¿Cómo evitar que te “parta un rayo”?

Sugerencias útiles para evitar los efectos de las descargas eléctricas, considerada la primera causa de muerte en el país por fenómenos naturales

Se calcula que 65 cubanos fallecen cada año por el impacto de descargas eléctricas. (Foto: Tomada de Internet).

Todos hemos visto a grupos de jóvenes y no tan jóvenes que practican deportes, se zambullen en una piscina o se bañan en el aguacero mientras el cielo se raja en dos con truenos ensordecedores en plena tormenta.

No se trata de una película, sino de la vida real en cualquier esquina de Sancti Spíritus porque sucede que aquí, como en toda Cuba, la mayoría de las personas no asume a los rayos como un riesgo que les puede dañar o, cuando más, los consideran una probabilidad para los otros.

Pero resulta que, según las estadísticas del Instituto de Geofísica y Astronomía, un promedio de 65 cubanos fallece cada año por el impacto de descargas eléctricas y esta se considera la primera causa de muerte en el país por fenómenos naturales.

Aunque los mayores incidentes se reportan en las provincias occidentales, ningún rincón de la isla se encuentra a salvo de este peligro, que llega en particular durante los meses de primavera y verano.

Manuel Antonio Iturralde, presidente de la Sociedad Cubana de Geología, aseguró a la prensa que Cuba es uno de los países más afectados del mundo por el efecto de los rayos, debido a la gran actividad eléctrica que caracteriza las tormentas en la temporada estival.

Esas descargas, explicó el eminente científico, están asociadas a las tormentas locales severas, donde ocurren procesos convectivos que se producen por el gran calentamiento del aire, en contacto con la superficie terrestre.

Las nubes propias de estas tormentas son las llamadas cumulonimbos. Los rayos pueden propagarse a unos 15 000 kilómetros por hora y medir de largo cerca de un kilómetro.

El trueno, por su parte, resulta la explosión que provoca la descarga eléctrica. Debido a la rapidez con que el rayo se propaga lo vemos antes de escuchar el sonido, pero ambos ocurren de forma simultánea.

Precisamente, la velocidad de los rayos constituye su rasgo más peligroso. Lo repentino de este tipo de descargas hace que sean sorpresivas para sus víctimas. Muchos consideran que esa mala suerte no les va a tocar y no buscan protección.

La Cruz Roja Internacional y los especialistas cubanos aconsejan varias medidas de seguridad para cuidarse de este peligro real, por ejemplo, mantenerse informado sobre la probabilidad de tormentas eléctricas y programar las actividades al aire libre solo cuando no exista esa posibilidad.

Si se presenta una tormenta eléctrica inesperadamente, sugieren buscar refugio en un edificio sólido cercano, donde debe permanecerse al menos hasta 30 minutos luego del último trueno que se escuche.

Además, no deben utilizarse equipos eléctricos ni teléfonos; las ventanas y puertas han de estar cerradas y se recomienda mantener distancia de tuberías, paredes, barandas y demás estructuras metálicas.

Otra sugerencia útil: si se encuentra en un terreno descampado a la hora de los rayos procure evitar las alturas, los árboles aislados, el agua, los postes o cables eléctricos, pues estos atraen el peligro.

Para esquivar la fatalidad en estos casos resulta preferible agacharse en posición fetal con las manos en la cabeza y hacer contacto con el suelo solo con los pies.

Como propuesta útil para el tiempo que dura una tormenta también recomiendan no bañarse en el mar, ni en los ríos y embalses, debido a que el agua resulta buena conductora de la corriente.

Y, si estás en un vehículo, debes estacionar fuera del camino, cerrar todas las ventanas y no tocar las superficies; mientras que quienes andan a caballo han de desmontarse de inmediato porque las herraduras del animal igualmente pueden trasmitir la descarga.

Los expertos aclaran que, aún sin llover, existe el peligro de la caída de un rayo al aire libre; y que si alguien cercano queda impactado por uno, el cuerpo no retiene esa electricidad y perfectamente se le pude brindar auxilio. Ahora, cuando regresa la primavera con sus respetables tormentas, cualquier previsión para poner a salvo la vida propia y ajena parece poca. Entonces, como no podemos andar con un pararrayos a cuestas, debemos escuchar la voz de los entendidos porque, como dice el refrán, “quien no oye consejo, no llega a viejo”.

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