Fe de erratas para la libreta

En la Libreta de Abastecimientos podemos encontrar desde modificaciones en nombres, apellidos y fechas de nacimiento, personas que no aparecen inscritas, dietas médicas sin incluir, libretas repetidas y otras omitidas, hasta bajas que nadie ha solicitado, entre otras equivocaciones que rayan en lo absurdo

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Ilustración: Osval

A Onelio Aguiar y Aymée Jiménez, consumidores de la bodega No. 133 del municipio de Sancti Spíritus, se les complicó la vida desde que intentaron adquirir el primer producto normado del 2020. Ambos se dieron cuenta de que habían comprado durante meses con dos libretas de abastecimiento con el mismo número, la 291, sin que hubiera una explicación lógica para tan grave error.

Marcia Llanes, residente de la barriada de Colón, todavía no se explica el cambio de sexo en el documento, junto a las idas y venidas para enmendar un error que le costó renunciar a la compra de las almohadillas sanitarias en la farmacia.

“Mi nieta, que tiene un año, aparece en la libreta con tres de más. Y parece algo simple, pero eso implica que no puedo comprar las compotas porque, supuestamente, no le tocan”, explica Reina Hernández, mientras hace la cola en la Oficina de Control y Distribución de Abastecimiento (Oficoda) de la zona sur para tratar de arreglar el problema.

La Libreta de Abastecimientos, ese mecanismo criticado y defendido al mismo tiempo, ha sido por mucho el eficaz y único método que desde el mes de julio de 1963 encontró el Estado cubano para vender a precios más que subsidiados una parte de la canasta básica a toda la población sin excepciones, y se asigna por grupo familiar e incluye detalles sobre sus integrantes, nombre y apellidos, edad y si tiene necesidad de dietas médicas.

 Aunque cada año las bolas callejeras pretenden “enterrarla” como en el sueño de Pánfilo, el legendario documento defendido a ultranza por el popular personaje televisivo sigue ahí, a pesar de que resulta vapuleado de tal forma que a la hora de confeccionar la que pertenece a cada núcleo familiar muchos ni siquiera reconocen su nombre escrito en el pequeño cuaderno.

Los deslices van más allá de una simple errata y alcanzan desde cambios de dirección, modificaciones en nombres, apellidos y fechas de nacimiento, números no registrados, personas que no aparecen inscritas, dietas médicas sin incluir, libretas repetidas y otras omitidas, hasta bajas que nadie ha solicitado, entre otras equivocaciones que rayan en lo absurdo.

La mayoría de los consumidores se preguntan: ¿Existe un registro con los datos correctos de los consumidores espirituanos? ¿Quién se encarga de plasmar las fichas de las personas en el documento? ¿Cuál es el trámite para enmendar los errores a fin de que las personas se afecten lo menos posible?

De acuerdo con Daniel Peralta, al frente del Registro de Consumidores en Sancti Spíritus, es en las Oficoda donde se controla y regula la comercialización y entrega de los alimentos, pero la confección de las libretas es responsabilidad de las administraciones de cada bodega.

“A partir de un registro que existe en los establecimientos, se introducen los datos, luego las mandan a la Oficoda donde les ponen las dietas y el cuño oficial y regresan a la bodega listas para entregar a los consumidores. Es un trabajo muy engorroso y es muy escaso el personal que labora en las 41 oficinas con que cuenta la provincia. Además, es una fuerza muy inestable e inexperta porque el salario es bajo y cuando se trabaja sin saber lo que se está haciendo, el resultado es malo.  El trabajo de la Oficoda no se aprende en tres días. El municipio cabecera es el de más problemas, sobre todo en la que está situada en la calle Plácido”, aclaró el directivo.

Desde la Oficoda 0708 en la calle Céspedes, de la ciudad del Yayabo, donde se atiende casi a 49 000 consumidores, Niurka Mantilla, la administradora, asegura que el hecho de que durante el año pasen por un sitio tantos trabajadores nuevos da paso a las equivocaciones. “Tienen muchos vacíos y a veces toman hasta libros equivocados para altas y bajas y eso no debe pasar bajo ninguna circunstancia”.

La larga fila de espera en las oficinas de la calle Plácido hablan por sí solas de los múltiples fallos, algunos sin explicación para la responsable del lugar, Magalys Hernández, quien asegura que es muy difícil darse cuenta del error hasta que el cliente se queja y lo hace notar: “Los datos salen de las bodegas, aquí solo ponemos las dietas y esta vez no dio tiempo incluirlas en todas las libretas”, explicó.

Los trabajadores de las bodegas admiten que, si bien son responsables de algunos errores, estos también parten de lo que les envían desde la Oficoda. “El registro que mandan para confeccionar las libretas ya viene con errores porque está desactualizado y a eso se suman los cometidos por quienes escriben en ellas”, refiere Ivón García, administradora de la bodega 133, de la cabecera provincial.

Faltas de ortografía garrafales, errores por omisión o adición. Todo tipo de incongruencias desfilan a la vista de muchos cuando se codean de tú a tú la falta de responsabilidad con la indolencia, cuando los trabajadores de las bodegas “se quitan de arriba” lo engorroso que resulta llenar libretas y pagan determinada cifra a la Oficoda para que esta asuma su confección, o cuando es el consumidor quien tiene que resolver en una interminable cola un error del cual no es responsable.

A todas luces, la mejor solución sería deshacerse de papeles viejos y digitalizar todo el sistema para hacer más viables y eficientes los trámites que se realizan en la institución y, al propio tiempo, disminuir las colas y contar con registros menos vulnerables y más actualizados. Mientras eso llega, habrá que seguir llenando libretas de forma manual, sin que haga falta una fe de erratas para descifrar nombres y fechas de nacimiento y equivocaciones e improvisaciones voluntarias, esas que pueden hacer más difícil la cotidianidad de los consumidores espirituanos.

One comment

  1. Y que decir de los llamados repatriados que lo hicieron para trapiche armas con mercancías, viven fuera, y aquí sus familiares mercadear sus cuotas que son subvencionadas.

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