Stalingrado en la historia

Las hordas motorizadas de la Wehrmacht avanzan hacia Stalingrado.En 200 días de enconadísimos combates entre el Don y el Volga, la flor y nata del Ejército fascista alemán sufrió una derrota catastrófica que marcó el inicio del viraje en la Segunda Guerra Mundial.

Han pasado 70 años de aquella gesta inmarcesible que causó cientos de miles de víctimas, decenas de miles de mutilados e incontables sufrimientos en los dos bandos enfrentados, pero la grandiosa batalla de Stalingrado marcó en la historia, para todos los tiempos, el límite moral y físico a la ambición de los imperios.

Nunca antes en los anales de las guerras había ocurrido que una agrupación tan grande de tropas como la que tenía la Wehrmacht en la zona de la gran ciudad del Volga pudiese ser cercada y destruida, pese a estar integrada por más de 300 mil soldados selectos del III Reich que se habían paseado victoriosos por media Europa y habían desfilado a la sombra del Arco del Triunfo y de la Torre Eiffel.

Los otrora prepotentes generales de Hitler no entienden cómo pudo ocurrir la catástrofe.Las fáciles victorias obtenidas en el Occidente del Viejo Continente embriagaron a Hitler y a sus generales, quienes, obcecados por su ambición sin límites y sus sueños de dominación mundial, concibieron el Plan Barbarossa (Barbarroja), destinado a derrotar a la Unión Soviética y apoderarse de sus inmensos recursos.

Según reconoció luego en su etapa de cautiverio el mariscal de campo Frederich Von Paulus, quien participara en la elaboración del siniestro proyecto, llevados por la subjetividad de Hitler, el potencial militar e industrial de la URSS fue calculado por lo menos dos veces por debajo de su magnitud real, lo que les trajo, a la postre, nefastas consecuencias.

Y no se trató solo de los aspectos materiales, sino que fueron incapaces de valorar la fortaleza moral del pueblo ruso y de otros que formaban el multinacional país, de su régimen social y de la capacidad de convocatoria del Partido Comunista para concentrar todas las fuerzas del Estado soviético en aras del triunfo sobre un enemigo encarnizado y cruel que se proponía eliminar la mitad de la población autóctona.

¿POR QUÉ STALINGRADO Y EL CÁUCASO?
La gran batalla de Stalingrado y la arremetida de los ejércitos alemanes hacia el Cáucaso, a mediados de 1942, estuvo determinada por el curso inicial de las acciones contra la URSS, a partir del 22 de junio de 1941, fecha de la agresión, cuando trataron de aplicar infructuosamente su estrategia de guerra relámpago (Blitzkrieg) que tantos éxitos les deparó en Occidente.

Entonces avanzaron en un frente continuo de más de 3 000 kilómetros, desde el Báltico al Mar Negro, intentando tomar sobre la marcha importantes ciudades como Leningrado, Kiev, Minsk y otras, según el cálculo de que la campaña duraría a lo sumo entre ocho y 12 semanas.

Medio año después aquellos sueños -ya en entredicho- se vinieron abajo estrepitosamente en las inmediaciones de Moscú, cuando el Plan Tifón, concebido para derrotar al Estado soviético con la ocupación de su capital, terminó en una verdadera debacle que costó a los agresores más de 500 000 hombres, 1 300 tanques, 2 000 cañones y cerca de 15 000 camiones. Las tropas hitlerianas fueron expulsadas a una distancia entre 150 y 300 kilómetros hacia el oeste.

Todo ha terminado. En manos soviéticas quedan 147 000 cadáveres y 91 000 prisioneros.POR EL PETRÓLEO Y LOS CEREALES
El efecto de la derrota en diciembre del 41 a las puertas de Moscú resultó demoledor para las altas esferas del régimen nazi y sus fuerzas armadas. A las tropas se les ordenó pasar a la defensa y tratar de conservar posiciones para la campaña de verano. Alemania movilizó en su territorio y en los países ocupados todos los recursos posibles en hombres y material de guerra, dejando las guarniciones mínimas indispensables. A los estados satélites se les pidió realizar aportes mayores en materias primas, productos y en soldados para el frente.

El Estado Mayor General de la Wehrmacht cambió sus planes. Ahora enfilaría buena parte de su potencial ofensivo hacia el Don y el Kubán, con el Cáucaso como objetivo estratégico. De lo que se trataba era de apoderarse de las ricas regiones cerealeras de la URSS y del petróleo caucasiano que tanto necesitaba el III Reich, y privar a la URSS de esos recursos vitales para provocar su rendición.

LA BATALLA DE STALINGRADO
Desde finales de agosto de 1942, Stalingrado pasó a estar en la línea del frente, aunque antes de esa fecha era bombardeada casi a diario. A mediados de septiembre ya se combatía en sus arrabales occidentales y se aceleró la evacuación de fábricas y de la población civil.

Los combates ganaron en intensidad y se hicieron encarnizados. La aviación alemana imprimió un ritmo febril a sus ataques, combinados con barrajes de artillería y la embestida de los tanques y la infantería.

El fuego no cesaba ni de día ni de noche, el asfalto de las calles se derretía por el calor de los incendios y los edificios se derrumbaban sobre sus moradores. La lucha cobraba un número elevado de víctimas en ambos bandos.

El enemigo atacaba en un frente de 65 kilómetros con las unidades selectas del VI Ejército de Choque al mando del general Von Paulus y parte del IV Ejército de Tanques del general Hoth, que le estaba subordinado. Ante esta situación, el alto mando soviético ordenó a sus Ejércitos 62 y 64 resistir a cualquier precio dentro de la ciudad, pelear a muerte contra el odiado invasor con el mínimo de tropas posible, mientras se les apoyaba con lo indispensable desde la orilla oriental del Volga.

Octubre fue también un mes terrible para los defensores, que no tenían descanso a ninguna hora, sufrían en algunos casos 23 bombardeos aéreos en una jornada sin contar los golpes artilleros y las arremetidas de la infantería, pero a fines de ese mes se empezó a notar un descenso en la fuerza ofensiva de los soldados nazifascistas que pasaban progresivamente a la defensa.

CONTRA GOLPE Y CERCO
El Gran Cuartel General, encabezado por el propio José Stalin, y el Estado Mayor Central del mando soviético concibieron, basándose en la situación en el ala sur del frente soviético-germano, la realización de una gigantesca operación que permitiría el aniquilamiento del grupo de tropas enemigas en la zona de Stalingrado.

Así, merced a la movilización de los recursos del inmenso país, la creación de nuevas unidades y el completamiento de otras desgastadas en el frente, dotadas con el más moderno material bélico de la época, fueron creadas formidables agrupaciones de tropas de gran poder ofensivo.

A estos ejércitos se les acercó secretamente al frente en medio de las mayores medidas de camuflaje y compartimentación. Un grupo muy potente de grandes unidades fue dislocado al oeste de Stalingrado y otro al este, frente a los flancos del dispositivo enemigo, cubiertos por tropas rumanas e italianas de menor poder combativo.

El 19 de noviembre pasaron a la ofensiva las tropas del Frente Suroeste y del ala derecha del Frente del Don, las que rompieron la defensa del adversario y se precipitaron a su profunda retaguardia. El 20 de noviembre emprendieron el ataque las del Frente de Stalingrado, al sur de la ciudad y avanzaron combatiendo duramente al encuentro de sus camaradas, logrando cerrar el anillo el 23 de noviembre a las 16 horas, después de aniquilar a numerosas divisiones rumanas, italianas y alemanas y capturar a cerca de 30 000 prisioneros.

En la gigantesca bolsa quedaron copados unos 330 000 soldados enemigos que ya no tuvieron un minuto de sosiego. Contra sus posiciones empezó a estrecharse el anillo interior del cerco, mientras el frente exterior enfrentaba los ataques que pretendían liberarlos. En los días y semanas ulteriores ellos rechazaron las embestidas de las tropas del Mariscal Manstein, que por órdenes expresas de Hitler intentaba a toda costa abrir brecha en las líneas soviéticas.

En medio de un frío insoportable, sin ropa de invierno, cubiertos de harapos y con muy pocos alimentos, los invasores cercados sufrieron los mayores suplicios. Más de 18 000 heridos germanos agonizaban en precarios abrigos, sin medicamentos.
Sucesivos llamados a la capitulación fueron rechazados por el mando alemán, que condenó así a los suyos a la peor de las tragedias. Por fin el 2 de febrero de 1943 capitularon los restos de lo que fuera una formidable agrupación de choque. Fueron tomados prisioneros el Mariscal de Campo Frederich von Paulus y 24 generales, así como 91 000 hombres. Entre las ruinas de Stalingrado y sus alrededores yacían 147 000 cadáveres alemanes.

El Ejército Rojo derrotó entre los ríos Volga y Don a cinco ejércitos enemigos, de estos, dos alemanes, el Sexto y el IV, uno italiano, el Octavo, y dos rumanos, el Tercero y el Cuarto. Desde el inicio de la gran batalla del Volga, hasta su final, las fuerzas armadas de la Alemania fascista y sus aliados perdieron entre muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos, hasta un 1 500 000 hombres, o sea, el 25 por ciento de todas las que poseían en el Frente Oriental.

En Alemania se decretaron tres días de duelo nacional. Las fuerzas antifascistas en los países ocupados recibieron un fuerte impulso. En todo el mundo suscitó un júbilo inmenso la gran victoria del pueblo soviético. El Tercer Reich había perdido la iniciativa estratégica. Adiós a los cereales y al petróleo ajeno. La enseñanza ha quedado para todos los tiempos. Sírvanse de ella los imperios.

One comment

  1. estas han sido las victorias militares mas importantes hasta hoy dia por la debacle y luego destruccion definitiva de la alemania facista e hitleriana no entiendo el por que los neoliberales e imperialismo yanki tienen olvidado este gran pasage de la historia pues deben darle las gracias al ejercito de RUSIA pues fueron los mayores gestores del derrumbe o derrota nacista com es logico en los imperialistas yanki siempre se han amparado detras o delante de la mentira ahora veo a las claras el porgue se hacen los sondo mudos pues no hablan de la verdad real RUSA parece siempre estan creando oscura sombra sobre RUSIA aun perduante. Lazaro

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