Velas de cumpleaños para el patrimonio espirituano

El proyecto Buen aniversario apuesta por fomentar el amor por la conservación de inmuebles de trascendencia para la ciudad de Sancti Spíritus

La actual Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena resulta la construcción más lujosa y majestuosa de la urbe del Yayabo. (Fotos: Vicente Brito / Escambray)
La actual Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena resulta la construcción más lujosa y majestuosa de la urbe del Yayabo. (Fotos: Vicente Brito / Escambray)

Cuando se cumplen años no son pocas las personas que “echan por la ventana” hasta los más mínimos ahorros para celebrar por todo lo alto, junto a amistades y familiares. Es el momento exacto para evaluar lo logrado hasta ese instante y plantearse proyectos.

Precisamente, bajo los preceptos de esa tradición que no entiende de cambios de moda, ni de contextos globalizados, María Antonieta Jiménez Margolles (Ñeñeca), historiadora de la ciudad de Sancti Spíritus, gestó el proyecto Buen aniversario, a fin de festejar el cumpleaños de inmuebles con trascendencia para la urbe y para quienes coexistimos en sus callejuelas, recodos y viviendas.

“Se me ocurre como necesidad de divulgar la historia de los locales y motivar a los usufructuarios a que hagan acciones de embellecimiento y remodelación en los edificios, no solo por el advenimiento del cumpleaños, sino que lo asuman como cultura porque hablamos de una de las ciudades más antiguas de Cuba”, dice quien defiende a capa y espada el patrimonio de la villa que le vio nacer.

Gracias a esa idea ya se han celebrado varias fiestas con todos los bombos y platillos que exige un onomástico, a las cuales se han sumado varias generaciones de yayaberos, quienes han aprendido mucho más de esas edificaciones con las que chocan sus ojos diariamente.

I

La llegada de los 270 años de la casona ubicada en Céspedes 21, esquina Boquete de El Coco (Calle Ernesto Valdés Muñoz), hoy sede de la filial espirituana de la Sociedad Cultural José Martí, motivó el primer encuentro.

La casona, erigida para ser habitada por el francés Pedro Perei del Rey y su esposa doña Catalina Companioni, descendiente de un emigrante de Francia, no conserva totalmente el techo de armadura del siglo XVIII porque sufre secuelas de acciones constructivas que provocaron la pérdida del martillo de la edificación. Mas, en el interior sí se pueden admirar sus dos primeras crujías intactas y su fachada, así diversos componentes que delatan sus valores arquitectónicos.

La sede de la filial espirituana de la Sociedad Cultural José Martí es una de las edificaciones más longevas que sobreviven en Sancti Spíritus.
La sede de la filial espirituana de la Sociedad Cultural José Martí es una de las edificaciones más longevas que sobreviven en Sancti Spíritus.

“Ese lugar estuvo estrechamente vinculado a la cultura de la villa ya que uno de los descendientes del matrimonio fue el primer organista de la parroquial Mayor, en una de sus habitaciones estuvo la primera biblioteca privada sobre la que se tiene referencia hasta estos momentos y doña Catalina donó recursos para fortalecer el proceso de enseñanza de esa época”, alega Ñeñeca, quien conoce como la palma de sus manos la historia de los inmuebles de la urbe.

Ya acomodado el siglo XX, en la céntrica esquina se instaló la rutina de instalaciones del sector del servicio y comercio. La última conocida, sobre todo por mantenerse fresca en la memoria popular, fue la tienda 210, la cual contaba con un pequeño bar, donde a Rafael Gómez Mayea, Teofilito, se le veía, asiduamente, entonar por horas sus melodías, acompañado de los aplausos de quienes pasaban por el sitio.

Desde hace varios años, arropada de un traje amarillo, con grandes ventanas con balaustres de madera pintada de azul, ofrece la bienvenida a varios de los sucesos culturales de mayor importancia de Sancti Spíritus.

II

A unos cuantos metros de ahí, en el corazón del Consejo Popular de Garaita, se escuchó la melodía de cumpleaños feliz. En uno de los pasillos de la escuela primaria Serafín Sánchez Valdivia, junto a gran parte de su alumnado, docentes y la comunidad, el 12 de octubre pasado hubo una sui géneris fiesta. Por vez primera se le cantaba a una escuela por el simple hecho de arribar a su aniversario 63. En sus papeles no hay dudas: es el único centro erigido con el objeto social que aún mantiene.

“Fue edificado como parte de un plan de construcciones del entonces presidente Fulgencio Batista. Muchas personas nos cuestionaron si estábamos reconociendo una idea de un hombre que tanto daño le hizo al pueblo de Cuba, pero como en el resto de la época de la República de 1902-1958, se materializaron obras que, aunque fueron resultado de la explotación a los hombres y mujeres de ese tiempo, tienen valores indiscutibles y que merecen que se conserven”, añadió la Historiadora de la ciudad.

La escuela primaria Serafín Sánchez es el único centro escolar que se mantiene, desde sus orígenes, con ese objeto social.
La escuela primaria Serafín Sánchez es el único centro escolar que se mantiene, desde sus orígenes, con ese objeto social.

El inmueble, edificado en 2 740 metros cuadrados, cedido por Román García, agrupó en los primeros años varios centros. Tras el triunfo revolucionario cambió el nombre de Aurelio Fernández Concheso por el de Serafín Sánchez Valdivia y se convirtió en seminternado en el curso 1975-1976.

“Tiene grado de protección I y pensamos proponerlo para que se le otorgue la condición de Monumento Local, porque es de los mejores exponentes de la arquitectura moderna de la parte civil de la ciudad”, asegura Ñeñeca.

III

Si de historia y permanencia se habla —a pesar del accionar irresponsable de mujeres y hombres, quienes en ocasiones sin querer provocan laceraciones al patrimonio—, la Plaza del Mercado se lleva el primer galardón. Sus orígenes se remontan a 121 años atrás, siempre con el mismo objeto social.

Escondido entre los ajetreos del comercio y la vida cotidiana, ese inmueble, complejo de mantener con todos los “brillos” que merece por el constante ir y venir de la actividad que en él se suscita, ha sido testigo de parte de la evolución mercantil de la urbe.

“Está ubicada en un área que tuvo otros destinos. Pero desde que se erigió como Plaza, el 27 de noviembre de 1898, se conserva como hoy la conocemos. Lamentablemente no se hizo con buenos materiales, por lo que ha sido objeto de varias y necesarias remodelaciones”, explica la experta.

Sin embargo, sí se conserva toda la fachada y estructura original, por lo que mantener su función primigenia le otorga un valor agregado que obliga a los espirituanos a asumirla como una de las muestras más auténticas de nuestro patrimonio.

IV

Al cumpleaños 100 de Villa Conchita, sede del Hogar de Niños sin Amparo Familiar no le faltó ni la piñata. Quienes en ella se cobijan disfrutaron a plenitud de la celebración que honró a una de las construcciones más lujosas de Sancti Spíritus.

Hija del proyecto de crecimiento hacia el norte que experimentó la urbe en el siglo XX, en el cual se incluía la prolongación de las calles Independencia y Máximo Gómez, así como la construcción de un paseo con árboles, bancos y faroles —lo que hoy conocemos como Paseo Norte— la casona perteneció a la propietaria María de la Concepción Hernández y Rodríguez Venegas, conocida como Conchita y nieta por línea paterna del Conde de Villamar.

Recorrerla es deleitarse con su marcado valor arquitectónico ya que constituye un conjunto ecléctico con presencia de mármoles, azulejos y mosaicos de llamativos colores, piedra, yeso y técnicas similares al ferrocemento. Esculturas, fuentes, zócalos, pavimentos, bancos y jardineras adornan el sitio que tiene como añadido una pérgola conformada por columnas corintias.

 “Esta edificación luego pasó a manos de Anunciación Palacio Hernández, sobrina de Conchita, quien en la década del 70 emigró del país. Entonces se usó como hogar para embarazadas y desde octubre de 1985 funge como lo que hoy todos conocemos”, acota Jiménez Margolles.

V

La más bella, lujosa y majestuosa de todas las edificaciones espirituanas le ofrece la bienvenida a quienes llegan hasta el parque Serafín Sánchez Valdivia.

De estilo neoclásico evidentemente visible en sus dos pisos, la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena nació hace 90 años, gracias al arquitecto espirituano Alberto Luis Mendigutía Silvera, al maestro de obras Pepe Trelles y al impulso de Félix García Rodríguez, presidente de la Sociedad El Progreso, durante su primer lustro.

Dos años después de haber colocado la primera piedra, justamente el último día de 1929 abrió sus puertas con una celebración que dejó a la burguesía boquiabierta por el lujo y el buen gusto.

“Intentó alimentar los espíritus de quienes integraban las élites de la sociedad porque a sus diversas actividades no podían acercarse ni los pobres ni las personas negras. Es por ello que Fidel Castro utilizó el local para su primera alocución al pueblo espirituano. De esa forma, demostró que en Cuba, a partir de ese momento, tendrían todas las personas las mismas oportunidades”, expresa Jiménez Margolles.

En su interior se resguardan importantes colecciones de disímiles géneros, en tanto ha sido testigo de significativos acontecimientos de la ciudad.

“Por cumplir años el propio 31 de diciembre no se celebró como en el resto, ya que es una jornada complicada. Mas, durante varios días el colectivo de la institución intencionó acciones, donde se recordó el aniversario. Hoy esa belleza presenta grado de protección uno y aunque se conserva muy bien, gracias al quehacer constante de sus trabajadores, próximamente recibirá una intervención constructiva profunda”, concluye la especialista.

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