USA: el despojo de la inteligencia ajena

El Congreso de EE.UU. aprobó el 2 de noviembre de 1966 la conocida Ley de Ajuste Cubano.  En Estados Unidos y otras naciones el robo de cerebros constituye una práctica cotidiana que desangra la economía y golpea la sociedad  subdesarrollada. En cuanto a Cuba, la Ley de Ajuste Cubano multiplica sus perniciosos efectos.

El tema despunta por su importancia y está en boca de muchos: La tan cacareada potencia científica y tecnológica norteamericana y la de otros que actúan como sus vasallos depende en grado superlativo de intelectos ajenos provenientes de distintas partes del mundo, hasta extremos que van desde lo sublime a lo ridículo.

Leemos los reportes de una olimpiada ajedrecística y vemos en el equipo estadounidense nombres de rusos nacionalizados como Gata Kamski y Alexander Onischuk, y japoneses, como Nakamura. Su escuadra de ping pong olímpica ha sido reclutada mayoritariamente

en… Hong Kong, y sus integrantes suelen comer arroz con palitos.

En USA es creencia generalizada -y errónea- que fueron las dos bombas atómicas lanzadas criminalmente sobre Japón las que le posibilitaron vencer al país asiático a finales de la II Guerra Mundial, pero esconden que en el Proyecto Manhattan, que permitió desarrollar el arma nuclear, el equipo científico estaba conformado casi en su totalidad por extranjeros.

Hoy, entre los Premios Nobel de la superpotencia, una fracción importante procede de otras latitudes y llegaron a la Unión americana tentados por las mejores condiciones de trabajo y mayores ingresos. Eso, sin contar la apropiación de inventos y descubrimientos ajenos, mientras defienden los “propios” con egoísmo y tenacidad increíbles.

En USA han sido notorias las captaciones masivas de talentos foráneos como la absorción de médicos británicos en los años 60, década que se inició con el despojo a Cuba de más de la mitad de los 6 000 galenos con que contaba.

Los casos de los ingenieros indios, los médicos africanos, los científicos latinoamericanos y los maestros y enfermeras del área del Caribe -empezando por Jamaica- que han sido captados por naciones industrializadas, con los Estados Unidos a la cabeza, aportarían material para redactar un tratado.

LA LEY DE AJUSTE…YANQUI

Se dice que en los Estados Unidos hay alrededor de millón y medio de cubanos, llegados allí a partir del Primero de Enero de 1959 y el triunfo de la Revolución liderada por Fidel Castro, la mayoría de ellos por las vías ilegal o “semilegal”, por medio de la emigración ordenada o en las tres oleadas migratorias de Camarioca, 1965; Mariel, en 1980, y la denominada «crisis de los balseros», en 1994.

Así, solo en los cuatro años comprendidos entre 1959 y 1962, llegaron a los Estados Unidos un total de 274 000 cubanos, de los cuales los primeros 70 000 arribaron al territorio de USA sin que mediara trámite migratorio alguno.

Hay que decir que aquella primera “invasión” migratoria de Camarioca en el 65 y el caos que generó en Estados Unidos, obligó al Congreso a pronunciarse sobre el tema, al aprobar el 2 de noviembre de 1966 The Cuban Adjustment  Act, conocida comúnmente en español como la Ley de Ajuste Cubano.

Contrariamente a la lógica y legalidad que debe prevalecer en este tema entre dos naciones soberanas vecinas, Washington no se proyectó en el sentido de frenar esa migración ilegal, sino que legisló para estimularla con el objetivo de desestabilizar a Cuba por medio del éxodo descontrolado de sus ciudadanos para generar descrédito y privarla de brazos y cerebros.

Según Manuel E. Yepe -junio del 2007-, “los aspirantes a inmigrar convocados por la Ley de Ajuste Cubano sirven al imperio como evidencia ‘del fracaso del sistema comunista imperante en la isla, la ruina de su economía y el incremento de la represión política del régimen cubano’ ”.

La doble criminalidad de esa legislación, que viola sucesivos acuerdos migratorios con Cuba, ha asimilado artilugios tan aberrantes como ese de los “pies secos, pies mojados”, por medio del cual, si alguien es sorprendido in fraganti en el intento de introducirse en USA, es devuelto, y si lo sorprenden en tierra con los zapatos lustrosos, es como si les anotaran un gol, pues ganan el permiso de residencia y trabajo en el plazo de un año.

Luego, ocurre que algunos individuos capturados con los zapatos llenos de agua han sido asimilados por razones de conveniencia interna, al ser declarados prófugos o perseguidos políticos, como ha acontecido con secuestradores de embarcaciones -o aeronaves-, en muchos casos ejecutores de crímenes.

¿A SUERTE Y VERDAD?

Por los acuerdos migratorios Estados Unidos-Cuba, se acordó que el primer país otorgara a su vecino antillano un mínimo de 20 000 visas anuales para que otros tantos ciudadanos pudieran trasladarse a territorio yanqui de forma ordenada y sin riesgos.

Pero luego ocurrió que en esto no deciden el deseo individual y el orden en que se presenten las solicitudes, el estado de salud del peticionario, etc., sino que se estableció una especie de sorteo llamado “bombo” para determinar de manera aleatoria.

Empero, como dice un argot popular, ese cuento es más largo, ya que son el Departamento de Inmigración de aquella nación, en contacto con el Departamento de Estado y la CIA, quienes deciden en última instancia. Y así, entre un pobre trabajador que lleva años pidiendo viajar, y un artista, o periodista, o profesional destacado que presentó ayer tarde su documentación, ya se sabe a quién le sonreirá la “suerte”…

En el caso particular de Cuba, donde se mezclan por parte de Washington aviesos fines destructivos contra la Revolución, junto a consideraciones esencialmente económicas, el robo de cerebros ha alcanzado proporciones realmente escandalosas.

Mientras los EE.UU afectan el desarrollo económico de la isla por medio del bloqueo para reducir al mínimo su actividad productiva, le extraen capital humano cuya formación ha requerido ingentes sumas y que se va al “Norte” en busca de mayores oportunidades.

Según datos aportados por Fidel Castro -17 de julio de 2007-: “Entre 1959 y el 2004 se graduaron en Cuba 805 903 profesionales, incluyendo médicos. La injusta política de Estados Unidos contra nuestro país nos ha privado del 5,16 por ciento de los profesionales graduados por la Revolución”.

Esos datos de hace cinco años significan que en ese lapso el imperio le robó a Cuba 41 584 graduados universitarios, de los cuales cerca de la mitad son médicos, estomatólogos y científicos. Si se tiene en cuenta que formar un galeno en USA cuesta entre 250 000 y 300 000 dólares, ya puede sacar el lector sus propias conclusiones.

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