¿El principio del fin de Donald Trump?

Demócratas y republicanos sostienen una lucha en torno a la responsabilidad real o supuesta del presidente Donald Trump en la trama que lo vincula con Ucrania, en su intento por perjudicar al precandidato demócrata Joe Biden de cara a las elecciones de 2020

El no tan impredecible presidente Trump ha reaccionado como se esperaba de él
El no tan impredecible presidente Trump ha reaccionado como se esperaba de él

Por estos días no existe tema más recurrente en la política de Estados Unidos que el del juicio político (impeachment), al presidente Donald Trump, activado por los demócratas el 24 de septiembre a partir de la denuncia de un miembro de la inteligencia estadounidense, según la cual el mandatario presionó a su par ucraniano Volodimir Zelenski para que impulsara una investigación en torno a supuestas acciones ilegales en ese país de Hunter Biden, hijo del precandidato demócrata Joe Biden, con el propósito de torpedear sus aspiraciones a la presidencia.

Analistas señalaron que Nancy Pelosi, líder demócrata de la Cámara de Representantes, se apresuró a dar el paso hacia la convocatoria del juicio político espoleada por recientes encuestas que apuntan a la posibilidad de que el actual presidente resultara reelecto en noviembre del 2020, por lo que el escándalo desatado tiene que haber sido apreciado como providencial por la lideresa y su entorno partidista.  

     Lo que quizá no valoró Pelosi fue la reacción de Trump y las secuelas para su propio partido y para Biden que acarrearía destapar esta caja de Pandora, pues si bien la notoria falta de tacto del presidente lo ha hecho incurrir en declaraciones incendiarias, ofensas y acusaciones que poco obran en su beneficio, los analistas coinciden en que, probadas o no las acusaciones contra Hunter Biden, su padre ya quedó virtualmente fuera de la carrera presidencial, y conste que era la carta de triunfo de los demócratas, quienes deberán ir pensando en otro(a) candidato(a).    

Para ilustrar con ejemplos estos asertos, baste decir que Trump negó primero haber tocado el tema de la virtual investigación contra el hijo de Biden en su conversación con Zelenski y se opuso de inicio a facilitar la grabación original de la plática telefónica que dio pie al escándalo, aportando una versión propia. Luego, el magnate pidió enjuiciar al agente que filtró la acusación y al congresista Adam Schiff, presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, que la hizo pública.

Algunos medios de información de EE. UU. sostienen que cuando Trump habló con el presidente de Ucrania, lo presionó ocho veces para que realizara una investigación respecto al hijo de Biden, al mismo tiempo que ordenaba congelar unos 400 millones de dólares de ayuda a Ucrania porque no quiere confrontarse con Rusia.

     Otros especialistas en sus análisis también apuntan en esta dirección, como Amy Goodman y Denis Moynihan en Democracy Now, quienes plantean que, al inicio de su mandato, Trump admitió haberle solicitado a Ucrania que investigara a su rival político, el exvicepresidente Joe Biden, y a su hijo, y en el ínterin ordenó retener la ayuda para Ucrania.

     Tal comportamiento, apuntan esos articulistas, puede considerarse dentro de los estándares de “delitos graves y delitos menores” que rigen para iniciar un proceso de juicio político. “Pero, ¿acaso Trump no merecía ya una investigación de juicio político por diversos comportamientos anteriores?”, se preguntan.

     Entre los “méritos” del actual presidente de la superpotencia para ser sometido a un juicio político, el artículo señala la negativa a informar regularmente al Congreso acerca del pago de impuestos por sus muchas propiedades y negocios y la utilización de su influencia para beneficiar a sus hoteles donde se han hospedado conocidos huéspedes, entre ellos Volodimir Zelenski.

    También pueden agregarse las acusaciones de agresión y acoso sexual a Trump por al menos 24 mujeres, cuando a Bill Clinton le bastó con una sola: Monica Lewinski, para hacerle un proceso en el Capitolio. Pero además se incluyen el apoyo del mandatario al régimen saudí en su agresión a Yemen, que ha causado un desastre humanitario, así como la retirada de Estados Unidos del acuerdo de París sobre el cambio climático.

     Goodman y Moynihan suman a la larga hoja de contravenciones, violaciones y medidas punitivas del actual inquilino de la Casa Blanca “su negativa a apoyar la legislación para el control de armas de fuego tras numerosos tiroteos en masa, sus continuas mentiras, sus implacables ataques a la prensa, su eliminación de programas fundamentales para la red de seguridad social, su prohibición en contra de los musulmanes, su separación de familias y el encarcelamiento de niños migrantes; todas esas cosas ameritan abrir una investigación de juicio político”, alegan.

     Entonces, teniendo en cuenta la cantidad de fechorías cometidas por Trump, lo curioso es que se le someta a impeachment solo por una violación que más bien clasifica como de ética política, pero al mismo tiempo, el encono contra el egocéntrico magnate anuncia desde ya una muy virulenta campaña, en la que el aludido no dudará en recurrir a todos los medios para defenderse, convencido como todo truhan, de que el fin los justifica.

     Se trata de una historia que, aunque solo comienza, se complica por días y hasta por horas, pues ha aparecido un segundo informante que corroboraría las acusaciones contra Trump y, además, se acaba de ampliar a Australia y a China esta complicada madeja, con imputaciones según las cuales el inquilino de la Casa Blanca habría presionado al primer ministro australiano para detectar negocios sucios de su presunto contendiente demócrata, y pedido otro tanto al presidente chino Xi Jinping.

     De confirmarse estas acusaciones, se estaría echando leña al fuego del encontronazo político entre demócratas y republicanos, con consecuencias impredecibles para el país más poderoso del mundo. Por lo pronto, el propio Trump esbozó la posibilidad de una guerra civil entre ambos bandos.     

Dígase lo que se diga, y aparte de cuál resulte al final el candidato demócrata, Trump se las verá negras, pues, aun cuando logre salir ileso del Impeachment gracias a la mayoría republicana en el Senado, nada lo salva del enorme descrédito que ya acumula, lo cual se puede traducir en pérdida de votos para las elecciones de noviembre del 2020.

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