La planta prodigiosa de María (+fotos)

En el patio de esta cabaiguanense prospera el denominado árbol del mapén o del pan

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Sus frutas, comestibles y curativas, pueden superar hasta las 6 libras de peso.

A la casa campesina de María del Carmen Vera llegué con un interés periodístico y, en lugar de un trabajo, encontré dos, pues allí despertó el interés de conocer sobre un frondoso y llamativo árbol, de hojas grandes y alargadas, que sobresale en el patio por su belleza y atractivos colores.

Luego de concluir la entrevista al dueño de la finca, por su desempeño en la cría de ovinos, le lancé la primera pregunta a la carismática mujer, consciente de su amor por las plantas, que allí pululan por todas partes. ¿Y ese árbol? Ella sonrió, y me dijo: “Eso lo preguntan casi todos los que llegan, yo lo conozco como el árbol del mapén, lo sembré hace unos años cuando me regalaron dos retoñitos traídos desde Oriente y sin mucho trabajo creció. Un día descubrí sus flores, que luego terminaron en unas frutas redondas y bastante grandes, como de 5 libras de peso”.

El árbol del mapén, como le llama María del Carmen, surgió en las conocidas islas de las Especias, en Indonesia, hace unos 3 000 años y luego llegó a varias regiones tropicales, especialmente a las Antillas donde se supone fue traído por migrantes y colonizadores. La planta puede superar los 18 metros de altura y florece dos veces al año, aunque casi siempre lo hace en época de verano.

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Desde el portal de la modesta casa campesina María del Carmen muestra su árbol. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

 “Al principio no me atrevía a comer sus frutos —comenta la campesina— y solo lo utilizaba para cocinárselos a los cerdos, pero luego de probarlo en forma de tostones, en chicharritas que permanecen tostadas todo el tiempo y en otras recetas nunca más hemos dejado de consumirlo.

“Las frutas tienen una cáscara verde y corrugada, que cambia a amarillo cuando madura, su olor es parecido al del maracuyá y la masa es de sabor dulce. Un día le regalé un mapén a un visitante y cuando le pregunté cómo lo había preparado me dijo que en batido, es decir, que las recetas pueden ser muchas”, refiere María del Carmen.

Varios trabajos publicados en las redes indican que el nombre del vegetal cambia en dependencia del lugar donde crece; por ejemplo, en Centroamérica lo llaman árbol de mazapán y en el Caribe supera los más de 20 calificativos; en Colombia lo conocen como pan de Dios; en la Isla Providencia como pan de chocó y en Venezuela como palo’e pan, panapén o mapén.

Pero lo que María del Carmen de seguro desconoce es que el uso del mapén dentro de la cocina es mucho más amplio: los frutos maduros de cáscara firme se cortan en tiras que se fríen hasta estar doradas y crujientes; en Filipinas los disfrutan cocidos con azúcar y coco, pero algunos cocineros le quitan el tallo central a la fruta antes de la elaboración y le ponen mantequilla y azúcar en la cavidad; otros la hornean con grasa, sal y pimienta.

Hay países de las Antillas donde, una vez hervidas las frutas, las cortan en rodajas, las cubren con harina y las fríen en grasa. En las Bahamas hacen una sopa con la fruta verde y, cuando el caldo comienza a espesar, le agregan carne de cerdo salada y cocida, cebolla picada, pimienta, sal… Asimismo, a la pulpa raspada de frutas de pan, suaves y maduras, se le añade leche de coco (nunca agua de coco), un punto de sal, azúcar y se hornea para hacer un flan. Pero está también el denominado puré de frutas del mapén maduras, mezclado con mantequilla, dos huevos batidos, azúcar, nuez moscada, canela, un poco de brandy o jerez; en fin, son infinitas las posibilidades de elaborar platos que se ofrecen en la gastronomía especializada, aunque uno de los usos más interesantes lo logran en Brasil, donde suelen usarlas como sustituto de la harina de trigo en la fabricación de pan y es mucho más rica que la harina de trigo, en cuanto a componente de lisina y otros aminoácidos esenciales.

Con un amplio uso curativo aparece también el árbol del mapén, pues todas sus partes pueden utilizarse en la medicina tradicional; por ejemplo, el látex, que es un adhesivo natural y sirve también para calafatear embarcaciones, se emplea contra la neuralgia, la diarrea y los cólicos; las raíces son purgativas, y maceradas tienen un uso dermatológico; además de otros fines, la hoja hecha tisana reduce la presión sanguínea y contrarresta el asma, y las flores macho, quemadas, repelen los mosquitos, por solo citar algunos beneficios.

De modo que para quienes decidan probar suerte con esta planta —ya sea en el sector estatal, cooperativo o el campesino individual— se recomienda sembrarlo de brotes de la raíz, que comenzarán a salir a las seis semanas; aunque hay quien lo hace de semilla o de esquejes.

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Conocida por su dueña como árbol del mapén, la planta crece saludable. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Pero como ven, el árbol del mapén, que crece frondoso en el patio de la campesina de María del Carmen, allá en la zona de Cruz de Neiva, en Cabaiguán, muestra un caudal enorme de perspectivas alimenticias y medicinales, por lo que nada perdemos con tratar de reproducirlo en nuestro territorio porque, como bien apunta un ingeniero agrícola costarricense: “No es solo que un árbol del pan pueda alimentar a cuatro personas durante 50 años, sino que al sembrarlo y desarrollarlo es como tener ñames, yucas y plátanos colgando de sus ramas”.  

2 comentarios

  1. Daryen Fonticiella Lazo

    Hmmmm…. Interesante 👍🤔

  2. Artocarpus altilis (Moraceae)

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