Un maestro espirituano de la ortopedia en Qatar

Con varias misiones en su haber, el doctor Ángel Pozas sostiene que ‘La medicina de nosotros es diferente. El principio tuyo es ayudar estés donde estés, porque en eso te formaste’.

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En opinión de Pozas, la medicina es una sola pero no se ejerce de la misma forma en todas partes del mundo. (Foto: Cortesía del entrevistado)

La puerta se abre y el director médico del hospital cubano en Dukhan dice con respeto: “aquí está el profe”, tras lo cual un hombre ágil y con sonrisa campechana extiende su mano; es el doctor espirituano Ángel Néstor Pozas Gutiérrez, especialista en Ortopedia.

Ya me había llegado la información de sus múltiples misiones en la región de África y Medio Oriente, pero muy pronto entendería que el trato de profesor no lo lleva solo por su cabello que ya comienza a blanquear, títulos o su condición de docente.

No espera la entrevistadora, y no imagina el entrevistado, que a la par de escuchar acerca de experiencias médicas, el diálogo devendrá en una verdadera clase de geopolítica y de la vida en su sentido más amplio.

He tenido suerte en hallar un pequeño espacio en su agenda del día, luego de la entrevista saldrá al salón para operar así que he prometido ser breve; y él, práctico y desenvuelto, comienza sin necesidad de preguntas.

Es profesional de la salud desde 1983 y se desempeña como ortopédico desde 1986. En 1992 fue su primera misión internacionalista en Angola, un país al cual tantos cubanos han aportado.

‘Llegué en el período inmediato de postguerra’, dijo refiriéndose a la guerra civil angoleña que, con períodos intercalados de paz, se extendió hasta 2002 (1975-1991, 1992-1994, 1998-2002).

‘Aquello estaba destruido’, comenta, e inmediatamente explicó que trabajó en la provincia de Lunda Norte, en un hospital donde, además de los antillanos, había médicos angoleños, rusos, un ecuatoriano y un uruguayo.

‘Fuimos los primeros cubanos en llegar, un grupo de cuatro, y después otro de siete. Hicimos una brigada de once médicos, bastante completa, entre ortopédicos, anestesista, clínico, cirujano’, indicó.

‘Las condiciones de trabajo eran agrestes. El salón de operaciones no tenía aire acondicionado, los instrumentos de trabajo eran rudimentarios’, detalló.

La jornada laboral resultaba extenuante, ‘dos ortopédicos no dábamos abasto’. Operaban todos los días, generalmente tres casos grandes en la mañana, y cuando llegaba la tarde, dadas las condiciones, estaban exhaustos.

Vio las secuelas de la guerra, y por hallarse en la frontera con Zaire (actual República Popular del Congo), también llegaban muchos heridos a causa del tráfico de diamantes.

Asimismo, aseguró, en esa región estallaban conflictos constantemente, ya que aunque la guerra había concluido oficialmente, ‘todos andaban armados’.

Luego de seis meses tuvo que regresar a Cuba; fue el período de las elecciones generales que no desembocarían en una conciliación nacional como se esperaba, sino que tras la victoria de José Eduardo dos Santos, del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), las hostilidades se reanudaron primero en la capital, y luego en el resto de esa nación austral africana.

‘Se evacuaron los cubanos y solo quedó la colaboración de Luanda’, señaló Pozas, para quien dos cosas le dejó esta primera experiencia fuera de la tierra natal: conocer la pobreza de África y el cariño de los angoleños hacia los caribeños.

La experiencia en Sudáfrica fue diferente, pese a tener mucho trabajo por igual debido a accidentes o la violencia interna, pero no le tocó esa vez enfrentarse a los vestigios de la guerra, sino a las consecuencias del sistema de segregación racial o apartheid, en vigor hasta 1992.

Allí prestó servicios entre 1996 y 1999, ‘Mandela llevaba poco tiempo en el poder, el ambiente era desfavorable a los cubanos’, comentó.

De acuerdo con el avezado ortopédico, les costó insertarse, y no percibió la misma expresión de agradecimiento.

‘Había un grupo de médicos blancos sudafricanos reaccionarios, opuestos a la presencia de la misión cubana’, recordó y agregó que en el hospital regional en el que se hallaba, compartía faena con uno de ellos, graduado en Ámsterdam, quien se mostraba continuamente en desacuerdo con sus opiniones.

‘Al pasar los meses cambió, y al irme de Sudáfrica ese hombre era mi amigo y no solo mío, sino del resto de los cubanos’, añadió con orgullo.

Al igual que otros tantos formados en la Mayor de las Antillas, Néstor Pozas tuvo la oportunidad de demostrar dominio de su disciplina y profesionalidad, y ganar así prestigio y estima.

Aquel período le legó superación profesional, porque Sudáfrica ‘es un país con muchos recursos y nivel de medicina muy alto. Chocamos con instrumental que no conocíamos, y el idioma inglés, que no hablábamos mucho’, observó.

Yemen, en tanto, marcó la primera incursión en el mundo árabe para el espirituano, quien al arribar en 2008 palpó las desavenencias entre el norte y sur de ese país.

A pesar de que ambos polos se habían unificado en un solo Estado desde el 22 de mayo de 1990, con Ali Abdullah Saleh como presidente, el histórico conflicto entre sur y norte, sunitas y chiitas, no dejaría de ser preocupación.

Precisamente hoy esa divergencia, alimentada por el estallido de la guerra en 2014 luego de que Saleh se viera obligado a abandonar el poder, y la intervención de potencias foráneas de un bando y otro, es lo que mantiene a Yemen en una situación que ha sido calificada por Naciones Unidas como la peor catástrofe humanitaria del mundo.

Pozas describe que cuando llegó a esa nación de la Península Arábiga y se estableció en el hospital central de Saná, la colaboración cubana había estado presente en el sur del país desde hacía más de 30 años.

‘Mucha violencia entre ellos, los que hoy están en el poder antes eran rebeldes opuestos al gobierno de Ali Abdullah Saleh (1990-2012)’, precisó.

Según el doctor, durante los tres años que estuvo en Yemen, atendió principalmente a heridos de guerra, sin embargo nunca se sintió en peligro.

‘Vivíamos en un condominio en la capital, que era militar. Podías caminar Saná a cualquier hora del día que contigo no se metía nadie. Además, como en Namibia, el cubano en Yemen es muy querido’, enfatizó.

Como dato curioso, argumenta que el entonces presidente Ali Abdullah Saleh (1947-2017) era atendido por la brigada médica cubana. ‘Yo lo infiltré varias veces por una tendinitis en el codo’, dijo y recordó que Saleh es amigo personal del colega Rodrigo Álvarez Cambra, cirujano ortopédico cubano reconocido a nivel nacional e internacional por sus diversos aportes al perfeccionamiento de la técnica de la ortopedia y el proceso de rehabilitación.

Para Pozas uno de sus logros en esa misión en Yemen fue el haber aprendido árabe, conocimiento que le ha resultado útil en su actual misión en Qatar, aunque aquí, acota, tiene la ventaja de que muchos hablan inglés.

Pero antes de llegar al emirato tuvo otra experiencia como internacionalista, la mejor de todas a su juicio pues se trata del país donde ‘más quieren a los cubanos en África’.

En Namibia estuvo entre 2013 y 2016, y rememora que allá vive un villaclareño muy admirado y respetado pues salvó a un grupo de namibios en la masacre de Cassinga, genocidio perpetrado el 4 de mayo de 1978 por una unidad helitransportada sudafricana contra un campamento de refugiados, con saldo de 650 muertos y más de 350 heridos, la mayoría mujeres y niños.

Este señor, cuenta, al que ellos le dicen ‘el primo’, era cocinero de una unidad cubana. Los escondió en unas trincheras y después los llevó a Cuba donde estudiaron y se hicieron abogados, ingenieros y en la actualidad ocupan lugares claves dentro del gobierno namibio o en la administración de empresas.

Pozas exaltó la gran amistad que une al líder namibio Sam Nujoma (luchador anti-apartheid, presidente del país de 1990 a 2005) con Cuba, a la cual defiende ‘a capa y espada’.

En el presente, la incuestionable experticia de Néstor Pozas enriquece al hospital de cubanos radicado en Qatar, a donde llegó en abril de 2018.

‘Un hospital bonito, con alta tecnología, desarrollo científico muy elevado, aquí encuentro en mi especialidad lo último que existe en el mundo para trabajar’, apunta como ventaja.

También el hecho de que todo el personal es cubano, usualmente la presencia en entidades sanitarias en el exterior se limita a pequeñas brigadas, observó.

Al ser interrogado por un denominador común en todos sus acometidas lejos del hogar, señala el aprendizaje, en tanto cada misión constituye una oportunidad para instruirse: ‘en este país aprendes de tecnología, en otros de la vida, de las costumbres, el idioma’.

En su opinión, la medicina es una sola pero no se ejerce de la misma forma en todas partes del mundo, se aprenden soluciones de acuerdo a las exigencias del lugar. De ahí que ratifique que ‘donde quiera que pases es una escuela’.

No obstante, los valores aprehendidos no cambian, van con el médico doquiera que vaya.

‘La medicina de nosotros es diferente. Nos formamos en una escuela donde lo primero es el paciente, hay otros lugares donde no es así, donde lo primario es la ganancia que tú obtengas de ese paciente. Eso a veces choca mucho. Pero el principio tuyo es ayudar estés donde estés, porque en eso te formaste’, explicó.

Tan lleno de vivencias, ejemplifica con una anécdota de cuando estaba en Namibia y ‘en un temporal voló una plancha y le cortó el brazo a una niña. Llega al hospital y no aparecía la sangre para ella. Me ofrecí porque soy O negativo, al final llegó un pariente y no tuve que donar’.

Independiente al matiz económico que pueda haber adquirido la medicina en el orbe, e incluso las misiones médicas en específico en comparación con unas décadas atrás, Néstor Pozas insiste en que los principios no pueden cambiar. Si bien la motivación material es completamente justificable y válida, la máxima es sanar y salvar vidas, es algo que en él, quien ha transitado de los escenarios más complejos a los menos, se advierte indispensable pese al decursar del tiempo y las nuevas visiones y valores que su paso implica.

Ya han pasado varias décadas desde que comenzó su labor como médico, no obstante garantiza que mientras pueda operar estará en el ortopédico, y aún después, seguirá impartiendo clases.

¿Qué es lo que aconseja a sus discípulos más allá de la teoría y la práctica médicas? Justamente ‘que no pierdan esos valores humanos’, responde.

La expresión en el rostro del hombre jovial, de sonrisa campechana y palabra fácil ha cambiado, se saca los lentes y los seca en silencio; y la entrevistadora, aunque quisiera hacer más preguntas considera que el profe lo ha dicho todo, y apaga la grabadora.

(Por Susana Alfonso Tamayo, Corresponsal de Prensa Latina en Qatar)

8 comentarios

  1. Pablo José Tomé

    Muchas felicidades Pozas

  2. Extraordinario galeno, muy querido y respetado por los espirituanos, Felicidades y sigue así entregando tus coocimientos en bien de la ortopedia. Xiomara Alsina

  3. Maria del Carmen Echevarria Gomez

    Felicidades Dr Pozo, siga cosechando glorias y sonrisas en sus pacientes, que lo recuerdan y bendicen. Mi madre querida cumple 94 años el proximo 9, con plenitud de capacidades, gracias a su pericia y su amor incondicional por la ortopedia. Un abrazo desde Cuba en nombre de Apolonia

  4. Arturo Puga García

    Felicidades por tus resultados, desde tierras venezolanas te mando un saludo y mis mayores afectos para que sigas cosechando exitos para la medicina cubana, un abrazo de tu compañero de curso. Puga

  5. Ángel Nestor Pozas Gutiérrez

    Gracias por ese cariño y confianza, los quiero

  6. Mary Luz Borrego

    Doctor Pozas, felicidades por continuar siendo el maestro de la ortopedia que es donde quiera que esté. Sus pacientes de Sancti Spíritus lo esperamos a su regreso. Saludos, Mary Luz Borrego.

    • Miguel Rodriguez Vazquez

      Felicidades, gran alegria por tus exitos. Familia y amigos viven orgullosos de tu incondicionalidad. Un gran abrazo

      MIKI

      • Yusneivy Rojas

        Felicidades Dr por sus éxitos después de tanto esfuerzo y dedicación. Que Dios le bendiga siempre… Gracias hoy y siempre por ayudar a personas que como yo estuvimos en sus manos en un salón de operaciones y nos devolvió la alegría… Mis respetos

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