El Gigante justifica su nombre (+fotos)

El mayor organopónico de la provincia de Sancti Spíritus recupera poco a poco su verdor gracias al fruto del trabajo

sancti spiritus, agricultura urbana
Una inyección a sus arcas y el fruto del trabajo le devuelven poco a poco el verdor al organopónico Celia Sánchez Manduley. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

El Gigante, el mayor organopónico de la provincia espirituana, parece al fin justificar su nombre. Lo asegura Rolando Hernández, un finquero de casi 80 años que lo vio nacer, morir y renacer. “Antes no era gigante, hubo un tiempo que lo único que había era manigua, pero hemos trabajado mucho y ya es gigante otra vez”.

Con un área de 4 hectáreas, el organopónico Celia Sánchez Manduley se sumió en un marasmo productivo y financiero que lo convirtió en la oveja negra de la Agricultura Urbana en Sancti Spíritus. Mas una inyección a sus arcas y el fruto del trabajo le devuelven poco a poco su verdor.

“La dirección del Gobierno en el territorio nos dio un financiamiento de 150 000 pesos del 1 por ciento y restauramos las 492 cámaras que hoy posee el organopónico —comenta Yoatsel Pérez García, director de la Unidad Empresarial de Base Granja Urbana Sancti Spíritus—. Aprovechamos varias movilizaciones dominicales con la participación cerca de 300 personas, lo cual permitió incorporar materia orgánica a los canteros. Ha sido un reto, pero tratamos de mantener el trabajo y hoy contamos con una amplia variedad de productos en función de que el pueblo tenga una dieta balanceada”.

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El organopónico cuenta hoy con una amplia variedad de productos. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Para aprovechar mejor el terreno, las casas de cultivo que hoy no se pueden sembrar por la época, se emplean como un semiprotegido para la plantación de pepino, habichuela y las áreas exteriores también se cubren con otros cultivos.

Y el renacer atrajo los brazos que tantas veces se ahuyentaron del organopónico que hoy cuenta con 31 trabajadores, 29 de ellos finqueros: “Llegamos a las siete de la mañana y nos vamos a las siete o las ocho de la noche, explica  Enrique Ferraz Reynoso, jefe de la instalación.

Del apego al trabajo puede hablar Rolando, un hombre que con casi 80 años bien pudo acogerse al recogimiento doméstico que aconseja la COVID-19, pero optó por quedarse: “Aquí no estamos amontona’os, sino a 16 o 17 canteros de distancia, vengo a pie por la madruga’íta yo solo, llego aquí a las cinco y pico me cambio de ropa y así estoy protegido. Si podemos sembrar dos canteros no sembramos uno, si se pueden limpiar dos, lo hacemos, lo que hay es que trabajar, no andar mirando ni pa’trás ni pal sol, ni pa’l sereno, ni pa’ la lluvia”.

De la mano de la producción a El Gigante le crecieron las arcas, que tocaron fondo durante muchos años y por lo cual la fluctuación laboral se “sembró en cada cantero”: “Al momento de entrar aquí había 378 000 pesos en cuentas por pagar vencidas —expone Yoatsel—, hoy nos quedan 58 000 pesos, pues estamos a la espera de un expediente de suelo que nos certifique la materia orgánica y se le va a pagar a la UEB Tuinucú, que es a la que le debemos el dinero. Hoy la unidad cuenta con soberanía económica, existen en la cuenta corriente 83 000 pesos que nos permite hacer todas las compras dentro de lo que está establecido en el plan”.

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Hay finqueros que ganan mensualmente entre 3 000 y 4 000 pesos, el que menos coge son 1 000 y pico, en dependencia de la capacidad. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

De la bonanza hablan los bolsillos, al decir de Ferraz: “Hay finqueros que ganan mensualmente entre 3 000 y 4 000 pesos, el que menos coge son 1 000 y pico, en dependencia de la capacidad. Ese era el gran problema para sostener la fuerza de trabajo, porque ganaban poco y buscaban otro puesto, ahora cada finca tiene su finquero, laboran mucho y tienen un respaldo económico”.

En su renovación integral, el organopónico incluye diversas modalidades para comercializar sus producciones. Una de las que persiguen mayor impacto es el mercado de nuevo tipo que permitirá la venta a la población de productos beneficiados. “Será concentrador, beneficiador y vendedor —refiere el jefe de la Granja Urbana— y para eso vamos a contar con un crédito evolvente, lo que permitirá pagarles a todas las fincas y parcelas de la Agricultura Suburbana al momento a través de los cheques y así poder recibir productos de buena calidad. Vamos a contar con una minindustria que va a cerrar el ciclo productivo de algunos productos que puedan tener algún pico y no se pierdan, además de darles valor agregado a las producciones”.

Sin dudas El Gigante agranda sus pasos y busca alternativas para sostener el crecimiento y hace honor al nombre que lo identifica. Es lo que piensa Enrique Ferraz, un hombre que estuvo 10 años fuera del lugar y ahora “regresé porque esto es lo que me gusta, siempre vengo al ‘Celia Sánchez’ porque quiero hacer honor a ese nombre”.

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El Gigante cuenta con 31 trabajadores, 29 de ellos finqueros (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

One comment

  1. Se llama Celia Sánchez o El Gigante?? O ambos?? Entonces debía ser La Gigante. Bueno gigante es la jornada de trabajo por menos de 3000 al mes no se puede estar 10 horas al sol y calor tropical

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