Linda flor reverdece

La totalidad del suelo está en explotación.Primero de su tipo creado en la provincia, este organopónico se distingue por la diversidad productiva.

Bastaría mirar la condición de la Triple corona, máxima distinción que otorga el Grupo Nacional de Agricultura Urbana en el país, para comprender que el organopónico Linda flor atesora méritos individuales que lo convierten en referencia dentro de esta modalidad agrícola.

Primero de su tipo creado en la provincia y con 17 años de trabajo, la instalación transita actualmente por una etapa de plena consolidación productiva y de eficaz manejo de las técnicas agroecológicas, avales que la llevaron a ser la pionera de su tipo en Cuba en recibir ese reconocimiento de la Agricultura Urbana.

Situado en las intersecciones de la Circunvalante Norte y la calle Sobral, Linda flor explota una hectárea y cultiva 36 variedades de flores, en tanto cuenta con una fuerza laboral sui géneris: 15 trabajadores de avanzada edad.

CULTIVO EXIGENTE

Desde afuera la producción de flores parece algo sencillo; sin embargo, requiere conocimientos, trabajo y constancia, “porque el clima es agresivo, si llueve mucho es malo, si hay mucho sol, también. La primavera es buena para algunas especies, pero en la época de frío es cuando las flores lucen más”, expone Edith Romero Rodríguez, administradora y fundadora.

“Recientemente tuvimos dos grandes noticias -explica Edith- obtuvimos la Triple Corona y la respuesta del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de que el organopónico se mantendría en su lugar, porque existía una solicitud de este terreno para construir viviendas, pero se entendió nuestro reclamo, de manera que seguiremos la producción aquí, donde hay una infraestructura creada y en plena explotación”.

Veinticinco cámaras grandes y otras áreas de siembra directa conforman la plataforma donde cultivan diversidad de especies, plantas ornamentales y medicinales, fundamentalmente.

“Esto lo construimos con nuestros ingresos, buscando los palos en el monte”, afirma la administradora. Más allá de las ofertas de gladiolos, azucenas, claveles, dalias y lirios, entre otras flores muy demandadas, la producción de la semilla define uno de los avances más notables del colectivo.

Someten la simiente a tres fases de cultivo y obtienen un bulbo de calidad. “La semilla de la flor es cara, por eso producimos aquí la de cada especie, esa posibilidad nos hace sustentable la producción”, subraya Edith Romero.

OBREROS DE CONSTANCIA

Al decir de la administradora siempre le ha gustado trabajar con personas mayores, de ahí que el régimen laboral de Linda flor está adaptado a ese tipo de obrero. “Soy de los primeros en llegar, relevo al sereno -expresa Raúl Pérez, un organoponista de 84 años-. Trabajo la mañana para protegerme del sol, riego agua, guataqueo, corto flores y así, asumo lo que haga falta”.

“Me va bien en este organopónico -dice Braulio Oria-. Venimos de lunes a sábado, siempre por la mañana, tengo un salario básico de 400 pesos, pero se estimula por la producción, no hacen descuentos por enfermedades ni por problemas familiares; todas esa consideraciones motivan al colectivo a seguir aportando nuestro esfuerzo y a sentirnos útiles”.

El decano de la nómina es Elpidio Romero, tiene 91 años y, al decir de Edith, “el día que no viene a guataquear se enferma”.

Uno de los grandes desafíos del colectivo es producir el príncipe negro (rosa roja) porque, por un lado es de las flores más demandadas y, por otro, “es la más difícil de lograr, no se puede cortar y sembrar, hay que injertarla”, refiere Braulio Oria.

Aun cuando la demanda es mayor a la producción, Linda flor vende directamente y oferta servicios a la población y organismos de arreglos florales para actividades y fechas señaladas; “también incorporó a través del teléfono 32 9151 la posibilidad de hacer un encargo y el servicio de mensajería a domicilio, modalidad esta última muy utilizada por los jóvenes en fechas específicas, quienes además acuden frecuentemente a la instalación en busca de un príncipe negro ó, en su ausencia, de un gladiolo”, afirma Edith Romero.

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