Los fusilamientos de Mano del Negro

La ejecución sumaria de tres de los más conocidos exponentes de la sociedad trinitaria el 18 de agosto de 1851, por protagonizar un conato armado como parte del plan pseudoanexionista del general de origen venezolano Narciso López —quien fuera gobernador de la localidad—, tuvo en esa villa una fuerte repercusión

Expedicionarios de López combaten en Cárdenas.

La ejecución sumaria de tres de los más conocidos exponentes de la sociedad trinitaria el 18 de agosto de 1851, por protagonizar un conato armado como parte del plan pseudoanexionista del general de origen venezolano Narciso López —quien fuera gobernador de la localidad—, tuvo en esa villa una fuerte repercusión y se imbricó 18 años después con la participación de muchos trinitarios en la guerra separatista contra España.  

Dado que la historia no se puede ni debe desvirtuar, preciso es destacar en torno al triste suceso conocido por “los fusilamientos de Mano del Negro”, que, si bien este y otros acontecimientos luctuosos de aquellos días tuvieron en su origen las ideas y esfuerzos anexionistas de un grupo de cubanos influyentes de dentro y fuera de la isla, López dejó suficientes indicios de que, si bien devino en un momento dado el brazo ejecutor de aquel proyecto, lo hizo con la idea de separar a Cuba de la metrópoli que la asfixiaba.       

Se sabe que Narciso López, un militar venezolano del ejército español derrotado en 1823 en su tierra natal por las huestes de Bolívar, vino a Cuba con los restos de aquellas tropas ibéricas y cuatro años más tarde se fue a España, donde peleó en la primera Guerra Carlista, y allí alcanzó en 1836 los grados de brigadier. En 1839 lo ascendieron a general y llegó a desempeñar el cargo de gobernador de Valencia. Un año más tarde fue nombrado gobernador militar de Madrid y representante en las Cortes por Sevilla.    

Las relaciones casi familiares de López con Jerónimo Valdés, recién nombrado Capitán General de Cuba en 1840, definieron su regreso a la isla en su compañía y aquí Valdés le confió la gobernación de Trinidad, Sancti Spíritus, San Juan de los Remedios y Santa Clara y lo hizo, asimismo, presidente de la Comisión Militar Ejecutiva.

Pero fueron el matrimonio de Narciso López con María de los Dolores de Frías y Jacott, hermana del rico terrateniente e intelectual cubano Francisco de Frías y Jacott, IV Conde de Pozos Dulces, y su continuo contacto con exponentes destacados de la sociedad trinitaria entre 1840 y 1842 los que a la larga decidirían su destino, pues, relacionado con la flor y nata de la sacarocracia criolla, se metió de lleno en los planes que pretendían separar a Cuba de España con la cooperación del sur esclavista de los Estados Unidos. 

Se ha señalado que estos factores, junto a un cierto sentimiento de culpa porque siendo venezolano había combatido a las huestes de Bolívar en las filas del Ejército español, inclinaron a López a luchar para hacer de Cuba una república cuyo pueblo decidiría luego si se unía o no a los Estados Unidos.

El carácter disipado del general Narciso, su simpatía personal y dinamismo le ganaron estrechas amistades entre hacendados e intelectuales trinitarios. Entre los primeros figuró el Teniente Coronel Isidoro Armenteros, integrante del Regimiento de Tarragona, destacado allí, y capitán de milicias; y entre los segundos, Fernando Hernández Echerri, literato y poeta, profesor del colegio habanero El Salvador, perteneciente al pedagogo José de la Luz y Caballero.

Resulta necesario señalar que, mientras el venezolano actuó a la sombra de Jerónimo Valdés, guardó las apariencias de fidelidad a la Corona, pero cuando es sustituido en 1843 como Capitán General de España en Cuba por Leopoldo O’Donell, y este lo destituyó de sus cargos, López se comprometió con los planes de terratenientes cubanos que buscaban en la colaboración con los estados esclavistas del sur de EE. UU., desasirse de las cadenas que imponía España y preservar esa horrible institución en la isla. 

Fue entonces que, siempre en contacto con dueños de grandes fortunas en Cuba, Narciso López participó en acciones contra el dominio colonial español, como lo fue en 1848 en la zona de Manicaragua la conspiración de la Mina de la Rosa Cubana, tras cuyo fracaso escapó a duras penas al país del norte, donde fue protegido por el gobernador estadual de Mississippi.

Desde territorio estadounidense encabezaría López sendas expediciones armadas a la ínsula. En mayo de 1850 la primera de estas expediciones logró la toma de la ciudad de Cárdenas, aunque no recibió el apoyo de la población en tierras matanceras y los 600 expedicionarios, ante la inminente llegada de tropas españolas superiores en número, tuvieron que reembarcarse.

LA CONJURA ESTALLA EN TRINIDAD

El eco de la fallida expedición por Cárdenas repercutió entre .los complotados en otras partes de la isla. En Trinidad Isidoro Armenteros —quien remitió a López puntuales mesadas durante su exilio en los Estados Unidos—, aceleró el ritmo de los preparativos de levantamiento, cuyo inicio fue fijado para junio de 1851 en coordinación con el esperado arribo de una segunda expedición que debía desembarcar esta vez por Pinar del Río, y el previsto alzamiento de Joaquín de Agüero y los suyos en Puerto Príncipe.

Luego de varios aplazamientos, el 24 de julio de ese año se reúnen Armenteros y otros ocho complotados en una casa de campo próxima a la villa. De allí se dirigen al lugar de la cita con Juan Cadalso, quien debía aportar 30 hombres de los ingenios Yaguaramas y Palmarito.

Ante la falta de armas, Armenteros decide tratar de conseguirlas en el Valle de los Ingenios y, en un recorrido por las fábricas Palmarito, Yaguaramas y Las Avispas, reclutó otros 28 efectivos y obtuvo algunos fusiles y escopetas, mientras Rafael Arcís hacía lo mismo en otras partes con mejor suerte. La gente confluyó en el potrero de Limones. Allí se formaron dos compañías con un total de 69 hombres, al mando de los capitanes Ignacio Belén Pérez y José María Iznaga Valdespino.  

En los días siguientes los alzados asaltaron El Guayabo —25 de julio—,  y también se batieron duramente el 27 y el 29 en otros puntos, hasta el 30, cuando por una mala interpretación de una orden, el contingente insurrecto se dispersó. Del grupo, una parte fue apresada y otros lograron huir. Por fin, en el paso de Hanabanilla se rindieron a los españoles Armenteros, Arcís y otros 33 hombres.

SENTENCIA Y EJECUCIÓN EXPEDITAS

El 8 de agosto se efectuó el Consejo de Guerra que sentenció a Armenteros, Hernández Echerri y Arcís, a la pena de muerte por fusilamiento. Otros cinco complotados recibieron condena de10 años de presidio en ultramar con prohibición perpetua de regresar a Cuba; dos fueron sancionados a ocho años y los cuatro insurrectos restantes sufrirían permanente destierro.

El 12 de agosto fue aprobada la sentencia por el auditor de Guerra, don Antonio Romero, y el propio día la sancionó con su firma el Capitán General José Gutiérrez de la Concha. El domingo 17 de agosto de 1851 el fiscal auxiliar, capitán Don José Bayona, pasó a la cárcel y les notificó el fallo a los condenados a muerte, luego de lo cual ordenó ponerlos en capilla.

Al día siguiente, lunes, a las 6:00 a.m., un triste cortejo recorrió las calles trinitarias desde la prisión al lugar conocido por La mano del negro. Los reos Armenteros, Hernández Echerri y Arcís marcharon con las manos atadas a la espalda y escoltados por cazadores del Regimiento Tarragona.

Momentos antes del fusilamiento, el Sargento Mayor de la Plaza despojó de sus grados al Teniente Coronel Armenteros y, una vez cumplida la sentencia, las tropas desfilaron ante los cadáveres, que fueron trasladados al cementerio local, donde se les dio sepultura.

A estos mártires no se les define fruto de una conspiración anexionista, sino como precursores de la independencia de Cuba, a la que ellos aportaron el sublime tributo de su sangre.

EPÍLOGO LUCTUOSO

El 12 de agosto de 1851 —seis días antes de lo de Trinidad—,  fueron ejecutados en la Sabana de Méndez, en Camagüey, los patriotas Joaquín de Agüero, Fernando de Zayas, José Tomás Betancourt y Miguel Benavides. A mediados de ese mes los españoles fusilaron en La Habana a 50 de los expedicionarios de la fracasada expedición de Narciso López por Pinar del Río, y el primero de septiembre se cumplió en la habanera explanada de La Punta la sentencia de muerte en garrote vil dictada contra el cubano-venezolano,definidocomo “la figura más controvertida en la historia de Cuba”.

Pastor Guzmán

Texto de Pastor Guzmán
Fundador del periódico Escambray. Máster en Estudios Sociales. Especializado en temas históricos e internacionales.

3 comentarios

  1. Krushova Nikite

    Siempre echandole la culpa a los negros. Racistas

  2. Gracias compañero Pastor por medio de sus artículos e conocido pasajes históricos de mi ciudad que desconocía y me llenan de mucho orgullo al conocer acerca de personas que pusieron en alto el nombre de Trinidad en lo que a las luchas por la libertad se refieren.

    • Gracias, muy estimulado por su mensaje, José. Es nuestro deber investigar y divulgar nuestra historia, rica, digna y motivo de orgullo para el pueblo cubano.

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