Pedí la tierra para explotarla (+fotos)

El campesino Gustavo Perdomo Ríos es el mejor productor de la CCS Alfredo López Brito, del municipio espirituano de Cabaiguán

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Atender al rebaño es la misión de todos los días. (Foto: José Luis Camellón Álvarez/ Escambray)

Si existieran los oasis humanos, Gustavo Perdomo Ríos pudiera ser uno de ellos, porque no es común encontrarse en Cabaiguán a un campesino que se deslinde del aroma del tabaco, pese a tener las vegas rozando su finca El Cocal; sin embargo, prefirió otros rumbos para la tierra que recibió años atrás en calidad de usufructo y no necesitó amarrarse al tradicional cultivo para convertirse en el mejor productor de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Alfredo López Brito, mérito logrado de la mano de la ganadería, los cultivos varios y la caña.

Ese horizonte le trae otra singularidad: responder a dos bases productivas diferentes, la CCS y la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) cañera Guayos. “Eso no me crea ningún conflicto, hago mis contratos con cada una, me llegan de ambas partes algunos recursos, pero lo mío es trabajar y cumplir los compromisos que me trazo; claro, los momentos están muy duros en el campo”, afirmó el usufructuario.

“Las áreas dedicadas a caña pertenecen a la UBPC, lo que yo las atiendo y las siembro, incluso le intercalo frijol; esos campos llegaron a estar medio perdidos y desde hace varios años va materia prima de ahí para el central Melanio Hernández”, relató.

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Gustavo se declara en época de aprendizaje, porque para él, en el campo se aprende todos los días. (Foto: José Luis Camellón Álvarez/ Escambray)

Con 52 años y un título de técnico de nivel medio en Veterinaria, todavía Gustavo se declara en época de aprendizaje, “porque en el campo se aprende todos los días.

“Desde que nací estoy en la tierra, con mis abuelos y mis padres, lo que desde el 2011 me hice usufructuario y desde entonces sí que no se para ni te puedes estar fijando qué día de la semana es, mucho menos cuando hay reses”, explicó.

¿Por qué caña y ganado?

Esto siempre fueron terrenos cañeros, lo que estaban abandonados, llenos de maleza; usted los ve ahora sembrados, pero esto llevó buldoceo, esfuerzo y recursos. Cuando me las entregaron me pidieron rescatar el cultivo y he ido estirando el cañaveral poco a poco.

Lo del ganado es que me gusta, no te puedo decir otra cosa; es algo exigente por los horarios de ordeño, el tranque; no te imaginas cuánto hay que guapear con el forraje para sostener la entrega de 28 o 30 litros de leche diarios.

Tengo comida sembrada para las reses, le muelo yuca y con carretón con bueyes buscar todo lo que aparezca por ahí.

¿Cuál es su filosofía para usar el suelo?

Si una clave hay en cualquier cultivo es prepararlo bien y mantenerlo limpio; lo otro es intercalar para aprovechar al máximo cada pedazo, eso da más producción y rendimiento. Al plátano, le meto malanga o calabaza y llevo dos años intercalando frijol en la caña nueva y me ha dado buenos resultados.

El rendimiento que tengo en la caña es de más de 60 toneladas por hectárea, prácticamente sin echarle nada. Hay unos campos al lado que, si me los dan, los siembro también de caña, no me asusta ese cultivo, es más noble, apura menos que otros y me da ingresos.

¿El usufructo es un embullo temporal o hay planes a largo plazo?

Vine para la tierra sin retroceso. Desde que estoy aquí este sitio me lo aporta todo, mi economía, el bienestar de la familia y sé la utilidad de producir y aportar alimentos al pueblo. Uno se planifica y sale un día, pero la agenda del campo es constante.

No vine para la tierra por embullo, la pedí para explotarla. Todo está en el interés que uno ponga, el sacrificio y mucho trabajo.

Mis producciones van para el Estado, he ido a las ferias autorizado por la cooperativa y nunca ha sido con precios abusivos. Te pongo un ejemplo: cuando cogí las primeras 20 cajas de tomate, un particular me ofreció 10 000 pesos; no se las vendí; las entregué a Acopio y gané algo más de 3 000; dormí tranquilo esa noche y todas las demás.

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Apenas coseché el tomate, sembré maíz; no se puede perder tiempo, aseveró el campesino. (Foto: José Luis Camellón Álvarez/ Escambray)

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