Cuba propone a Obama diálogo sin precondiciones o gestos previos

El presidente estadounidense, Barack Obama, asume el 20 de enero su segundo mandato con el dilema de mantener el bloqueo a Cuba o escuchar el casi unánime reclamo mundial de que le ponga fin sin condiciones a esa medida coercitiva.

El presidente Raúl Castro reiteró en diciembre pasado ante el Parlamento de su país la disposición al diálogo respetuoso sobre todos los problemas bilaterales y dijo «que continúan sobre la mesa nuestras ofertas de cooperación en cuestiones de interés común, sin precondiciones o gestos previos».

Al referirse al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington durante más de medio siglo, el mandatario expresó que la comunidad internacional a través del voto, casi unánime de la Asamblea General de la ONU, lleva 21 años reclamando ese fin.

Raúl Castro, tras considerar que Obama posee facultades constitucionales para dar pasos significativos en esta dirección, afirmó que, con independencia de lo ocurra, «persistiremos en nuestro propio rumbo».

La posición cubana fue planteada en noviembre pasado por el canciller Bruno Rodríguez en la ONU, cuando instó al reelecto mandatario a establecer hacia su país una política «distinta a la de sus diez predecesores durante más de medio siglo».

Destacó que el primer gobierno de Obama se caracterizó por un persistente recrudecimiento de la medida unilateral, en particular en su dimensión extraterritorial.

«El uso de una retórica menos estridente y amenazadora y ciertas medidas parciales de flexibilización (…) no consigue ocultar el endurecimiento del bloqueo en el último cuatrienio», dijo Rodríguez.

Con anterioridad al gobernante demócrata, seis republicanos y cuatro de su partido ejecutaron acciones de todo tipo para doblegar al proceso liderado por Fidel Castro, quien desde la lucha guerrillera en las montañas orientales (1956-1958) advirtió que su batalla principal sería contra Estados Unidos, soporte político y militar del dictador Fulgencio Batista, derrocado el 1 de enero de 1959.

Aunque el presidente republicano, Dwight D. Eisenhower, reconoció al gobierno revolucionario el 7 de enero de 1959, de inmediato empezaron las confrontaciones, agudizadas a partir de la promulgación, el 17 de mayo de ese año, de una moderada reforma agraria, que afectó los grandes latifundios de 36 empresas azucareras estadounidenses.

Eisenhower aprobó el 11 de diciembre de 1959 un plan de la Agencia Central de Inteligencia cuyo objetivo sería «el derrocamiento de Castro en el término de un año y su sustitución por una junta amiga de los Estados Unidos».

Entre las medidas dispuestas por esa administración contra el gobierno revolucionario figuró la suspensión, el 6 de julio de 1960, de la cuota azucarera cubana en el mercado preferencial estadounidense, considerada la primera acción importante en la guerra económica contra la isla.

Un mes después La Habana respondió con la nacionalización de las fábricas de azúcar y otras empresas estadounidenses, incluyendo las de teléfonos y electricidad.

El rompimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, el 3 de enero de 1961, y el financiamiento y preparación de la brigada militar 2506 formaron parte de la política de Eisenhower hacia el país caribeño.

El demócrata John F. Kennedy (1961-63) dio luz verde a la invasión de mil 500 hombres el 17 de abril de aquel año por la bahía de Cochinos, calificada por Fidel Castro de herencia que le dejó el anterior mandatario y que «estaba decidida» cuando él tomó posesión el 20 de enero de 1961.

Esas fuerzas, trasladadas por barco desde Puerto Cabezas, Nicaragua -con protección naval y aérea de las Fuerzas Armadas estadounidenses-, fueron derrotadas en menos de 72 horas por el Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias, mientras en Miami aguardaba un «gobierno provisional» que pediría reconocimiento internacional si triunfaba la operación.

También Kennedy oficializó el 3 de febrero de 1962 el bloqueo económico, comercial y financiero que, según las autoridades cubanas, ha causado pérdidas por un billón 66 mil millones de dólares hasta 2011; y el 14 de marzo siguiente la Operación Mangosta «a fin de ayudar a derribar al régimen comunista en Cuba».

Kennedy fue asesinado el 23 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas, y en el magnicidio participaron elementos de origen cubano radicados en Miami, de acuerdo con investigaciones no oficiales.

Arthur M. Schlesinger Jr, quien fuera su asesor en la Presidencia, declaró en octubre de 2002 en La Habana haber sido testigo directo de intenciones de Kennedy de mejorar las relaciones con Cuba después de la crisis de los cohetes de octubre de 1962.

Ese año la aviación estadounidense detectó el emplazamiento de misiles en Cuba y Kennedy decretó un bloqueo naval y aéreo en sus alrededores, generando una crisis de alcance mundial, resuelta en negociaciones directas del gobernante norteño con el primer ministro de la entonces Unión Soviética, Nikita Jruschov, en las que se ignoró a Cuba.

En conversación con periodistas, Schlesinger Jr expresó (…) «que, pese a muchas cuestiones que reclamaban su atención, ya el Presidente (Kennedy) estaba pensando en vías y formas para concretar su acercamiento con La Habana. Pero sus esfuerzos fueron cortados con su asesinato a finales de ese año (1963)», dijo.

El también demócrata Lyndon B. Johnson (1963-1969) continuó las acciones contra Cuba, entre las cuales figura la aún vigente Ley de Ajuste Cubano (1966), que ha estimulado la emigración ilegal hacia Estados Unidos y provocado tragedias. En una de ellas sobrevivió en 1999 el niño Elián González, devuelto al año siguiente tras una dura batalla legal.

Los republicanos Richard Nixon (1969-74) y Gerald Ford (1974-1977) prosiguieron en la misma política anti-cubana, que se atenuó con la llegada a la Casa Blanca del demócrata James Carter (1977-1981).

En su administración se establecieron las Oficinas de Intereses -especie de consulados- en La Habana y Washington, se delimitaron las fronteras marítimas entre Cuba, Estados Unidos y México, y se reconoció el derecho de los ciudadanos cubano-norteamericanos a viajar a la isla, limitado por las siguientes administraciones.

Carter viajó a Cuba en 2002, invitado por Fidel Castro, quien dijo que siempre tuvo una buena opinión del expresidente «como un hombre de ética, de moral».

«Aunque era jefe de un imperio odioso tenía calidad humana, no era asesino ni genocida (…) era un hombre decente, lo más que puede serlo alguien que está gobernando un país con tantos intereses, privilegios y tanto poder», expresó después al periodista francés Ignacio Ramonet.

Los períodos de los republicanos Ronald W. Reagan (1981-1989) y George H. W, Bush (1989-1993) continuaron el camino iniciado por Eisenhower mientras el demócrata William F. Clinton (1993-2001) sancionó en 1996 la denominada Ley Helms-Burton, que endureció aún más las acciones de la Ley Torricelli, firmada por Bush (padre) en 1992.

La administración de su hijo George W. Bush (2001-2009) ha sido una de las más agresivas contra Cuba y entre sus medidas se hallan las restricciones de los viajes de los cubano-americanos a la isla y de los montos de las remesas a sus familiares.

Obama derogó esas dos últimas acciones y flexibilizó los viajes de naturaleza académica, científica, aunque los de ciudadanos estadounidenses a la isla requieren de licencias gubernamentales, sujetas a estrictos requisitos.

Cuba ha denunciado que durante la actual administración el férreo bloqueo se ha endurecido cada día, sobre todo por la persecución a las transacciones y a compañías extranjeras con vínculos con la nación caribeña, pese a la oposición de la inmensa mayoría de los países del mundo.

En sus próximos cuatro años de gobierno, el mandatario tiene la posibilidad de eliminar el último rezago de la Guerra Fría, para lo cual no solo cuenta con el apoyo de la comunidad internacional sino la mayoritaria población de los Estados Unidos.

 

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