El Moncada en la memoria de Cuba

El Cuartel Moncada fue convertido en una importante institución educacional.El asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, de Santiago de Cuba y Bayamo, en ese orden, no resultó una acción casual; sino que respondió a la estrategia diseñada por Fidel Castro, líder de la Generación del Centenario.

La historia no puede sepultarse; hoy somos porque hubo un ayer heroico. Toda Cuba se torna homenaje por estos días al conmemorarse el aniversario 59 del asalto a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, localizados en la región oriental de la isla.

Mucho se ha escrito acerca de la importancia de aquellos acontecimientos del 26 de Julio de 1953, dirigidos por el entonces joven abogado Fidel Castro Ruz y hoy Comandante en Jefe y líder de la Revolución cubana.

A la hora de valorar la citada acción no puede obviarse un antecedente: el golpe militar del 10 de marzo de 1952 del dictador Fulgencio Batista, que agudizó los males de la República Neocolonial y aplastó los derechos democráticos conquistados con la Constitución de 1940.

En el escenario nacional se entremezclaban una serie de condiciones objetivas y subjetivas que propiciaron una situación revolucionaria, tenida en consideración por Fidel Castro en el momento de delinear su estrategia de lucha.

En el orden económico no deben perderse de vista la crisis existente (el latifundio, la monoproducción y la dependencia del mercado de Estados Unidos), las restricciones en la producción azucarera y la corrupción administrativa generalizada.

La existencia de un gobierno inconstitucional, que implantó la represión política, y el panorama social, marcado por el desempleo, salarios ínfimos y problemas con el acceso a la salud y la educación, enrarecían la vida nacional.

En este contexto surgió la Generación del Centenario -en recordación del aniversario 100 del natalicio de José Martí-, que se convirtió en la vanguardia del proceso de cambio gestado en Cuba.

Al frente de ese grupo de jóvenes se encontraba Fidel Castro y estaba compuesto en buena medida por elementos honestos del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), cuya dirección política mostró una posición vacilante y, por tanto, cuestionable, durante el golpe militar del 10 de marzo.

La historia recoge que la Generación del Centenario se nutrió de trabajadores, campesinos, estudiantes y profesionales, quienes abogaban por un cambio radical en la isla a partir de la lucha armada revolucionaria.

La estrategia de Fidel Castro tuvo entonces como puntal el asalto a las guarniciones militares Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, que lo  preparó y organizó de manera meticulosa, sin desconocer el empeño mayúsculo en la búsqueda de los recursos necesarios para la epopeya.

En un artículo publicado en julio de 1961, al cumplirse ocho años de los hechos, el Presidente cubano General de Ejército Raúl Castro expresó:

“Aquel no era el asalto a una fortaleza para alcanzar el poder con la acción de un centenar de hombres: era el primer paso de un grupo decidido para armar al pueblo de Cuba e iniciar la Revolución (…) No era un putsch que tuviera el propósito de buscar un triunfo fácil sin masas: era una acción de sorpresa para desarmar al enemigo y armar al pueblo, a fin de emprender con éste la acción revolucionaria armada”.

El fallo del factor sorpresa en el ataque de ambas fortalezas constituyó uno de los factores que condujo al revés militar de los jóvenes combatientes. Sin embargo, se abría otro capítulo en la historia de Cuba, donde se incluirían más tarde el desembarco del yate Granma, el levantamiento armado del 30 de noviembre de 1956, la lucha clandestina y en la Sierra Maestra y el triunfo del Primero de Enero de 1959.

Con las acciones del 26 de julio de 1953 se perfiló todavía más la guía y dirección de Fidel, quien señalaría luego:

“El Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victorias. No fue la única amarga prueba de la adversidad, pero ya nada pudo contener la lucha victoriosa de nuestro pueblo. Trincheras de ideas fueron más poderosas que trincheras de piedras. Nos mostró el valor de una doctrina, la fuerza de las ideas, y nos dejó la lección permanente de la perseverancia y el tesón en los propósitos justos. Nuestros muertos heroicos no cayeron en vano. Ellos señalaron el deber de seguir adelante, ellos encendieron en las almas el aliento inextinguible, ellos nos acompañaron en las cárceles y en el destierro, ellos combatieron con nosotros a lo largo de la guerra. Los vemos renacer en las nuevas generaciones que crecen al calor fraternal y humano de la Revolución”.

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