Rusia, el Día de la Victoria (+fotos)

En tiempos cuando lo mismo Europa que el Caribe se enfrentan a un enemigo común: la COVID-19, desde Rusia llegan reportes sobre la celebración del aniversario 75 de la Victoria sobre el fascismo alemán

rusia, gran guerra patria, victoria sobre el fascismo
Rusia celebró este 9 de mayo el aniversario 75 de la Victoria sobre la Alemania nazi en la Gran Guerra Patria.

Cuando un coronavirus todavía sin nombre andaba ya circulando por Wuhan, China, sin que el mundo tuviera conocimiento de ello, Olga Erikovna Grishina establecía sus primeros contactos conmigo a través de internet.

Profesora guía de nuestro grupo, compuesto por una treintena de estudiantes extranjeros, entre ellos 11 cubanos, recuerda con añoranza los años entre 1978 y 1983, cuando la Universidad Estatal de Simferópol, en la península de Crimea, comenzó a teñirse de colores e idiomas, y a ser marcada, en particular, por la idiosincrasia de la tierra de Martí y de Fidel.

El 31 de diciembre sostuvimos una plática larga y el pasado 9 de mayo entablamos una nueva conversación. Era mediodía en Cuba cuando ella dejó, por unos instantes, la charla. En toda Rusia —nación a la que Crimea, luego de pertenecer por décadas a Ucrania, se anexó en abril de 2014— se celebraba el aniversario 75 de la Victoria sobre el fascismo alemán. Esta vez, desde el aislamiento en casa.

 “Seguramente allá es muy tarde y usted tiene que irse a dormir”, le escribí, a modo de disculpa, luego de evocar los hermosos desfiles que se nos hacían habituales en esa fecha. Lo que dijo a continuación me paralizó: “No, son las 7:03 P.M. Es que tuvimos ahora un minuto de silencio. Y en estos momentos todo el país salió a los balcones o abrió las ventanas; cantamos “Deñ Pobedy” (El Día de la Victoria, en ruso). Así nuestro pueblo demuestra su unidad incluso en las difíciles circunstancias de la cuarentena”.

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A pesar del régimen de autoaislamiento, los habitantes de Crimea acudieron ante la Llama Eterna a colocar flores en memoria de los caídos. (Cortesía de Olga Erikovna Grishina)

Después resumiría: “La celebración resultó inusual, pero será recordada por todos. Vencimos en la guerra; venceremos al coronavirus”, no sin que antes yo le recomendara cuidar mucho a los médicos de casa, que son el esposo y el hijo, ambos enrolados en la atención a los enfermos de la COVID-19.

Olga Erikovna me comentó sobre los múltiples textos y videos de allá que abordan la épica contienda. Algunos de los que he visto en Rusia Today rectifican, incluso, cierta tendencia a minimizar el colosal esfuerzo de las tropas soviéticas, mientras se ensalzan otros ejércitos cuya contribución resultó mucho menos determinante.

Jubilada, con dos hijos y cinco nietos, la profesora reúne materiales sobre episodios de la Gran Guerra Patria que involucraron a sus antecesores. Cuando su madre María era viva, dice, no le gustaba recordar el tema y rara vez hablaba al respecto. “Cierta vez refirió que su historia estaba descrita en la novela Los atardeceres son aquí apacibles. Así supimos que había combatido como francotiradora en dirección a Kirovskoe. Se fue al frente con 17 años”.

Sobre el abuelo paterno, Konstantín, quien defendió Moscú, saben muy poco. Solo que estaba en la milicia y que en 1945 murió en el hospital como consecuencia de una herida. Pero el abuelo tenía un amigo con quien combatió en el frente, y que con 95 años aún vive en Alushta, a la orilla del Mar Negro, no lejos de Simferópol. “Fue a la guerra, lo hirieron y perdió una pierna. Se llama Mocín Alexey Vasílevich, está muy lúcido”.

Lo llamó para felicitarlo, narra, y él le envió un video y una foto. Su relato prosigue ya el lunes, 11 de mayo. Me agradece la cercanía, a través de internet, en la celebración de la fecha de mayor relevancia que hayan tenido nunca, antes y después de la URSS; el haber compartido la aflicción y el orgullo.

Escribo mi crónica, pero el timbre del teléfono me interrumpe. Es Natasha a través de Watssap. Increíble cómo una cosa ha llevado a la otra. Mi amiga desde los años estudiantiles cuenta también: “Por primera vez no tuvimos desfile, sin embargo, eso ayudó a que cada quien ahondara más en sus historias familiares. Mi hija Nastia, desde Canadá, nos pidió detalles. Acá absolutamente cada familia perdió a alguien en la guerra; nosotros, a mis dos abuelos”.

Que hay miles de muertos sin tumbas; que de algunos a 75 años del fin de la guerra no se conocen las circunstancias de su muerte; que en aquellas “carnicerías” llamadas combates los soldados no tenían adónde escribir porque las ciudades y aldeas estaban ocupadas por los nazis; que en los últimos tiempos en cada lugar desfila, cada vez, el Regimiento de los Inmortales, en grandes pancartas con fotografías, portadas por sus familiares.

“Lo que más me gustó de este 9 de Mayo fue que cada quien vivió su historia a lo íntimo del hogar. Colocamos los retratos de nuestros muertos tras los cristales, en las ventanas; engalanamos calles y balcones. Los homenajes fueron llevados a las casas y hubo conciertos para los veteranos de la guerra. Con equipos pesados subieron a los músicos allá a lo alto, y desde ahí les cantaron. Todo el mundo lloró, todos lloramos cada año en esta fecha”. Ella cuenta y acá, también yo lloro.

Por una vez un virus letal nos hace hablar el mismo idioma. Por una vez todos tenemos iguales añoranzas, idénticas medidas y preocupaciones. Esta historia no es más que la certeza de una gran verdad: las grandes proezas de los pueblos no se olvidan, por mucho que los años pasen y las adversidades se acrecienten. Cuba y Rusia estuvieron este 9 de Mayo, Día de la Victoria, unidas en medio de una pandemia por un coronavirus.

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Mocín Alexey Vasílevich perdió una pierna en la Gran Guerra Patria. Con 95 años, celebró este nuevo Día de la Victoria. (Cortesía de Olga Erikovna Grishina)

One comment

  1. Delia Rosa Proenza Barzaga

    Algunas historias se quedaron fuera, como la del padre de Olga, Erik Konstantinovich Pokrovsky, quien siendo un adolescente quedó huérfano primero de padre, por causa de la guerra, y luego de madre. Cursó estudios en una escuela de artillería y comenzó a trabajar en el Komsomol, luego en el Partido Comunista. Llegó a ser una personalidad legendaria en Crimea y fue condecorado tres veces con la Orden del Trabajo Bandera Roja; también con la del Sello del Honor.
    Elegido muchas veces diputado del Soviet Supremo a la URSS, ese señor carismático y afable nos atendió directamente a nuestra llegada a la capital de Crimea…lo recordamos, y era hijo de un soldado que ayudó a salvar al mundo.

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