Islas Malvinas, vaticinio cumplido

Londres luchó por mantener su coloniaje sobre unas islas situadas a más de 10 000 kilómetros de sus costas. En 1983 estudiosos soviéticos auguraron que el conflicto por las islas del Atlántico Sur entre Inglaterra y Argentina a inicios de 1982 tenía y tendría grandes repercusiones internacionales. La vida les dio la razón.

Tres décadas han resultado suficientes para aquilatar en su justa medida las implicaciones internacionales del conflicto del Atlántico Sur entre Argentina e Inglaterra, del 2 de abril al 14 de junio de 1982, por las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias del Sur, en el corto, mediano y largo plazos.

Cuando en aquel día brumoso de mediados de junio del 82 los ingleses re-izaron su bandera sobre Puerto Argentino, las tropas en el terreno y las autoridades en Londres empezaron a festejar una victoria militar que devino, sin embargo, uno de los mayores reveses políticos y geoestratégicos en la historia de la pérfida Albión y sus aliados estadounidenses.

Varias cosas han quedado claras desde entonces. Una de ellas es que si Inglaterra hubiera cedido en 1982, y Argentina hubiese conservado sus ínsulas, hoy apenas se hablaría del asunto, salvo en las conmemoraciones oficiales anuales, matizadas quizá con un día festivo nacional el 2 de abril, pero hasta ahí.

Consultando artículos de estudiosos soviéticos sobre el tema y que fueron publicados en 1983 por el Departamento de Ciencias Sociales Contemporáneas de la Academia de Ciencias Sociales de la URSS, se constata el admirable acierto al valorar el conflicto anglo-argentino en cuanto a sus repercusiones inmediatas, mediatas y futuras.

El entonces candidato a Doctor Víctor Lunin acotó: “La acción imperialista de Inglaterra, apoyada por EE.UU., derivó una paradoja: reaccionaron del mismo modo fuerzas tan diversas como el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, y la propia junta de gobierno salvadoreña; los gobiernos de Nicaragua y Uruguay, de Granada y Haití, de Cuba y Guatemala”.

Del mismo modo, destacaba Lunin, fracasó el intento de Washington y Londres de enmarcar el conflicto malvinense en el contexto de la confrontación Este-Oeste, acerca de lo cual el diario argentino Clarín escribió: “Nuestro conflicto de las Malvinas no es resultado de un enfrentamiento entre el Este y el Oeste, sino entre un Norte rico y un Sur subdesarrollado”.

Y vaticinaba Lunin: “El conflicto anglo-argentino se convirtió en una ‘lección’ perdurable para el continente, cuyas consecuencias se reflejarán en la actividad internacional de las repúblicas latinoamericanas durante un período prolongado”.

Como resultado inmediato de la derrota, Argentina dejó de ser el “aliado ideal” de Washington en América Latina. De El Salvador fueron retirados los 200 especialistas militares gauchos que asesoraban al régimen en su lucha contra las guerrillas izquierdistas, y de la Junta Interamericana de Defensa, los representantes de Buenos Aires.

Otra consecuencia fue que el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) recibió un golpe de muerte y las relaciones entre Cuba y Argentina tuvieron un impulso singular después de que la Isla “prestó enorme ayuda a Buenos Aires como líder del Movimiento de Países no Alineados, organización en la que Argentina redobló su participación”.

Por su parte, el también candidato a Doctor en Ciencias Históricas Borís Martynov, señaló que en la OEA, de 21 países, 17 apoyaron sin cortapisas a la Argentina, sin contar a Cuba, que no es  miembro. La resolución de la OEA, adoptada en aquel momento, condenó no solo a la Gran Bretaña, sino también a sus aliados de la Comunidad Económica Europea que la apoyaron con sus sanciones económicas contra Buenos Aires.

Martynov destaca los resultados  del X período de sesiones del Parlamento Latinoamericano, efectuado en Bogotá, Colombia, en agosto de 1982, en cuyo transcurso se propuso revisar la Carta de la OEA y trasladar la sede de dicha organización de Washington a Brasilia. De esos días y debates salió como resultado que la OEA anulara el carácter obligatorio de las sanciones contra la Cuba revolucionaria.

“El Parlamento, acota el estudioso ruso, por iniciativa del presidente colombiano Belisario Betancur adoptó una resolución para crear la “Comunidad de Naciones Latinoamericanas”, ¿no les recuerda algo?, para lo cual se firmó el tratado correspondiente en una conferencia de presidentes de las repúblicas del área.

De todo ello se deriva como otra consecuencia adicional, el fracaso de Washington en crear en la zona meridional del continente, la llamada Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS), un remedo de OTAN del que formarían parte la Suráfrica del apartheid, Brasil, Argentina y la propia Inglaterra, entre otros aliados de Washington…

Como destaca el Doctor en Ciencias Históricas Karénts Brútents, las ambiciones de Washington por establecer la OTAS, contar con una vía alternativa al Canal de Panamá y utilizar las islas argentinas para su provecho propio como base militar y, quizá, zona de explotación petrolera, lo llevaron a no medir las consecuencias.

Haciendo abstracción del período en que gobernó en Argentina el impopular y apóstata Carlos Saúl Menem, que como el mismo dijo, estableció “relaciones carnales” con Washington, la tendencia general de Buenos Aires ha ido in crescendo hacia una política nacionalista y a la vez latinoamericanista, reivindicadora de su soberanía sobre los archipiélagos del Atlántico Sur.

La creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños el 2 de diciembre del 2011 en Caracas, Venezuela, vino a confirmar la inclinación estable hacia la exclusión de los Estados Unidos y Canadá del sistema interamericano, lo que se puso de manifiesto en la reciente Cumbre de las Américas, en la ciudad colombiana de Cartagena, donde el tema de las Malvinas fue uno de los puntos cardinales, junto al de la ausencia de Cuba.

Así, cabe reiterar que la reconquista de las islas por Inglaterra el 14 de junio de 1982, constituyó al mismo tiempo la mayor debacle geopolítica auto infligida por un imperio en la historia de los tiempos actuales, con consecuencias aún peores para su incondicional aliado trasatlántico.

El torpedo que el 2 de mayo de aquel año hundió al crucero argentino General Belgrano en las gélidas aguas del Atlántico Sur, hundió también la política yanqui-británica de dominación en América Latina y el Caribe y dio impulso adicional a la propagación del ideal bolivariano de constituir una gigantesca confederación de repúblicas hermanas de más de 20 millones de kilómetros cuadrados y cerca de 600 millones de habitantes.

One comment

  1. Excelentes y legitimos comentarios donde se prueba las manipulaciones del imperialismo norteamericanos por lo que yo considero el imperialismo pura fachada y descaro por la gran cantidad de mentiras que meten donde solo los tontos e incautos creen los imperialista yanguis han tratado hacerse pasar por altruistas justos y benefactores de los pueblos para mi lo que son unos infames que dejaron la verguenza y dignidad encerradas en las prisiones que tienen el la casa blanca pero en la unidad esta la fuerza el ALBA EL CELAC y otras organizaciones no afiliadas al imperialismo yangui han de conseguir resolver y solucionar que las MALVINAS vuelvan ser partes de la ARGENTINA. Lazaro

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