Pienso siempre en el ser humano (+fotos)

Léster Aróstica Cermeño, teniente coronel del Minint en Sancti Spíritus, vinculado a la Dirección Técnica de Investigación, estructura que está por cumplir 61 años, narra sus vivencias a lo largo de más de un cuarto de siglo

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Sucesos memorables en su carrera son también el Caso Autopista, de hurto y sacrificio de ganado mayor, y el asesinato, años atrás, de dos ancianos en Cabaiguán. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Se muestra curioso por el cuestionario, incluso se declara impresionado por el diálogo con la prensa, inusual para él. Mas una vez respondida la interrogante inicial lo absorbe la pasión al hablar y ya no es necesario preguntar más. Si acaso, precisar una fecha o algún dato específico. Acumula 26 años de trabajo en el Ministerio del Interior, al que llegó, dice, a través de los libros que devoraba desde la infancia.

Léster Aróstica Cermeño integra las honrosas filas de la Dirección Técnica de Investigación (DTI), que originalmente llevó la denominación de Departamento, luego la de Policía, y surgió en el propio año del triunfo revolucionario con la finalidad de preservar las conquistas de la nación desde un actuar sacrificado, discreto y muchas veces anónimo.

El DTI, como se conoce popularmente, cumple este 12 de julio 61 años de labor. Escambray se empeña en escudriñar cada recodo de esa estructura a través del quehacer del hombre que tiene hoy delante. “Tomando como referencia Tras la huella, programa que ha contribuido mucho al conocimiento del trabajo que desempeñamos, yo hoy sería Silvio”, me dice, en un intento por que la esencia de su labor resulte comprensible a los lectores.

“Nuestro propósito es descubrir cómo se gestan las actividades delictivas, qué causas y condiciones las favorecen, quiénes son los implicados y cuál es el alcance de su participación. Identificamos características, establecemos tendencias. Pero es importante aclarar algo: sin la colaboración de la población, y esto no es un eslogan, nosotros no seríamos nada”, esboza mientras coloca sobre el escritorio la gorra verde olivo, que lleva en su parte delantera las dos estrellas indicativas de sus grados de teniente coronel.

No necesita esforzarse para cumplir al pie de la letra un principio del órgano armado que parece regir cada uno de sus pasos, y es el de la salvación del ser humano y su reinserción a la sociedad. “No ganamos nada llenando las cárceles de gente, lo importante es ver qué sistemas fallan en cada uno de los casos, para que quienes delinquen no incurran nuevamente en las fallas”, expone con la misma naturalidad que se le percibe cuando habla de su familia.

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“Ver el bienestar en el rostro de alguien, presenciar su regocijo por la justicia hecha o el bien recuperado da una satisfacción que pesa muchísimo”, asegura Léster. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

El suyo es un trabajo en el cual lo único que determina no es, dice, la inteligencia, la capacidad intelectual o de razonamiento, porque constituye una mezcla de muchas cosas. “Determinan también la interrelación con las personas y la entrega personal”, afirma. Y no se precisa solicitarle argumentos que calcen esa afirmación; basta con escucharle narrar algunas de sus experiencias para darse cuenta de que se trata de un ser humano capaz de conmoverse lo mismo ante la risa de un niño que ante las lágrimas de un hombre recio.

“He estado en varias unidades y transitado por numerosas especialidades. He visto mucho”, advierte, como en un adelanto. Se siente privilegiado por las “circunstancias especiales” que les ha tocado vivir a los de su generación. Nació en 1975 en Jíquima de Alfonso, Fomento; en 1990 entró al Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Ernesto Che Guevara, de Villa Clara, y egresó de la academia del Minint Luis Felipe Denis Díaz en 1998, en la especialidad de Actividad operativa secreta.

Disfruta al máximo su labor como oficial operativo, aunque ha asumido con toda la seriedad posible otras responsabilidades de diversa índole. La suya es, asegura, una de las carreras más bonitas que existen. “Ver el bienestar en el rostro de alguien, presenciar su regocijo por la justicia hecha o el bien recuperado da una satisfacción que pesa muchísimo; cosas así no se olvidan fácilmente”, apuntala al término del recuento sobre una historia que al cabo de casi 20 años todavía le humedece los ojos.

 “Fue mi primera experiencia fuerte en el Minint y tiene un valor sentimental fortísimo; sucedió siendo oficial operativo en Fomento. Habíamos egresado hacía poco y en plena Batalla de Ideas nos asignaron a mí y a otro compañero de mi graduación un caso consistente en una serie de más de 50 robos con fuerza. Eran dos los autores, afectaron a muchas familias —sustraían bienes de diferente tipo— y tuvieron sanciones fuertes también.

“Uno de aquellos robos había sido en una escuela, de donde sustrajeron un televisor. Había quien desconfiaba de un trabajador de allí, que aun sin ser responsable llevó sobre sí una carga moral fuerte. Más de un año después se recuperó el equipo y me correspondió informarle al profesor sobre el esclarecimiento del hecho. Ese ciudadano ya mayor, a quien yo no conocía y bien podía ser mi padre, se echó a llorar. Fue su liberación personal. Aquello me marcó hasta hoy”, confiesa.

Sucesos memorables en su carrera son también otros, como el Caso Autopista, acaecido hace más de una década, que lo tuvo en el equipo de primera línea de enfrentamiento e implicó, además de Sancti Spíritus, las provinciasde Matanzas, Cienfuegos, Villa Clara y Ciego de Ávila. Se trataba, recuerda, de casi un centenar de hechos de hurto y sacrificio de ganado mayor y de unos 170 animales afectados.

“Perjudicaba a campesinos en zonas próximas a vías principales, las carnes eran trasladadas hacia La Habana en vehículos de renta al Turismo. Era preciso meterse en esa cadena delictiva para lograr un nivel de información que te permitiera establecer la magnitud del fenómeno”, argumenta. Le place que al tomarse la historia para un guion del programa policiaco Tras la huella todo haya sido reflejado de manera fidedigna.

Pero nada de lo hecho hasta hoy resulta comparable con lo vivido en función del esclarecimiento del asesinato de dos ancianos en Cabaiguán, allá por el 2015. Entonces una corazonada suya, basada en los conocimientos de Psicología adquiridos en la escuela, se confirmó y, una vez afincada en pruebas, permitió sancionar al culpable. “Durante la reconstrucción de los hechos se congregó en el lugar un mar de pueblo. Había un ambiente de rechazo y mucha indignación, pensamos que podía suceder algo diferente y adoptamos todas las precauciones, pero primó la disciplina del pueblo”, evoca.

De aquel caso en Fomento hubo uno de los encartados que al salir de prisión lo buscó para agradecerle. También le han agradecido muchas familias. En ellas piensa siempre que tiene entre manos algún delito. “Hoy trabajo con muchos jóvenes y les digo: la madre de un asesino no aprueba que él sea un asesino, pero él no deja de ser su hijo”, señala.

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Léster: He procurado siempre no tener que arrepentirme por haber actuado de mala fe. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Es defensor vehemente del humanismo que se practica en el sistema penitenciario cubano, de esas oportunidades que permiten a muchos salir de las cárceles con una carrera universitaria vencida. “He procurado siempre no tener que arrepentirme por haber actuado de mala fe. Para decidir uno tiene que pensar que quien está del lado de allá es un ser humano; obviamente, sin dejar de cumplir su misión. Dentro del Minint se nos ha insistido siempre en el tratamiento diferenciado”.

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