Trabajo a distancia: ¿Me voy pa’ mi casa y sanseacabó? (+video)

A sabiendas del vía crucis que enfrenta Sancti Spíritus debido a la COVID-19, la aplicación de esta modalidad laboral debiera extenderse aún más en la provincia

sancti spiritus, teletrabajo, trabajo a distancia, ministerio de trabajo y seguridad social
Hoy el número de espirituanos acogidos al trabajo a distancia ascienda a unos 21 420, cifra inferior a los más de 31 000 cuantificados en igual etapa del 2020.

No imagino al cirujano Albiza operando una apendicitis aguda en su casa; también, me devano los sesos pensando en cómo un obrero de la Pasteurizadora pudiera procesar en su vivienda la leche acopiada en los campos espirituanos, para que luego se expenda en la bodega del barrio.  

Se cae de la mata que esa profesión y ese oficio no pueden ejercerse a través del trabajo a distancia. Sin embargo, otras sí pudieran aplicarlo; pero algunas administraciones han puesto la marcha atrás y no acaban de interiorizar la repercusión de esta modalidad laboral —o lo han hecho tardíamente—, a contrapelo de los pronunciamientos al respecto del Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez; del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), así como del Grupo Temporal de Trabajo para la Prevención y Control de la COVID-19 en Sancti Spíritus.

Resulta paradójico que cuando la provincia incrementa los diagnosticados con el SARS-CoV-2 casi jornada por jornada, el número de espirituanos acogidos al trabajo a distancia ascienda a unos 21 420, cifra inferior a los más de 31 000 cuantificados en igual etapa del 2020, fecha en que el panorama epidemiológico no se parecía ni remotamente al de hoy.

Todo apunta a la subestimación de esta alternativa de empleo, que contribuye tanto al distanciamiento físico como a la reducción de la movilidad de las personas, piezas claves en el rompecabezas que ha devenido el control de la pandemia.

¿Podrá dársele el parón en seco al coronavirus mientras aproximadamente el 65 por ciento de los que se contagian son trabajadores —muchos de ellos asintomáticos—, potenciales propagadores de la enfermedad en sus centros laborales, como lo alertara la Dirección Provincial de Salud días atrás?

Desde esa perspectiva también analizan el apremio de extender el trabajo a distancia representantes gubernamentales de los municipios de Sancti Spíritus y Cabaiguán, donde la COVID-19 ha llegado hasta el cuello, más todavía en el primero de estos territorios. Las autoridades defienden a ultranza dicha modalidad por una razón de peso mayor: la existencia de un gran número de controles de focos abiertos en entidades estatales.

Una incursión en las plataformas virtuales de los medios de prensa cubanos, incluido Escambray, permite identificar criterios divergentes en torno a la factibilidad del trabajo a distancia, el cual posee lo mismo defensores que detractores.

Quienes apuestan por sus beneficios escriben hasta tratados; hablan de que evita el desplazamiento de los trabajadores, de disminución de gastos (energía eléctrica) a la empresa u organismo, y de mayor aprovechamiento del tiempo, asociado, entre otros motivos, a menos reunionismo y menos cotilleo en oficinas y pasillos.

Quienes no quieren verlo ni en pintura le objetan, precisamente, el desaprovechamiento de la jornada, la falta de concentración para cumplir los encargos laborales, la pérdida del sentido de pertenencia hacia el centro de trabajo, la imposibilidad de ejercer un control efectivo por el empleador, las carencias tecnológicas (computadoras, conexión a Internet…) para implementar el teletrabajo, en específico.

Sumergirse en este tejido de opiniones corrobora lo útil de alejarnos de las polarizaciones extremistas, o sea, de los análisis en blanco y negro, para darles paso a los matices.

Pongamos todo en su justo tiempo. El trabajo a distancia no nació con la irrupción de la COVID-19 en Cuba; recuérdese que el Gobierno central lo promovió en medio de las tensiones energéticas vividas en septiembre del 2019, cuando la administración de Donald Trump elevó a cotas inéditas la persecución de los tanqueros destinados al traslado de combustible hacia la isla caribeña.

Con ese precedente, apenas el SARS-CoV-2 bajó la escalerilla del avión y pisó territorio nacional en marzo del año anterior, las autoridades retomaron la medida, que persigue, por encima de todo, limitar la expansión del maldito virus y, por tanto, preservar la vida de las personas. Ese único propósito debiera bastar para derribar cada talanquera administrativa interpuesta para ampliarla.

En este escenario, el Ministerio de Finanzas y Precios ofreció señales de mentalidad abierta —conectada, además, con el imperativo de ahondar el proceso de informatización de la sociedad—, al suscribir la Resolución No. 391 del 2020, la cual modificó el Procedimiento de Control Interno No. 1, Elementos claves sobre movimientos de activos fijos tangibles.

La normativa dio el visto bueno a la utilización de los llamados medios básicos fuera de la entidad para favorecer el teletrabajo y el trabajo a distancia, en general. Obviamente, no se trata de que te llevas esta computadora para la casa y sanseacabó; deben mediar un modelo como constancia de la operación y un acta de responsabilidad material, que detalle las condiciones del préstamo.

Nadie considere que la referida modalidad se distancia de lo legal; la Ley No.116, Código de Trabajo, del 20 de diciembre del 2013, prevé en su Artículo 24 que los contratos deben contener el lugar de trabajo acordado entre las partes, horario, duración de la jornada y el régimen de trabajo y descanso.

Aunque la legislación abre las puertas a la variante laboral, no habla de esta con pelos y señales; de ahí que, a inicios de año, la Dirección de Empleo del MTSS expusiera que asumían la elaboración de un reglamento para que el trabajo a distanciamiento tendiera velas definitivamente, pues genera ahorros, eficiencia y beneficios importantes para la nación, no solo en tiempos pandémicos. Será provechoso para empleadores y empleados siempre y cuando existan resultados favorables de por medio; lo que presupone que el trabajador rinda y, digámoslo claro, no se escude en esa facilidad para ser gestiones personales constantemente en la calle, donde podría contagiarse con el SARS-CoV-2.

En fin, urge pasar del prejuicio a la comprensión de su valor; lo cual incluye la búsqueda de modos de control por parte de los directivos de las entidades y de los jefes inmediatos, que permitan medir los rendimientos del trabajador en casa, o sea, verificar si no se le está regalando el salario.

3 comentarios

  1. El problema no está en la hora ni en el momento que se realiza el trabajo sencillamente en que se cumpla.Ahora que le tocaría a los directivos de la entidad supervisar el trabajo, ver que este se haga con la calidad requerida y que se cumpla su entrega en la fecha convenida con la entidad

  2. El problema es que en ocasiones se ha comprobado que el trabajo a distancia se haca en las cola de las tiendas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *