Ahora que el ciclón ya se fue (+tablas)

Un mismo fenómeno es capaz de recorrer y afectar a varios países ¿Por qué los daños, en un mismo huracán, no son iguales en todas las naciones? ¿Cómo es la preparación para esperar a estos sistemas y cómo son, luego, los planes de recuperación?

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Yaguajay sintió cuando el huracán Irma rozó su territorio. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Semana de muchas noticias la que acaba de concluir. Elecciones en Estados Unidos, un organismo ciclónico que avanzó por Nicaragua fue rumbo a Honduras y luego inclinó su rumbo hacia nuestra isla. Esta semana muchas noticias parecían girar en torno a la pandemia, a Trump y a Eta.

Algo sugerente me sucede siempre con el paso de un ciclón. Por estos días, recorrí varias redes sociales. Busqué los sitios en donde algunos, a veces despiadadamente, otras solapadamente, escriben con saña —y quizá con rabia— sobre instituciones y organismos de la isla. Algunos tienen sus familiares más cercanos en Cuba: padres, hijos, sobrinos. Muchos de ellos publicaban textos a favor de Donald Trump. Según ellos, Trump podía representar el fin del Gobierno cubano. Son la reencarnación de quienes creyeron que el fin del gobierno de la isla estaba en manos de Reagan, o de Bush, o quizá de Clinton. Sin embargo, ninguno de ellos mencionaba el ciclón que pasaría por Cuba. No leí lo que debí haber leído: que se sienten más seguros que otros latinos en Estados Unidos, cuando un ciclón pone en peligro a toda Cuba. Pienso además que vivir lejos, y tener a los hijos en Cuba, ofrece una tranquilidad que no manifiesta ningún otro país de América. No es lo mismo un padre en EE. UU —y sus hijos en Cuba— a un padre en ese mismo país, y sus hijos en Tegucigalpa, Ciudad México, Lima, Bogotá, Santiago de Chile. Siempre me pregunto por qué no escriben sobre esa seguridad. En Cuba, como en ningún otro país de la región, se hace un trabajo encomiable en cada temporada ciclónica. Pero muchos no escriben sobre el tema, prefieren la rabia y la saña. Y ahí es donde veo la frustración de ellos. En estos casos, además, resulta interesante recorrer la historia de los huracanes más grandes que han afectado la región.

HURACÁN MARÍA: CAMINO A PUERTO RICO

El mismo año en que el poderoso huracán Irma tocó tierra cubana, otro intenso huracán, de nombre María, afectó Puerto Rico. De acuerdo al texto Tropical Cyclone Report: Hurricane Maria, de los autores Richard J. Pasch, Andrew B. Penny y Robbie Berg, el huracán María se originó a partir de una onda tropical que brotó de la costa occidental de África el 12 de septiembre del 2017. El día 16 —a 1 070 kilómetros de la isla Barbados— se convirtió en depresión tropical. Seis horas después —según datos del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos— se convirtió en tormenta tropical, y en las últimas horas del día 17 era ya un huracán. Irma y María fueron dos potentes huracanes. Irma afectó a toda Cuba, y el huracán a María hizo lo mismo con Puerto Rico.  Sin embargo, en Cuba no se reportaron los mismos daños que en Puerto Rico. El huracán María llegó a Puerto Rico el 20 de septiembre con categoría 4. Después de su entrada por el sureste de la isla se reportaron ráfagas de viento de 175 millas por hora en el puerto de Yabucoa, y de 190 millas por hora en el campamento Santiago. Además, se registraron precipitaciones muy intensas en todo el territorio. De acuerdo al Servicio Meteorológico Nacional, inundaciones generalizadas afectaron a San Juan, llegando hasta 6 pies de altura en algunas áreas. Numerosas estructuras perdieron su techo. El gobernador Ricardo Rosselló estimó que María causó al menos 90 000 millones de dólares en daños.

LA ELECTRICIDAD: LENTITUD E INDIFERENCIA

Recuerdo que cuando el huracán Irma tocó tierra cubana, siete días sin luz eléctrica en algunos sitios de Sancti Spíritus resultaron un tiempo enorme para nosotros. ¿Qué sucedió en Puerto Rico? 

•El 26 de septiembre, seis días después del paso de María, el 95 por ciento de la isla no tenía electricidad.

•El 6 de octubre, un poco más de dos semanas después del paso del huracán, el 89 por ciento todavía no tenía electricidad.

•Un mes después, el 20 de octubre, el 88 por ciento de la isla no tenía electricidad (alrededor de 3 millones de personas).

•El 26 de septiembre, el 95 por ciento de la isla no tenía servicio de telefonía celular, según la NOAA.

•El 6 de octubre, el 58 por ciento no tenía servicio celular.

•El 20 de octubre, solo el 49.1 por ciento de las torres celulares funcionaba.

Aunque la falta de fluido eléctrico, la escasez de agua y la ausencia casi total de comunicación paralizaban la isla, fue el número de muertes reportadas lo que causó polémica e indignación.

El número de muertos informado inicialmente por las autoridades de Puerto Rico fue de 64, pero esta cifra se modificó luego de que un estudio realizado por la Universidad de Harvard estimara que entre 1 400 y 5 740 muertes fueron imputables al huracán María.

El estudio fue publicado en la revista científica New England Journal of Medicine. Se basó en una encuesta al azar realizada en 3 299 hogares de Puerto Rico. Una vez allí, se preguntó sobre las muertes y las causas de estos fallecimientos. “Nuestros resultados indican que la cifra oficial de 64 es una sustancial infravaloración de la verdadera mortalidad tras el huracán María”.

El número de muertos provocado por el huracán María era entonces mayor que los del huracán Katrina (2005). Se estima que los muertos de Katrina —que afectó a EE. UU— fueron 1 833.

La noticia echaba por tierra las declaraciones del entonces Presidente de EE.UU Donald Trump. En octubre, cuando visitó la isla, Trump les dijo a las autoridades puertorriqueñas que deberían estar “orgullosas” de que el número de muertos —en ese momento 16— no era tan alto como los de “una verdadera catástrofe”, como la ocasionada por Katrina. Hay que recordar además que la exsecretaria de Seguridad Interna de EE. UU, Elaine Duke, reveló que el Presidente estadounidense preguntó en el 2017 si la isla caribeña podía venderse.

Y HABLANDO DE KATRINA…

George W. Bush era Presidente de EE. UU cuando el huracán Katrina entró por Nueva Orleans. En sus memorias parece reconocer que su reacción fue lenta y torpe: “El problema no fue que yo tomara malas decisiones. Fue que me tomé mucho tiempo para decidir”, escribió Bush. Las preguntas parecen llegar solas: ¿no debe estar un Presidente —sobre todo en casos de catástrofe— capacitado para tomar decisiones rápidas e inteligentes? Esa lentitud para decidir, ¿en cuántas muertes habrá incidido?

El huracán Katrina se originó en la temporada ciclónica del 2005. Se formó en el sudeste del archipiélago de las Bahamas el 23 de agosto. La tormenta fue en dirección de la Florida y se convirtió en huracán dos horas antes de que tocara tierra en ese Estado en la mañana del 25 de agosto. Katrina disminuyó su intensidad al adentrarse en tierra firme, pero volvió a ser un huracán una hora después de haber entrado en el golfo de México. 

El 27 de agosto alcanzó la categoría 3, continuó intensificándose y alcanzó la categoría 5 en la mañana del 28 de agosto. Ese mismo día alcanzó vientos de 280 km/h, y se convirtió en el cuarto más intenso de los registrados en el Atlántico hasta entonces.

CUBA Y EL ASOMBRO DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

“Los cubanos han capeado algunas de las más violentas tormentas que los trópicos pueden crear, con cifras de muertos sorprendentemente bajas y un cumplimiento casi perfecto de las órdenes de evacuación”, así escribió Ruth Morris en el 2005 en el sitio digital de Sun-Sentinel, poco después del paso del huracán Katrina por Estados Unidos.

¿Qué asombraba a Ruth Morris? ¿Qué estadísticas puede mostrar Cuba que, en comparación con el resto de los países de la región, han provocado el asombro de la comunidad internacional?

En el 2004, cuando el huracán Iván atravesaba Cuba, el entonces coordinador de ayuda de emergencia de Naciones Unidas, Jan Egeland, señalaba a Cuba como digna de elogio entre las naciones caribeñas por su sistema de evacuación ante un huracán. “Cuando el huracán atravesó la isla en septiembre pasado —dijo Egeland— Cuba no registró una sola muerte, mientras que 115 personas murieron en otras partes de la región”. Ese mismo mes, el huracán Jeanne mató a más de 1 500 en Haití, muchos de ellos ahogados en las inundaciones.

Y es que, desde antes de comenzar la temporada de huracanes, los cubanos realizamos sesiones de entrenamiento con simulacros de evacuaciones y revisión de los planes de emergencia. De acuerdo con el texto Innovaciones en sistemas de alerta temprana y planes de enfrentamiento a desastres: la experiencia cubana, en la isla se estiman los riesgos asociados a cada evento, la planificación de los recursos para la reducción del riesgo y se capacita y entrena a la población de acuerdo con el nivel de riesgo de cada comunidad.

Las estadísticas cubanas de evacuación, disponibles en el propio texto, dan testimonio de que, por ejemplo, cuando los huracanes Ike e Iván pasaron por la isla, Cuba protegió a más de 2 millones de personas en cada caso, 2 266 066 en el caso del huracán Iván, y 2 615 794 cuando el azote de Ike. Muchas personas son trasladadas a sitios seguros y a refugios organizados por el propio Estado.

LA AYUDA QUE LLEGA A LOS REFUGIOS CUBANOS

El huracán Irma, con categoría 5, afectó a toda Cuba en el 2017. No quedó una provincia sin los efectos del poderoso huracán. Luego de cualquier fenómeno de esta naturaleza, los refugiados continúan en sus sitios de resguardo hasta tanto se normalice la situación y se evalúen los daños. Yaguajay sintió cuando el huracán Irma rozó su territorio. Médicos y enfermeras estaban al tanto de los refugios. Pero no solo eso; de acuerdo con la Dirección Provincial de Cultura en Sancti Spíritus, se conformaron 16 brigadas artísticas para visitar los refugios y actuar allí. Artistas profesionales, brigadas de instructores arte, músicos y escritores visitaron el municipio. Con mis ojos vi la gratitud de los pobladores.

Los contrastes son visibles con otros países de la región. No hay dudas de que la temporada de huracanes toma a muchas naciones por sorpresa. Cuba tiene clara aquella cita de Martí: “Los peligros no han de verse cuando se les tiene encima, sino cuando se les puede evitar”. Lástima que otros —muy pocos, lo sé— hayan estado tan pendientes de Trump, escribiendo incluso sobre él, mimándolo casi, y el tiempo no les haya alcanzado para escribir una línea sobre la seguridad que ha de sentir un padre o un hijo cuando está lejos y un huracán azota la isla. Pero bueno, la isla ofrece otras seguridades que tampoco agradecen. Igual lo dijo el Apóstol: “La ingratitud de los hombres es la gran pena del mundo”. 

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