Cuando salvar es una osadía (+fotos)

Ernesto Castañeda Martín, médico y residente de Endocrinología del Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos, de Sancti Spíritus, se ha enrolado varias veces en la atención a pacientes positivos a la covid. En su vida laboral hasta ahora ninguna experiencia supera el trabajo en Zona Roja

sancti spiritus, covid-19, coronavirus, sars-cov-2, salud publica, variante delta de la covid-19
“Esto es lo más arriesgado que he hecho”, asegura Ernesto. (Fotos: Cortesía del entrevistado)

No lo dudaría ni un segundo como tampoco titubeó antes cuando se brindó para ir a La Habana y terminó atendiendo a aquellos niños positivos y a sus padres durante un mes entero en el hospital Frank País. Y volvió a hacerlo a fines de febrero de este año, cuando la Unidad de Tratamiento Colérico (UTC) del Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos se estrenaba en la atención a casos sospechosos y, luego, pasaría a atender también los confirmados a la covid; entonces sería el único médico de aquella sala durante los 11 días y noches más largos, acaso, de su vida.

Si al doctor Ernesto Castañeda Martín, residente de Endocrinología, le pidieran que volviera a entrar a Zona Roja sería la tercera vez y lo haría sin flaquear. Sin pensar siquiera en los riesgos que corre el asmático que es, porque un solo argumento pesa tanto como para quebrantar cualquier incertidumbre: “No me puedo negar; es mi trabajo y mi responsabilidad. Si alguien lo necesita, pues me toca por conciencia y por compromiso con la profesión, con los pacientes y con el país”, escribe vía WhatsApp y las palabras le calcan las esencias.

A esa misma razón se aferró, quizás, para sobrellevar aquellas guardias de 24 por 72 horas en el hospital habanero, donde en una sala, según dice, podía haber desde 30 hasta 80 casos entre los niños y los acompañantes.

La gente no se imagina los esfuerzos que hace uno en Zona Roja, los desvelos seguidos, el estrés de trabajo, señala el doctor Erenesto.

“Eran casos leves o asintomáticos y algún adulto moderado —rememora—. Los niños tienen sus características y había que hablarles con más dulzura, aunque no eran tan pequeños y casi todos colaboraban para examinarlos y para tratarlos. Yo específicamente no tuve ningún niño complicado”.

Le era más fácil, tal vez, porque la Pediatría fue su inclinación primera cuando rotaba por esa especialidad en cuarto año de la carrera de Medicina y después de graduado terminó haciendo guardias también en el Hospital Materno Municipal de Cabaiguán. Mas, acabaría optando por Endocrinología y hoy hace su residencia.

Pero ni aquellas guardias habaneras en las que amanecía pasando visita o preparando las altas de los pacientes que resultaban negativos al PCR y anochecía ingresando nuevos casos y auscultando a todos se pueden comparar con los desvelos en la Zona Roja del Camilo Cienfuegos.

“La experiencia fue más fuerte porque son 10 u 11 días seguidos sin parar. En la sala de UTC atendía, en un primer momento, sospechosos de covid —cuando aquello la pandemia no estaba tan crítica como ahora— y cuando salían positivos se trasladaban; luego, a mediados de la rotación, empecé a atender solo positivos.

“Era el único médico de la sala. Siempre había un intensivista que colaboraba y las enfermeras que ayudaban mucho, pero eras tú solo. Y ahí hay mucho movimiento”.

Y nada lo agobió tanto como aquella sobrebata, el gorro, la careta, el nasobuco y por encima la escafandra blanca. “El traje es desesperante, se pasa mucho calor, te da como falta de aire, ansiedad estar metido allá dentro, pero hay que usarlo para mayor protección”.

Lo más complejo no fue siquiera sobrellevar los medios de protección ni lidiar con la adrenalina que te mantiene insomne ante un cansancio que a ratos te vence y frente al que no puedes ceder para evitar, también, contagiarte. Lo más complicado fue asistir a pacientes graves, incluso, colegas.

“Ahí sí hubo ciertos momentos de tensión con colegas de trabajo, gente joven, una viejita encamada…, enseguida los atendimos lo mejor que pudimos y lo trasladamos para la Sala de Terapia. De los pacientes que yo tuve ninguno falleció”.

Y lo dice sin vanagloria alguna, aunque la merezca. Igual que no se ufana del día aquel que asistió a un paciente y le cedió hasta su comida. Lo cuenta en plural solo por modestia, porque únicamente él es protagonista.

“Fuimos a ver a un paciente al cuerpo de guardia de respiratorio y consideramos que podía retornar al centro de aislamiento; como no se había alimentado le di los refrescos que tenía para mí”.

No olvida los riesgos vividos, las ojeras casi crónicas, los afanes por salvar. Lo calla, pero se sabe: se hace más por convicción de vida que por esperar retribución alguna. “La gente no se imagina los esfuerzos que hace uno en Zona Roja, los desvelos seguidos, el estrés de trabajo…

Para el doctor Ernesto lo más complicado fue asistir a pacientes graves, incluso, colegas.

“En cuanto a los recursos, sí a veces faltan cosas, pero aquí en el hospital los recursos limitados que hay se garantizan para los pacientes con covid. Yo no puedo decir que haya dejado de atender a un paciente ni que ninguno haya muerto por falta de medicamentos, por lo menos en mi caso”.

Y lo acuña con la misma seguridad que luego confiesa: “Esto es lo más arriesgado que he hecho”. Le creo. Del otro lado de la pantalla las imágenes devuelven a un muchacho treintañero que contrasta con aquella cabeza rapada como si la falta de pelo pusiera años de más, envuelto en una escafandra blanquísima en la que se le esconden hasta los ojos.

Uno lo ve y, por más que haya repasado sin grandilocuencias tantas heroicidades, todavía queda preguntándose de dónde le nacen los ímpetus y hasta la osadía que lo ha hecho entrar y entrar a Zona Roja.

De los pacientes que yo tuve ninguno falleció, rememora el galeno.

   

Dayamis Sotolongo

Texto de Dayamis Sotolongo
Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por la obra del año (2019). Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas sociales.

Comentario

  1. Ayde Martin Pérez

    Que puedo decir antes tantas palabras bonitas sobre mi hijo, gracias a al el por su comportamiento, que año tras años le enseñamos, gracias a esa periodista que escogió a mi hijo como ejemplo de nuestros médicos cubanos, gracias al colectivo del periódico Escambray,en fin gracias a nuestro país.

Escambray se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social, así como los que no guarden relación con el tema en cuestión.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *