El cuartel de los Gallos

Aunque la pandemia ha apagado su rugido por meses, al estadio José Antonio Huelga le sobran razones para festejar sus primeros 30 años

sancti spiritus, estadio jose antonio huelga, beisbol, gallos, serie nacional de beisbol
El Huelga fue inaugurado el 19 de julio de 1991. (Foto: Oscar Alfonso/ACN)

 Fue el 19 de julio de 1991 cuando el estadio José Antonio Huelga abrió sus puertas por primera vez, luego de intensos meses de trabajo. La instalación se construyó con ganas. Le pusieron la mano y el empeño casi todas las empresas constructoras del territorio y el pueblo. Según recogen las páginas de Escambray, sumaron más de 20 000 los yayaberos que apoyaron de manera voluntaria aquella megaconstrucción.

 La fecha ilustra la proeza. Iniciado en 1989, el Coloso de Los Olivos se construyó en los albores del período especial, cuando no abundaban los recursos. Mas, primó la voluntad de la mano de Jorge Valdés, primer secretario del Partido en aquel entonces, para concretar un anhelo popular que prometió hacerlo cumplir el Comandante en Jefe Fidel Castro.

El nombre surgió casi antes de colocarse la primera piedra. No podía ser otro que el del Héroe de Cartagena, quien, aunque no jugó en esa grama, le dejó un legado incalculable como uno de los mejores lanzadores de la pelota cubana y escribió páginas de gloria, como aquella victoria ante Estados Unidos en el Mundial de Colombia, que le granjeó el epíteto con el que Fidel le inmortalizó.

Fue y es una obra majestuosa, que nació como una de las mejores de su tipo en el país. Y en su multifuncionalidad acoge desde el Centro de Medicina Deportiva, la Unidad Presupuestada del Inder, hasta la sede de la Comisión Provincial de Béisbol.

Y pese a que su nacimiento no significó el cierre del Victoria de Girón, que por cierto ahora rejuvenece, sí implicó un giro en el béisbol espirituano al dotarlo de una instalación con todas las de la ley para la práctica del deporte de las bolas y los strikes.

Cierto es que aquel le “gana” el privilegio de atesorar el único título ganado por el beisbol espirituano en Series Nacionales en 1979, pero desde su nacimiento contribuyó a la formación de decenas y decenas de peloteros y dio a los aficionados mucho mejor confort tras años de resistir los soles y la apretazón de la llamada “olla de presión”.

Inaugurado por todo lo alto en la sexta edición del Torneo Internacional José Antonio Huelga, con el juego Cuba-Venezuela, el estadio de Los Olivos acogió desde entonces importantes eventos. Uno de los más encumbrados fue el Mundial Juvenil de 1996. Aún recuerdo los bufidos de aquel ambulanciero apretujado contra los muros del graderío y a punto de no respirar por lo lleno del estadio, uno de los mayores que ha protagonizado y que se compensó esa vez con el título de Cuba vs. Taipei de China, de la mano del cabaiguanense Ángel Peña. Otro Mundial de esa categoría se jugó allí: el del 2006, cuando Cuba cedió ante Corea de Sur.

Mas, las emociones mayores, buenas y malas, se han reservado para las Series Nacionales de Béisbol, jugadas allí desde su versión XXXI. Lo más trascendente ocurrió en la XLI cuando acogió la primera final de los Gallos, en el año 2002. Empatada a una victoria, la subserie llegó al Huelga, pero Holguín la puso 3-1 en contra de los locales y, aunque del brazo de Ifreidi Coss se impuso la vuelta a casa de los cachorros y el solo hecho de estar en la finalísima imponía otro apoyo, los espirituanos dejaron las gradas prácticamente vacías.

 Desde entonces el Coloso de Los Olivos ha acogido 13 postemporadas de su equipo, sin contar la pasada, cuando su elenco jugó en la burbuja cienfueguera. En ese lapso ha sido testigo de momentos especiales, como el único juego perfecto en Series Nacionales, registrado por Maels Rodríguez el 22 de diciembre de 1999, o las jornadas en que su capacidad de 12 000 espectadores se quedó corta cuando este lanzador propinaba decenas de ponches en un juego, acompañados por las K que la afición colgaba en el graderío.

Desde diferentes generaciones, otros sucesos lo han estremecido: los batazos y récords del excepcional Frederich Cepeda, que aún le honra con su presencia. También los de Eriel Sánchez, Lourdes y Yulieski Gurriel, José Raúl Delgado, Yunier Mendoza, Yenier Bello, Liván Monteagudo, Luis Enrique Gurriel… Tambien los excelentes juegos lanzados por Yovani Aragón, Ismel Jiménez, Ángel Peña, Ifreidi Coss…

En sus tres décadas, el Huelga también ha llorado. Por ejemplo, las tantas ocasiones en que sus Gallos han caído en juegos memorables de play off; recordemos también aquel séptimo partido de la semifinal vs. Matanzas en el 2013, cuando los Cocodrilos perdían 0-5 en el octavo inning y fabricaron 10 carreras para pasar a la final y destrozar la noche de miles de personas. 

Pero recordemos mejor al estadio en sus días de gloria, revividos por su sinfonía de cornetas y bullicios y su cantío de gallos, a la espera de que, pronto, podamos reverenciarlo por este trascendental cumpleaños.

One comment

  1. Felicidades al huelga.
    Peroooo, no me canso de criticar la amalgama de colores que posee que para nada tiene que ver con la indumentaria a vestir, otro fruto del mal gusto que se come mi ciudad.
    Fijaos en los demás stadiums, el nuestro hace alusión a un collage de matices que por lo menos a mí causa repulsa.
    Duele ver como el monumento del perímetro carece de limpieza y se muestra huérfano de pintura existiendo muy cerca una alta producción de al menos cal para llenarlo de blancura.
    Se nos cae el país y no abrimos las manos!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *