María Victoria Hernández: Para mí la Enseñanza Especial ha sido un regalo

Esta maestra de Jatibonico, a sus 66 años de edad, no ha dejado de estar presente en la vida de sus alumnos con discapacidad intelectual moderada

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La educadora siempre dialoga con la familia sobre la enseñanza de sus hijos. (Foto: Cortesía de la entrevistada)

Hace cinco años que llegó hasta la Escuela Especial Valle Grande, de Jatibonico. Llegó por azares de la vida, después que fungió como educadora en los círculos infantiles del territorio, como trabajadora del Departamento de Cuadros en la Dirección Municipal de Educación y también como metodóloga de Educación Artística. Con toda esta variedad de conocimientos a sus espaldas, tocó a las puertas del centro, dispuesta a trabajar con niños con necesidades educativas especiales.

Nada le resultó extraño, pues María Victoria Hernández Suárez, una pedagoga con más de 37 años de labor, está acostumbrada a lidiar con los pequeños de casa. Disfruta verlos crecer y acompañar sus pasos en el aprendizaje. Mas, el tránsito hacia la susodicha instalación le puso enfrente la responsabilidad de trabajar con alumnos con discapacidad intelectual moderada.

De ahí que cada jornada signifique un reto para esta mujer de 66 años de edad. Ingenia los más heterogéneos medios de enseñanza porque sabe que así sus discípulos asimilan mejor los contenidos, y les brinda todo el amor que ellos merecen.

“La Enseñanza Especial para mí ha sido un regalo. Transitar por ella es ponerle mucho corazón a cada lección. Te enseña a ser comprensiva, a dar cariño…, a hacer de todo por tal de ver que los alumnos aprenden en medio de sus complejidades”, destaca la educadora jatiboniquense.

Sin embargo, ahora que la COVID-19 ha obligado al sector educacional a reinventarse y a encontrar en los medios audiovisuales la alternativa para impartir contenido, María Victoria no deja solos a sus educandos. A su cargo tiene tres niños, con los cuales trabaja todas las semanas.

Hasta sus casas llega con las orientaciones y con el control de las ejercitaciones. También les indica la parrilla educativa que deben visualizar y concientiza a los familiares sobre el rol que les corresponde asumir en medio de la compleja situación sanitaria que vive el país.

“Aunque no podemos entrar a las viviendas, desde el portal dialogo con los estudiantes y las familias y hasta allí les llevo también láminas, tarjetas… para que puedan comprender mejor las materias. Esta iniciativa la he comprobado en la práctica y me ha dado muy buenos resultados. Trato de que ilustren cada conocimiento para que, una vez reiniciado el curso escolar, estén en mejores condiciones para enfrentar el aprendizaje”, cuenta Hernández Suárez.

Quizás María Victoria haga de todo por encumbrar los saberes porque sabe que a sus alumnos les cuesta aprehender las disciplinas, comunicarse y adaptarse al entorno social. Por ello no pierde ni un minuto de su tiempo libre para confeccionar elementos que apuesten por la calidad del proceso docente-educativo en tiempos en los que las casas se han convertido en escuelas.

“Aprovecho cada instante para prepararme y encontrar nuevas formas de instruir”, detalla la maestra, quien a su edad ni siquiera siente la distancia que tiene que recorrer para llegar hasta los Consejos Populares Norte y Sur, de Jatibonico. A pie y sin otra compañía que sus libros y las enormes ganas de enseñar arriba hasta esos sitios a pesar de que el paso de sus años hace un poco lento su movimiento.

“Intento aliviar las consecuencias de este confinamiento en mis estudiantes. Si bien para el resto de las personas esta situación a veces asfixia, para ellos se torna más compleja. Por eso busco la forma de entretenerlos al mismo tiempo que los educo”, confiesa.

María Victoria es una maestra jubilada, pero no se siente cansada. Al contrario, según manifiesta a Escambray, la rejuvenece salir todos los días al encuentro con sus niños.

“Me encanta trabajar con ellos. A lo mejor por eso escogí el magisterio como profesión. Adoro ver cómo el rostro de estos pequeños con necesidades educativas especiales se ilumina con el aporte de los educadores. Cuando aprenden algo te sonríen, te agradecen…, y eso para mí no tiene precio. Todos los días me gano su cariño”, alega la licenciada en Educación Preescolar.

Aun cuando la COVID-19 no se sabe cuánto tiempo estará entre nosotros, esta mujer piensa en los desafíos de esta modalidad de estudio a distancia para la Enseñanza Especial. “El reto es lograr que cada alumno aprenda bien, que avance con los objetivos del grado… Ahí están el rol de la escuela y el de la familia; nos unimos para vencer las lógicas lagunas que pueda dejar esta alternativa”, refiere.

Y mientras el virus SARS-CoV-2 no se aparte de nuestras vidas, María Victoria seguirá contando historias al atravesar de una punta a otra este municipio espirituano, porque educar es su desvelo.

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