Granja espirituana de San Andrés endereza el camino (+fotos)

Luego de vivir tiempos de improductividad, en la Granja Estatal San Andrés baten aires a favor de la transformación agrícola y laboral

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Además de enviar alimentos a Sancti Spíritus, la granja abastece los poblados de La Yaya, Palma, San Andrés y La Junta. (Foto: José Luis Camellón/ Escambray)

Con un expediente de altibajos en materia de producción agrícola y eficiencia económica, la actual Granja Estatal San Andrés parece haber volteado la página de la improductividad que exhibió hasta hace poco y en los últimos años ha comenzado a enderezar el camino a raíz de la estructuración en fincas donde los obreros están vinculados a los resultados finales, diseño que empieza a mostrar aires de renovación que la han llevado a ser considerada entre los polos productivos de la provincia en los cultivos varios.

En tiempos en que las tarimas de Sancti Spíritus pasan días sin embarrarse de tierra, en tanto San Andrés constituye uno de los surtidores de ese mercado, no aporta mucho acopiar cifras en estas páginas, por eso Escambray acude a un ejemplo que expresa transformación y confianza en los nuevos tiempos que corren.

“Aquí había mucha depauperación de toda la parte productiva, de la fuerza de trabajo, apenas sumaban unos 30 obreros, profesionales no había ninguno; eso se ha ido mejorando, hoy tenemos 97 trabajadores y un ingeniero; todavía faltan brazos, pero llegan personas interesadas en incorporarse a la granja y las vamos asimilando en dependencia de las necesidades; ha cambiado la atención a los trabajadores”, declaró Rolando González Díaz, director de la Granja Estatal San Andrés, adscrita a la Empresa Integral Agropecuaria Sancti Spíritus.

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“San Andrés ha cogido otro camino, hay mucha siembra”, aseguró el obrero Lorenzo García. (Foto: José Luis Camellón/ Escambray)

El punto de giro fue a partir del 2017, con el cambio de mando en la entidad y en virtud de abrirse el rescate de suelos, la recuperación de los talleres y la maquinaria incluido un apoyo dado por el Ministerio de la Agricultura de cinco tractores nuevos; también de introducirse la estructuración en siete fincas con un universo de tierra cultivable en el entorno de las 380 hectáreas.

“De aquí salía poca comida para Sancti Spíritus, hubo meses de 5 o 6 toneladas, cultivos como la yuca apenas se sembraban; en el 2017 los envíos rondaron las 600 toneladas, este año lo programado supone duplicar esa cifra sobre todo con renglones de cultivos varios y frutales”, explicó Rolando González.

SECANO AL LADO DE LA ZAZA

No sé si la historia de la falta de riego de agua en San Andrés es obra de la fatalidad, de que faltó visión, respaldo o recursos; es verdad que 20 o 30 años atrás los cultivos en secano rendían mucho más que hoy; pero que un escenario de probadas condiciones naturales para la agricultura solo disponga de irrigación estable a través de un pozo para unas 40 hectáreas y viva en su mayor porción a merced del cielo —a pesar de ubicarse, paradójicamente, aguas abajo de la presa Zaza— puede considerarse, cuando menos, una ironía de cara a los reclamos de elevar producciones, transformar los rendimientos agrícolas y la calidad de los productos.

“A 2 kilómetros tenemos la posibilidad de tener el agua aquí y podríamos regar dos fincas, casi 100 hectáreas, eso sería una fábrica de comida el año entero; nos dieron un motor eléctrico, necesitaríamos una inversión de 2 kilómetros de conductora plástica, porque es una lástima que las tierras más pegadas a la Zaza se exploten en secano”, detalló el directivo.

“Sin desconocer que han entrado algunos recursos —añadió—, la esencia ha estado en despertar la motivación en la gente, el sentido de pertenencia, estamos trabajando unidos, nos movilizamos internamente cada vez que hace falta sembrar, cosechar, atender los cultivos, así encaramos la falta de insumos”.

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La creación de los módulos pecuarios resulta otro frente de trabajo que cobra vitalidad en la granja agrícola. (Foto: José Luis Camellón/ Escambray)

ENHORABUENA LA FINCA

Aunque se habla de proyectos de inversiones para instalar cerca de 20 sistemas enrolladores, el colectivo de San Andrés no se ha sentado a esperar recursos, más bien está concentrado en sacar provecho al sistema de fincas por ser una estructura que favorece la producción, los salarios, la organización, el control y hasta los ingresos que se le planifican a cada área.

“La finca facilita mucho la organización y con los 14 obreros atendemos las 80 hectáreas, ya se ven los cambios, todo el terreno está en uso; aquí lo principal es la unidad que tenemos para trabajar y convivir; soy jefe de andar a caballo, pero un obrero agropecuario más cada vez que hace falta”, comentó el joven de 28 años Vladimir Beatón Portales, al frente de una de las fincas.

Lorenzo García Méndez, fundador de la antigua Empresa San Andrés, fue de los que resistieron en tiempos buenos y malos. “Uno pasaba por los campos y eran manigua, palos, aquello daba tristeza, no había ni trabajo ni nada que comer; ya esto es otra cosa, mire esos platanales cómo están; claro, hay que guapear duro con la tierra y no dejar que esto se nos pierda otra vez; aunque hace falta siempre algún apoyo porque hoy estoy trabajando con las botas desbaratadas y apenas puedo meterme a sacar racimos”.

Aun cuando las potencialidades están en el círculo de espera, pareciera que San Andrés aprobó el examen del Sí se puede y, tras cuatro años de recuperación, enseña un despertar que está lejos de ser obra de la improvisación; más bien demuestra un renacer del sentido de pertenencia y la cultura agrícola que bien se expresa en Marlene Orellana Ramírez, la flamante jefa de maquinaria que aprendió el oficio sobre los tractores.

“Conozco ya más de agregados y motores que del fogón de la casa; fíjate que por el ruido del tractor le digo al operador: ‘Oye, tienes un fallo, está sonando la caja…; se han desocupado plazas, pero ya no dejo la maquinaria, aunque muchas veces tenga que ponerme a dar llaves junto a ellos o meter las manos en un tanque de grasa”.

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El escalonamiento de las siembras y las cosechas ha posibilitado estabilizar las entregas a Acopio los martes y viernes. (Foto: José Luis Camellón/ Escambray)

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