Zafra pesquera en la Zaza

Los pescadores espirituanos se enfrentan a duras jornadas para sacar la mayor cantidad posible de peces de la Zaza, un embalse que se mantiene en niveles muy bajos, a pesar de las recientes precipitaciones

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Los pescadores espirituanos capturan entre 13 y 15 toneladas de carpas, tilapias, labedos o clarias diariamente. (Foto: Oscar Alfonso/ Escambray)

Desde hace meses la presa Zaza está con su barriga casi vacía por la falta de lluvias y con una biomasa acumulada que mantiene en vilo a los pescadores espirituanos, esos que cada día amanecen en el agua halando botes repletos de peces que luego envían a la industria.

Para las brigadas de hombres de piel curtida que jornadas tras jornadas desandan cada recodo del río que dio nombre al embalse, del Tuinucú, el Yayabo y los diferentes afluentes que desembocan en el mayor acuatorio de Cuba, capturar entre 13 y 15 toneladas de carpas, tilapias, labedos o clarias diariamente es una hazaña en medio de la situación por la que atraviesa Cuba con la pandemia mundial provocada por el nuevo coronavirus.

Esta productividad constituye un claro ejemplo de cuánto se puede hacer para asegurar el alimento de la población sin dejar de cumplir con las medidas de seguridad e higiene que hasta en medio de la presa o sobre una embarcación impone la COVID-19.

Así responden nuestros acuicultores al llamado que realizara Manuel Santiago Sobrino, ministro de la Industria Alimenticia, en la reunión territorial realizada en Sancti Spíritus, donde insistió en explotar aún más las posibilidades de la infraestructura y potencial científico con que cuenta la provincia, encargada de aportar, junto a Camagüey, más del 35 por ciento de los peces de agua dulce que se procesan y consumen en la isla.

Las estrategias del sector en estos meses han puesto a prueba de bala la capacidad de sus pescadores, concentrados en las zonas más pobladas de peces, dentro de la cuenca Zaza y donde cada cuadrilla se aferra al chinchorro o la bocana, las artes más productivas, dejando un saldo de más de 940 toneladas al cierre del primer trimestre, cifra que representa el 131.9 por ciento del plan aprobado, según explicó a la prensa Orlando de la Cruz Rivadeneira, director de producción de la Empresa Pesquera de Sancti Spíritus (Pescaspir). 

Pero la zafra de la Zaza continúa, aunque las capturas no pueden sobrepasar las 20 toneladas diarias, pues la capacidad de procesamiento en la planta es limitada, se garantiza la elaboración de unos 20 surtidos en la industria, entre ellos los productos conformados a partir de la masa del pescado de agua dulce como materia prima y que son comercializados en la red de casillas especializadas de cada municipio, además de los envíos de tronchos, filetes y picadillos de carpas hacia Cienfuegos, Villa Clara y La Habana.

Reconocido como el mayor depósito de especies de agua dulce en el país, sobre todo de ciprínidos, la Zaza en condiciones normales aporta el 85 por ciento del plan de captura espirituano, pero en los últimos tiempos, cuando apretaron las dos sequías, la hidráulica y la del combustible, prácticamente todos los pescadores del territorio se han mudado para el embalse.

Antonio Olaya, director de la Empresa Pesquera de Sancti Spíritus, confirma lo que ya se ha convertido en una práctica en este territorio: sobre la Zaza no solo están los pescadores, sino también los responsables de investigar la biomasa acuícola, de manera que las pesquerías puedan incrementarse o disminuirse (recordemos los llamados Bastiones Pesqueros), en dependencia del comportamiento de las lluvias y los escurrimientos.

Con los ojos puestos en la Zaza están también los trabajadores y técnicos de la Estación de Alevinaje, de La Sierpe, encargados de las siembras de peces en los diversos embalses de la provincia —más de 30 millones de todas las especies como promedio anual—, pero sin agua es difícil cumplir.

Como esta no es la primera sequía que deja casi seca a la Zaza, los pescadores ya acumulan experiencia en ese sentido, el director de Pescaspir, descarta la posibilidad de que pueda sobrevenir algún tiempo muerto para los acuicultores espirituanos, pues, si flaqueara el mayor reservorio de peces del país, habría reservas por explotar en Manaquitas, Tuinucú y en cuanta cañada quede con un hilo de agua.

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