Un verano de azul

Hasta la playa Ancón llegan diariamente cientos de vacacionistas.Trinidad asume un alto número de turistas que combinan la visita al centro histórico de la villa con el disfrute del baño en las playas del litoral.

La mañana del 9 de julio resulta propicia para los bañistas que en grupos pequeños se disgregan por las blancas arenas de Ancón; algunos, ávidos de entrar al agua, dejan fuera sus pertenencias para hundirse con las olas que llegan apacibles hasta la orilla; otros buscan refugio del sol debajo de una de las sombrillitas de guano que fueron construidas o reparadas a lo largo del litoral.

Pasadas las 12 del mediodía la playa sigue en espera del arribo de turistas, no importa de dónde vengan, solo que esta vez la presencia es poca debido, en lo fundamental, a la falta de transporte. Así lo confirmaron todos los encuestados por Escambray.

No obstante, se denota un esfuerzo en el reforzamiento de las ofertas alimenticias, la limpieza y recogida de basura, la colocación de cestos y el rescate de los baños públicos, atendidos por un trabajador de Comunales, en los cuales hasta las duchas funcionan sin dificultad, pero el depósito de agua se encontraba sin plumas.

LA GASTRONOMÍA SE IMPONE

Una mirada escudriñadora en el restaurante Ancón deja ver el orden y confort de esta unidad, preparada con gusto para la llegada de la etapa estival y responsable, además, de ofertar platos de la comida criolla y potenciar la venta en cajitas y el servicio de cantina.

Así lo confirma Nora Cárdenas Soria, segunda administradora del lugar, quien reconoce que esta vez se potenciaron las entregas de recursos, no solo para el restaurante, sino también para el expendio en varios puntos, muy bien dispuestos y pintados.

“En los primeros ocho días de verano recaudamos 90 000 pesos y unos 400 CUC, lo que demuestra que cuando la gastronomía se prepara y ofrece un servicio rápido y adecuado, las personas sí acuden en busca de sus ofertas”, apunta Nora.

Una de las insatisfacciones, según la opinión de Dunier Ruíz y Yunaisy Merlín, residentes en Villa Clara, es la falta de cerveza dispensada. Alexander Castro, el dependiente del punto, reconoce que la entrada de la bebida se ha visto limitada. “Sólo seis toneles nos dieron para el inicio del verano y porque los fuimos a buscar a Sancti Spíritus -dice-; seguimos en espera de la rastra”.

Epifanio Valdivieso, el técnico del INDER tiene bien dispuesta el área de recreación con varios tipos de juegos y una net para el voleibol de playa; sin embargo, lamenta la poca afluencia de público. “Hoy no han entrado guaguas procedentes de Trinidad, yo escucho las opiniones de todos y se quejan de que entre La Boca y Ancón tampoco hay transporte, quienes vienen de la ciudad pagan hasta 15 pesos por una máquina particular”.

Pasada la una de la tarde la presencia de mosquito resulta insoportable. José Luis Silva Iznaga, un trabajador por cuenta propia, dice. ”Este año no fumigaron con la avioneta, como lo hacen siempre que se inicia el verano, por eso hay tanta plaga”.

Yamilé Muñoz Ortega, operario de la campaña antivectorial en Trinidad explica: “Lunes y martes visito las playas y reconozco que en Ancón no hay quien esté con esta carga de mosquitos, en cualquiera de esas cañadas, dentro del mangle, recojo muestras al por mayor, yo informé que era preciso actuar contra los roedores pero nada, hasta en los hoteles los turistas se quejan cuando nos ven llegar”.

A LA BOCA LE SOBRAN BAÑISTAS

Contradictoriamente, los bañistas que faltan en Ancón están aglutinados en La Boca. Es cierto que en este pedazo de mar existe toda una infraestructura que favorece el arribo de excursionistas, además de estar más cerca de la ciudad, pero en materia de playa sus condiciones están muy por debajo de las restantes del litoral.

Ofertas de todo tipo adornan el entorno en la calle principal, equipos de diversiones, helados, música mecánica en varios sitios, bebidas frías, como lo demanda el cliente y la presencia de puntos de venta estatales y particulares.

Una estrategia de la dirección de gastronomía en el municipio denota que la organización va más allá del simple servicio. Iris González Duran, al frente de la mayoría de las unidades del sector, incluido el restaurante Brisas del Guaurabo, explica: “Se movieron los administradores de centros de la ciudad para dirigir aquí durante julio y agosto, claro que este año contamos con transporte fijo que nos traslada desde Trinidad y nos regresa en horas de la noche.”

Sin demeritar lo que sucede en las playas, vale destacar que existen otras opciones tanto en los propios hoteles como en el Complejo Gastronómico La Chorrera o el Coppelia, que a pesar de su excelente confort carece de variedades de helados, aunque recurre a otras ofertas.

Muchos prefieren reencontrase con la historia o las tradiciones y buscan las propuestas de los museos o los centros recreativos de la ciudad. Eso sí, pocos sitios de Cuba son tan privilegiados para acoger el verano como Trinidad, escoltada por montañas, ríos, playas y un centro histórico que invita a disfrutar de la alegría que nos une.

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