Servidores públicos

El llamado del Presidente de la República a “jamás olvidar que, como servidores públicos, nuestro mayor objetivo es el bienestar del pueblo” debiera ser brújula y no consigna

sancti spiritus, atendion a la poblacion, servidor publico, planteamientos
Ilustración: Osval

Muchos apremios penden sobre Cuba y su gente; basta recordar las vicisitudes de septiembre y sus porqués para entender el escenario actual; basta salir a la calle para encontrar conquistas y progresos sociales que solo un ciego podría desconocer; basta vivir como un cubano de a pie para chocar con carencias, problemas, maltrato y chapucerías que no siempre tienen su génesis en la falta de recursos o el bloqueo. Sus raíces tienen vínculos con el descontrol, la poca exigencia, la subjetividad, la mentalidad del siglo XX.

Entre el amasijo de las urgencias emerge una que no admite seguir en la lista de espera y debe pasar al primer plano de los asuntos que pueden contribuir a oxigenar el funcionamiento de la sociedad, repercutir en el bienestar popular y consolidar la necesaria unidad. Se trata de hacer del trabajo de los que asumen funciones de servidores públicos un culto a la Revolución de los humildes y para los humildes, como tempranamente definió Fidel.

Ha sido el propio Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de la República de Cuba, el abanderado en llamar a todos los que actúan desde la responsabilidad de un cargo hasta el que le toca brindar un servicio a “jamás olvidar que, como servidores públicos, nuestro mayor objetivo es el bienestar del pueblo”.

Cabría preguntarnos si cómo periodistas, médicos, maestros, choferes, juristas, bodegueros, gastronómicos, inspectores, dirigentes, funcionarios…, actuamos siempre así. Creo que pocas ramas de la sociedad, para no pecar de absoluto, escaparían a una revalorización en esa materia.

Díaz-Canel ha convocado a recuperar la sensibilidad y ponerla de moda, ha llamado la atención a aquellos funcionarios que consideran que determinados asuntos no tienen que ver con su jerarquía. “Todos somos servidores públicos, detrás de cada problema hay un cubano que necesita atención”, ha insistido.

Dentro del inmenso inventario de figuras que clasifican como servidores públicos, en los cuadros de dirección descansa gran parte de la asignatura pendiente. No es que sean la columna vertebral de la sociedad, esa será siempre el pueblo; pero sí tienen asociado a su desempeño una estrecha relación con los resultados y la eficacia de la actividad que dirigen.

Por eso un buen servidor público debe desligarse de la montaña de reuniones —las hay útiles— que ocupan demasiado espacio en las agendas diarias y recordemos que fue el Primer Secretario del Partido, el General de Ejercito Raúl Castro, quien hace años orientó frenar “el reunionismo”. También saber mirar más allá de la frialdad de los informes, de las estadísticas que no siempre expresan la realidad de la calle, de las justificaciones que solo culpan al clima, al bloqueo, a la falta de recursos cuando se incumple.

El servidor público que no ha cogido todavía la seña del Presidente de la República corre el riesgo de seguir complaciéndose con cifras que a fin de mes o año intentan resumir la vida humana en per cápita de alimentos, gráficos de barras, cumplimientos de planes en valores, pasajeros transportados, panes vendidos, hectáreas sembradas, planteamientos atendidos…

Sin embargo, el buen servidor público es aquel que abraza y practica regularmente el sensato llamado de Raúl de “poner los ojos y los oídos en la tierra”, equivalente a decir en la calle, la parada, la placita, la panadería, la escuela, el hospital… Porque ninguna reunión, per cápita, estadística, plan ni barra de comportamiento económico es capaz de expresar la mala calidad, el robo en la pesa, la violación de precio, el maltrato, la demora innecesaria, el peloteo, la impotencia de horas en una parada o carretera, aunque pasen carros estatales; el desgaste de viajes y gestiones detrás de un trámite…

El servidor público que reclama el país en estos tiempos para contribuir a que la unidad se consolide como arma y escudo de la nación debe caminar la calle y el surco, comprobar con el pueblo lo que se pone en un informe o se dice en una reunión, controlar sin previo aviso, desconfiar y separarse de la fanfarria triunfalista, exigir calidad y no aceptar gastadas explicaciones; tampoco debe mirar para la prensa cuando se ejerce la crítica constructiva, sino enfocarse en el problema; “pensar en cómo está la gente afectada”, ha dicho Díaz-Canel.

Muchos ejemplos ilustran cuánto falta en el plano del buen servicio, del control y la exigencia, acciones que ayudarían a transformar problemas reales, estados de opinión, incomprensiones. ¿Por qué están por la libre las violaciones a la reciente Resolución del tope de los precios? ¿Qué impide erradicar el acaparamiento de productos en los diversos escenarios de venta? ¿Por qué la galleta del particular tiene más calidad que la del Estado? ¿Quién va a exigir para que los vehículos estatales recojan pasajeros siempre sin tener que implantar la obligatoriedad con el Policía? En no pocas ocasiones, el Presidente cubano ha señalado: “Hay que trabajar distinto, porque los tiempos son distintos”. Esa es la seña.

2 comentarios

  1. Muy buen análisis, ojalá que esos a los que les hace falta lo lean. Ojalá.

  2. …..a todos los que actúan desde la responsabilidad de un cargo hasta el que le toca brindar un servicio a “jamás olvidar que, como servidores públicos, nuestro mayor objetivo es el bienestar del pueblo”.
    OJALA SE INTERIORIZARA ESTO, Y ES QUE HAY TANTA GENTE CABECIDURA EN LA CALLE, Y REFLEXIONO PORQUE DESDE SE TIENE SOLO Y NADA MAS QUE EL RECURSO DEL MALTRATO SE CREA UNA BARRERA ENTRE LAS PERSONAS EN LAS QUE SE DISFRUTA DEL MALTRATO CUANDO NOS ES NECESARIA LA ATENCION BUSCADA O EL SERVICIO A RECIBIR….
    ….El servidor público que reclama el país en estos tiempos para contribuir a que la unidad se consolide como arma y escudo de la nación debe caminar la calle y el surco, comprobar con el pueblo lo que se pone en un informe o se dice en una reunión, controlar sin previo aviso, desconfiar y separarse de la fanfarria triunfalista, exigir calidad y no aceptar gastadas explicaciones; tampoco debe mirar para la prensa cuando se ejerce la crítica constructiva, sino enfocarse en el problema; “pensar en cómo está la gente afectada”, ha dicho Díaz-Canel.
    PREGUNTO: Y ESTO PODRA SER UN REQUISITO A MEDIR A LA HORA DE ELIGIR A ALGIEN PARA UN CARGO O LIDERAR UNA INSTITUCION?
    LO CIERTO ES QUE: “Hay que trabajar distinto, porque los tiempos son distintos”. Esa es la seña. YO DIRIA QUE ES LA NECESIDAD DEL PAIS.
    Gracias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *