Presidente de Cuba resalta legado internacionalista de Máximo Gómez

En su cuenta de Twitter Díaz-Canel escribió: “Un soldado leal cuyo legado de patriotismo e internacionalismo está muy presente en nuestros patrios valores”

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El 17 de junio de 1905, el Generalísimo Máximo Gómez Báez fallecía en la casona de 5ta. y D, en el Vedado.

El presidente, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, destacó este miércoles el legado internacionalista del general en jefe Máximo Gómez, de origen dominicano y uno de los líderes de las guerras independentistas contra el colonialismo español en Cuba.

En su cuenta de twitter, el primer mandatario escribió: “Un soldado leal cuyo legado de patriotismo e internacionalismo está muy presente en nuestros patrios valores”.

En un artículo en el periódico Granma, el presidente del Instituto de Historia de Cuba, Yoel Cordoví, recordó las circunstancias de su muerte sometido a agotadoras jornadas para evitar la reelección de Tomás Estrada Palma, el primer mandatario del país tras el establecimiento de la República con soberanía limitada (dependiente de Estados Unidos).

Pocos días antes, había sido trasladado por la familia hacia La Habana, procedente de la provincia oriental de Santiago de Cuba  donde realizaba acciones con la membresía del Partido Liberal.

Según Clemencia Báez, primogénita de la familia Gómez-Toro, hasta sus últimas horas su padre pensó y vivió la política cubana, en busca de reorganizarla y encauzarla en correspondencia con lo dispuesto en el Manifiesto de Montecristi, que firmó junto al héroe nacional José Martí poco antes de zarpar hacia Cuba.

El Generalísimo, como es conocido entre los cubanos, nació el 18 de noviembre de 1836 en Baní, República Dominicana, y en 1865 se estableció en Cuba con su familia donde se sumó a la gesta independentista iniciada por Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868.

Su destreza como estratega militar quedó demostrada tanto en la Guerra de los Diez Años (1868-1878) como en la Guerra de 1895 o necesaria (como la denominó Martí), cuando ocupó las más altas responsabilidades dentro del Ejército Libertador de Cuba.

Según los historiadores, desafió la muerte en más de 235 combates sin sufrir más que dos heridas y que, a la postre, murió en su cama, fulminado por una septicemia, a los 69 años de edad.

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