Devolver la estética es para mí un arte (+fotos)

Una doctora en Estomatología que desde 1981 ejerce su profesión en Sancti Spíritus cuenta las razones que la motivan a poner corazón en su trabajo, donde la promoción de salud resulta esencial

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Con una vocación especial para atender los traumas en los niños, la doctora Ochi transpira profesionalidad y es celosa en el trato ético hacia cada paciente. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

La localizaron en medio de la noche. Una niña de cuatro años, llamada Sofía de la Caridad, necesitaba de sus auxilios, así que la atendió en la casa, le puso la primera parte del tratamiento —terapia de frío, dieta y que cuidaran de que no se chupara el dedo— y al otro día le colocó la férula en el diente, flojo tras una caída.

Escambray asistió al segundo momento, en la Clínica Estomatológica Municipal ubicada en la calle José de la Luz y Caballero, de la cabecera provincial, donde trabaja desde hace casi 40 años Rosa María Collazo Suárez, doctora especializada en Estomatología General Integral y Máster en Salud Comunitaria. Pero sería raro que alguien la identificara por ese nombre y no por Ochi, como se le conoce aquí e incluso en otras partes del mundo donde ha dejado su huella de profesionalidad, disciplina y respeto por los pacientes.

Fue una mezcla de miedo y admiración, asegura, lo que le hizo llegar a esa carrera. En su pueblo de infancia, Calabazar de Sagua, una mujer elegante que ejercía como dentista —así se les denominaba entonces— atraía su atención a tal punto que cuando salía de la escuela y caminaba hacia el hogar pasaba por el policlínico y se asomaba a la ventana, a verla trabajar. Tendría entonces unos 10 años.

“En la secundara ya yo sabía que era eso lo que quería, a pesar del pánico que me asaltaba cuando me sentaba en un sillón y veía todos aquellos instrumentos. En mi año había muchos talentos, se requería un promedio altísimo y para no fallar opté por un técnico medio en La Habana”, refiere en una charla en la que pueden percibirse los matices de su calibre. No hay en su verbo presunción alguna, sino una sencillez que aflora hasta en los mínimos detalles, como esa inclinación a poner lo suyo en manos de quien lo necesite, sin importar si es un amigo o alguien a quien acaba de conocer.

Con 17 años, ya casada, se mudó a Sancti Spíritus al concluir los estudios. Se inició en la escuela de Cabaiguán conocida como La Campana y desde 1981 se desempeña en una institución que ha sido, más que su centro de trabajo, su segunda casa.

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“Siento mucha satisfacción en devolver la estética en la sonrisa; eso para mí es arte”, asegura la doctora Rosa María Collazo, más conocida como Ochi. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Sin renunciar al ejercicio profesional matriculó en la Universidad y se graduó en 1990, recién parida de su niña. El examen de Cirugía bucal lo realizó ingresada para el alumbramiento, por medio de un especialista en Maxilofacial que acudió al hospital. Y a los 12 días del parto se reincorporó a la escuela, entonces radicada en la Clínica Estomatológica Provincial, aunque no abandonó la lactancia.

¿Qué requisitos debe reunir un estomatólogo para atender apropiadamente?

“En primer lugar, amar mucho su profesión; después, tener paciencia. Casi todas las personas que acuden a nosotros llegan con miedo y esa cualidad la necesitas, sobre todo cuando tratas con niños. También se requiere ser cuidadoso, incluso curioso, a la hora de trabajar, porque en la Estomatología devuelves sonrisas, alegría a los pacientes. Me ha gustado mucho atender los traumas en los niños, aunque los angustiados no son solo ellos, sino especialmente los padres. Siento mucha satisfacción en devolverles la estética; eso para mí es arte”.

De usted se dice que es puntual, metódica, perfeccionista. ¿Cómo se las ingenia para quedar bien con todo?

“Es un hábito que adoro, la puntualidad el día de mi consulta o cuando cito a los pacientes. Con los años ese perfeccionismo se va incrementando para uno si de verdad ama su profesión. Yo me quiero retirar haciendo extracciones, complicándome y saliendo sola de esas situaciones, realizando las restauraciones lo mejor posible, aun con las dificultades que tengamos”.

¿Por qué confiere tanta importancia al llamado terreno?

“Ahora se le llama actividad comunitaria. Se mantiene y para mí es imprescindible ese trabajo, porque en realidad ahí es donde conoces a tu paciente, donde empieza la verdadera comunicación con él, desde la embarazada que guías acerca de los cuidados que deberá tener con su bebé hasta los abuelitos que ya usan prótesis y a veces presentan lesiones asociadas a ellas. Ahí es donde se logra el éxito si se realiza bien la prevención, la promoción de salud bucal”.

Dos misiones internacionalistas, una en Venezuela entre 2004 y 2007, y otra en Argelia, a partir del 2013, ayudaron a que sus competencias profesionales resultaran conocidas también fuera de Cuba. En la segunda atendía al personal de la embajada caribeña, así como a deportistas y a los colaboradores médicos en la nación africana. Igualmente se desempeñó durante largo tiempo en cargos de dirección dentro de la propia clínica espirituana.

“Estoy orgullosa de los valores que aprendí de mi familia; creo que también hay algo de lo innato. Veo muy bonito cuando un médico saluda y pregunta al paciente cómo se sintió, qué tal le ha ido con el tratamiento; le informa cuál procedimiento usará e indica cómo actuar si siente dolor. Para mí todo eso forma parte de la ética, que en mi especialidad, como en otra cualquiera, resulta imprescindible”, argumenta.

¿Cómo ha sido su experiencia durante la pandemia?

“He extremado las medidas para prevenir desde que salieron los primeros casos, lo sigo haciendo y seguiré en lo mismo hasta que el peligro haya pasado. De esa forma protejo al paciente y a su familia, a mí y a los míos, incluyendo mis compañeros de trabajo, mayormente jóvenes y con niños pequeños. He laborado durante casi todo el tiempo”.

Y en medio de esos procederes, que incluyen el lavado de las manos, la aplicación de una loción desinfectante, la limpieza del sillón y de otros medios de trabajo la deja Escambray, tras escuchar acerca de su orgullo por los hijos y por el nieto que casi acaba de nacerle fuera de Cuba.

Bendita sea aquella amalgama de miedo y admiración que la asaltó en su infancia. De no ser por ella y por la constancia de esta mujer excepcional, Sancti Spíritus no contaría con unas manos divinas, como las califican muchos de sus pacientes, y con un alma noble que ayuda a hacer de la Estomatología ese arte que la doctora Ochi defiende día tras día.

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Dos misiones internacionalistas, una en Venezuela y otra en Argelia, ayudaron a que sus competencias profesionales resultaran conocidas también fuera de Cuba. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

One comment

  1. Mi prima ejemplo de excelencia en la profesión odontológica.

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