efectos de la pérdida de cuadros muy valiosos, como Echeverría, Fructuoso y Carlos Gutiérrez Menoyo, porque en el II Frente, capitaneado por una persona ambiciosa y voluble como Eloy, no todos aceptaban la dirección de Faure, tercero o cuarto en la línea de sucesión del movimiento.

(*) Mas tarde traicionó los ideales revolucionarios y cumplió prisión.

(**) Documento programático de la Guerra Necesaria, firmado en República Dominicana por José Martí y Máximo Gómez el primero de abril de 1895.

(***) Caído el 25 de enero de 1958 cerca de Güinía durante la preparación del Frente.

(****) Sus integrantes, no habaneros, se perdieron en las calles y no encontraron los vehículos donde les esperaba el armamento pesado. Ellos debían neutralizar la guarnición de Palacio disparándole desde las azoteas de edificios circundantes.

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