El gobierno de Joseíto Ruiz

La localización años atrás del documental Yaguajay, un pueblo alcalde (1950), revela la increíble historia de la única alcaldía socialista que logró reelegirse en la Cuba prerrevolucionaria, un referente de excepción

yaguajay, ayuntamiento, historia, alcalde
Vista del Ayuntamiento de Yaguajay, sede del Gobierno municipal hasta los días de hoy. (Foto: Archivo del periódico Escambray )

Dicen que durante su mandato al frente de la alcaldía socialista que gobernó seis años en Yaguajay, a Joseíto Ruiz no le podían faltar ni su guayabera blanca, impecablemente planchada, acaso un símbolo de la limpieza de su gestión; ni aquella pizarra de madera que colgó en una de las paredes del Ayuntamiento para consignar, centavo a centavo, los dineros que entraban y salían en las arcas del municipio.

La de Yaguajay fue una de las dos alcaldías que logró ganar el Partido Socialista Popular (PSP) –la otra fue la de Manzanillo, en 1940, con Francisco (Paquito) Rosales, primer alcalde comunista de Cuba, asesinado en febrero de 1958–, un triunfo de la izquierda que, a la luz del tiempo, pareciera más bien un verdadero milagro en medio de la política de guerra fría enfilada esencialmente contra todo lo que oliera a comunismo.

Ahora que nuestros municipios aparecen mejor posicionados en la nueva Constitución, con mayor autonomía y capacidad de gestión, el historiador Gerónimo Besánguiz, director del Complejo Histórico Comandante Camilo Cienfuegos, quien ha estudiado como pocos ese periodo de la República en Yaguajay, considera que el mandato de Joseíto Ruiz a partir de 1946, luego reelegido en 1950, constituye un referente excepcional tanto por la honradez y transparencia con que trabajó, como por las obras de beneficio público que consiguió.

«Se acabaron los botelleros; el que no trabaja, no cobra», fue uno de los slogans que popularizó José Ruiz Rodríguez, su nombre oficial, para limpiar una administración que él mismo venía denunciando año tras año, primero como obrero del central Narcisa y luego desde su puesto de Concejal en aquel mismo Ayuntamiento, donde los presupuestos iban a parar a cualquier lugar menos a donde se encontraban los más necesitados.
Siete centavos en caja y 70 000 pesos de desfalco fue lo que heredó Joseíto de sus antecesores, quienes además desvalijaron el local antes de entregarlo a los socialistas, desconectaron los cables eléctricos y hasta rompieron las máquinas de escribir y los baños sanitarios.

Ni corto ni perezoso, él ripostó con un política de mano dura que enseñó apenas tomó posesión de la alcaldía, cuando despidió a los 18 policías municipales que se desempeñaban como vulgares sargentos políticos y estableció orden en el cobro de los impuestos, donde hasta entonces los latifundistas y potentados casatenientes campeaban por su cuenta.

«El primer año recaudamos 66 000 pesos y cubrimos todos los compromisos del municipio. Tuvimos un superávit de más de 20 000 pesos y con ese dinero hicimos un presupuesto extraordinario. La administración socialista llegó a elevar el presupuesto anual a 99 000 pesos y todos los años tuvo superávit», reconoció el alcalde, ya fallecido, en entrevista con el periodista espirituano Pastor Guzmán Castro.

yaguajay, ayuntamiento, historia, alcalde
Joseíto Ruiz, uno de los dos militantes socialistas que ganaron alcaldías en la Cuba prerrevolucionaria. (Foto: Archivo del periódico Escambray)

UN PUEBLO ALCALDE

En el año 1950, cuando aspiraba a su segundo mandato, Joseíto podía aparecer lo mismo en la inauguración del parque de Meneses, que chequeando la marcha del empedrado del puente sobre el río Cristóbal en la carretera de Yaguajay a Mayajigua, o departiendo con aquella gente humildísima de Bamburanao, amenazada día y noche con ser desalojada de los bohíos donde malvivían.

Así lo describe el documental Yaguajay, un pueblo alcalde (1950), una realización localizada años atrás en los archivos del Icaic, grabada en cinta de cine y posteriormente digitalizada, iniciativa del psp que contó con fotografía de René Cruz, montaje de José Tabío y voz en off de ese ícono de la locución cubana que fue Manolo Ortega, hoy disponible en la página de Youtube del periódico provincial Escambray.

Sin grandes pretensiones artísticas
–la época y las condiciones en que se creó tampoco daban para mucho más–, la obra, sin embargo, aporta un testimonio de incuestionable valor histórico y documental, que revela en toda su magnitud cómo una administración decente, rara avis en tiempos de corruptelas y gansterismos, fue capaz no solo de llegar al poder contra viento y marea, sino de movilizar a las masas y concretar realizaciones sociales que parecieran imposibles para entonces.

La creación de talleres de corte y costura para las muchachas de los poblados, el mejoramiento de carreteras y caminos en todo el municipio, la creación de escuelas públicas e incluso de determinadas manifestaciones del servicio médico rural y la adquisición de un camión cisterna, que lo mismo aliviaba el abasto de agua en la cabecera municipal que limpiaba las calles o sofocaba los incendios, fueron algunas de las conquistas de aquella alcaldía romántica, que según los estudiosos en cuestión, en unos pocos años hizo mucho más que los gobiernos que la antecedieron por cuatro décadas.

REELECCIÓN SEGURA

Si en las elecciones de alcaldes de 1946 en Yaguajay ninguno de los candidatos ganó en primera vuelta, y en la segunda Joseíto alcanzó la victoria con 166 votos por encima de su rival, en la contienda de 1950 el socialista, ya con cuatro años en el gobierno, le sacó a su oponente de turno 2 796 sufragios.

Los auténticos habían hecho lo indecible por borrar su legado y derrotarlo en las urnas, e incluso el propio presidente de la república Carlos Prío Socarrás viajó hasta Yaguajay a respaldar a su gallo, el doctor José Ramón Valdesuso, un médico de Mayajigua que a la postre resultó perdedor hasta en su propio pueblo.

Cuando ya era inminente la segunda victoria de Joseíto, el 30 de mayo llegaron al pueblo tres pistoleros con la intención de matar al dirigente comunista, un propósito que no pudo consumarse, al parecer, porque un militante auténtico con ética reveló a un amigo del alcalde el funesto plan, que incluso fue denunciado por el periódico Hoy.

Joseíto Ruiz se mantuvo en el poder hasta unas semanas después del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, cuando fue suspendida la Constitución de 1940 y se emitieron los llamados Estatutos Constitucionales para proteger la asonada con un manto que aparentara legitimidad, una farsa que ni él ni 11 de los 21 concejales de Yaguajay estuvieron dispuestos a firmar.

Ni las protestas del pueblo que lo había llevado dos veces a la alcaldía, ni la declaración firmada por los 32 alcaldes villareños contra la vulgar destitución, ni siquiera lo que aconsejaba el sentido común, pudieron impedir que Joseíto fuera sacado por la fuerza del Ayuntamiento –como a él le gustaba recordar con precisión aritmética– «a las nueve de la noche del 4 de abril de 1952».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *