Inercia prolongada ante urgencia domiciliaria

Los dos últimos vocablos del título anterior encabezaban el escrito aparecido en este mismo espacio el 18 de enero del presente año. En él se reseñaba la calamitosa situación de José García Echevarría, un hombre de 63 años operado dos veces por una enfermedad crónica del corazón, con tres arterias obstruidas y un stent en la principal que no son sus únicos padecimientos de salud, pero lo imposibilitan de cualquier esfuerzo físico.

Una vivienda endeble que cuando llueve se inunda, un techo de fibrocemento que ha descendido hasta no sobrepasar los 20 centímetros sobre su cabeza, por lo que el calor resulta inaguantable pasado el mediodía; dos fosas cuyas aguas cubren el piso buena parte del tiempo y la carencia de un baño son parte de la vida cotidiana de este ciudadano, quien debe acudir a sus vecinos para realizar sus necesidades fisiológicas.

Su casa, ubicada en la calle 2da. del Oeste No. 223 (Interior), entre 5ta. y 6ta. en el reparto Colón de la ciudad de Sancti Spíritus, ha sido objeto de análisis en varias ocasiones a lo largo de más de siete años, pero la necesidad sigue en pie, aun cuando no ha faltado quien le escuche con atención y esboce alternativas que infunden esperanzas.

En aquella oportunidad publicábamos el parecer de la especialista principal de la Dirección Municipal de la Vivienda, quien calificaba el estado de la morada como crítico, y del director de esa entidad, José Ángel Castillo Ramos, quien aseguró: “Su solución deberá ser por la vía estatal, mediante la entrega de algún local con cambio de uso o la construcción de su apartamento en algún edificio”. Aunque entonces alertábamos que no sería aconsejable la dilación del asunto, dada la larga espera de un hombre muy enfermo, José volvió a escribirnos casi con idéntico reclamo de ayuda.

Según cuenta en su segunda carta, dicho funcionario le dijo que podía priorizarle el subsidio, pero debería construir por esfuerzo propio, lo cual implicaría que su hijo, con menores a su cargo, dejara de trabajar para ejecutar la obra. “Lo tomas o lo dejas” fue, escribe el lector, el emplazamiento. Ofendido, José se marchó, y poco antes de la emergencia sanitaria recibió una atención que él califica como excelente de la máxima autoridad de Gobierno en el municipio cabecera, Alexis Lorente Jiménez.

Pese al interés mostrado resultó que el vicepresidente que atendía la actividad de las construcciones cambió en este tiempo, se activaron los Consejos de Defensa debido a la COVID-19 y las gestiones no fructificaron, por lo que el propio Lorente, escribe José, indicó incluirlo en el programa constructivo de la Vivienda correspondiente a este año y se disculpó con él vía telefónica.

“Yo sigo aquí, con el peligro de que mi domicilio me caiga encima; no estoy pidiendo una súper casa, sino algo donde no me moje ni tenga que pasar noches de desvelo por el agua o días de andar por la vecindad debido al calor insoportable”, se duele el remitente.

Cuba no deja desamparado a nadie, se ha repetido una y otra vez, pero en este caso va faltando la necesaria coordinación entre las entidades implicadas, como también se ha cambiado el parecer alrededor de un asunto que está más que claro. Escambray espera un pronunciamiento sobre el particular y, sobre todo, aspira a que alguien se presente en la casa del doliente, con soluciones prácticas en la mano, aunque estas impliquen el esfuerzo de su familia.

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