Hogar de menores sin amparo familiar: Residencia para el alma (+fotos)

Miradas lejanas, y ávidas de consuelo, se entrelazan en el Hogar de Menores sin Amparo Familiar de Sancti Spíritus, un lugar que desde hace 34 años remienda el alma de estos pequeños

Las auxiliares pedagógicas educan a los niños. (Foto: Vicente Brito / Escambray).

Abren los ojos, y apenas el mundo siente su primer llanto, aparece ese enigma indescifrable de contratiempos para dejar huellas en el alma de cada pequeño. Llegan los infortunios, muchas veces de la mano consciente de sus progenitores, y otras porque el escaso sentido paternal impide que estos chicos disfruten de la infancia acompañados de quienes les dieron la vida.

    Los reveses ni siquiera preguntan cuál será el destino de los niños a partir de ese momento, y tampoco inquieren si sus rostros volverán a sonreír con soltura, sin retorcerse en medio del dolor de las ausencias, aun cuando estas no sean definitivas.

   Nada importa. Las adversidades hacen su voluntad. Las lecciones también hacen su parte. Sin embargo, la vida intenta disimular esa angustia que tortura furiosamente. Así, cual suerte de privilegio, pone en manos de estos pequeños el Hogar de Menores sin Amparo Familiar, una casa que sirve para reparar lágrimas, y para que el amor haga su natural camino. 

Hasta el Hogar llegan profesionales de la peluquería para mejorar la imagen de los pequeños. (Foto: Vicente Brito / Escambray).

   HILVANAR CORAZONES

 El frágil castillo del optimismo se vino abajo al soplo de la realidad desconsoladora. Aun cuando el entorno dibuja la más eterna tranquilidad y sosiego en este sitio, cuesta dejar de pensar en la historia de estos muchachos, y el rumbo que hubieran corrido de no haber tenido el abrazo de la instalación.

   De una de las mayores mansiones de la ciudad espirituana en el siglo XX, pasó a hogar de embarazadas, y más tarde, desde el 28 de octubre de 1985, se dedica al Hogar de Menores sin Amparo Familiar, un centro que ha abrigado en el transcurso de estos dos últimos años, a 22 niños que ha visto crecer, y ensanchar su camino en la sociedad.

   “Las causas para entrar al Hogar no solo se limitan a infantes huérfanos. También incluyen a los que sufren abandonos, que tienen sus padres reclusos, o quienes tienen a sus progenitores con patologías psiquiátricas y de alcoholismo, que se encuentran avalados por una comisión médica. Aquí los formamos integralmente con el propósito de incorporarlos a la sociedad como jóvenes de bien”, comenta Ania Medinilla Nápoles, directora de la institución.  

   El sitio acoge hasta la fecha a 13 pequeños entre uno y 13 años de edad, provenientes de los municipios de Jatibonico, Yaguajay, Taguasco, y Sancti Spíritus. Esos infantes encuentran en las asistentes para el trabajo educativo, las veladoras, la administradora, la trabajadora social, la directora, y todo el personal de la entidad la familia que la vida les robó.

   “Atiendo a los niños desde las seis y media de la mañana. Cuando llego los despierto, los aseo y los preparo para llevarlos al círculo infantil, o a la escuela, y ya por la tarde los recogemos.  Somos cuatro auxiliares pedagógicas y cada una atiende diferentes edades”, explica Marys Delia Sánchez Virella, auxiliar pedagógica de la casa.

   Tocan a la puerta del Hogar, con el estallido de dolor en sus corazones, con las recriminaciones, los escasos besos, y los cortos apretones.

   Los pequeños —alega Yaquelín Hernández García, administradora del centro— se reciben y nunca se les dicen las causas por las que están aquí. Entran desatendidos, por lo que nos toca a nosotros enseñarles con mucho amor las normas de educación formal, los hábitos higiénicos, pues son niños que precisan mucho afecto.

   “Todo este escenario se revierte en la casa, pues se trabaja con ellos, y ya a la semana se ve el cambio, y se adaptan rápidamente. Aquí también se les garantiza el uniforme escolar, vestuario, calzado, alimentación, alojamiento y un estipendio para sus gastos”, confiesa Medinilla Nápoles.

En la casa también se incentiva el juego con los pequeños. (Foto: Vicente Brito / Escambray).

OASIS PARA EL DOLOR

Allí, frente a mí, devorándome con la mirada llena de asombro en sus ojos negros y pequeñines, se encontraba Dairon Castro Cárdenas, quien respondía con monosílabos alentadores las preguntas sobre su estancia en la casa. “Me siento bien, juego con mis hermanos y quiero mucho a mi mamá”, expresa el chico con la transparencia que solo el alma de un niño puede provocar.

   Como en todo hogar, se exige cumplir con los deberes escolares. De ahí que dispongan de una hora de estudio para realizar tareas, trabajos prácticos y consolidar las lecciones de las clases. Y como toda familia, no escatima esfuerzos para velar sus sueños, y su bienestar físico.

   El personal de la instalación —según refiere la directora del Hogar— asiste a las reuniones de padres, se preocupa por el aprendizaje de los infantes, y no descuida la atención médica, pues si alguno se enferma se lleva al hospital y se le realiza todo el seguimiento que los médicos orienten como si fueran sus otros hijos.

   En ese afán tampoco relegan la apariencia de sus muchachos. Tanto es así que hasta la casa llegan profesionales del mundo de la peluquería, para perfilar su imagen. “Venimos cada vez que haga falta. Pelamos y peinamos a niñas y varones, porque estos chicos nos tocan de cerca, sobre todo después que somos madres, y como no tenemos otra forma de ayudarlos, lo hacemos con lo que sabemos hacer”, confiesa Saray Rodríguez Hernández, trabajadora del salón Desara, perteneciente a la Empresa de Servicios de Sancti Spíritus.

   Historias como estas opacan cualquier nubecilla de dolor, y basta para que los niños sientan toda la felicidad de un amor hondísimo, como el que experimentan junto al de su familia sustituta, otra de las bondades que facilita el hogar. “La familia sustituta viene a ocupar el lugar de la verdadera. Quienes asumen este rol deben ser matrimonios estables, y que no alberguen conflictos para que los chicos sientan el verdadero amor”, asevera Mislaidys Martín Rodríguez, trabajadora social.  

   Y en medio de este oasis, vuelven los niños con la mayor esperanza, y seguridad inarrancables de su alma. Poco a poco descubren desde este refugio la gloria que nunca esperaron tener, la única gloria conocida, verdadera e indiscutible de estas y de todas las vidas.

El Hogar facilita medios tecnológicos para garantizar el esparcimiento de los pequeños. (Foto: Vicente Brito / Escambray).

One comment

  1. Me he quedado sin palabras, creo que hasta me emocione mirando esos niños como son atendidos que bonita obra primero de Dios y de ustedes , menos mal que tienen donde estar y bien atendidos, solo me queda decirles que Dios bendiga a todos en ese hogar

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