Piti Fajardo: soldado ejemplar de la Revolución

Este 29 de noviembre se cumplen 60 años de la caída en combate del joven médico y combatiente manzanillero Manuel “Piti” Fajado Rivero en un encuentro con bandidos en la confluencia del Circuito Sur y la carretera a Topes de Collantes, cerca de Trinidad

Piti Fajardo era un combatiente recio e incansable.
Piti Fajardo era un combatiente recio e incansable.

Era el 29 de noviembre de 1960 y a la jefatura del comandante doctor Manuel Piti Fajardo Rivero, jefe de operaciones contra las bandas armadas en el Escambray, llegó la información de que un grupo de individuos se había introducido en la casa del comandante Alfredo Peña, en Trinidad, de donde se llevaron algunas armas y parque aprovechando su ausencia, y que acto seguido salieron hacia la carretera a Cienfuegos —Circuito Sur— con la intención de alzarse.

Atendiendo a su alto cargo y gran responsabilidad, Pitiasí le decían cariñosamente desde niño—pudo fácilmente encargar la persecución de aquellos elementos a uno de sus capitanes, como indicaba la lógica militar, pero, en cambio él, acostumbrado a la acción y consciente de la misión encomendada por Fidel, salió personalmente tras los bandidos al frente de un grupo de soldados rebeldes.  

Al llegar a las inmediaciones de la intersección del Circuito Sur con la Carretera a Topes de Collantes, tropas milicianas habían tendido un cerco dentro del cual, se presumía, se encontraban los autores del golpe de mano en la villa trinitaria, y Fajardo tomó el mando de la operación y internó dentro del copo en busca de los forajidos que, amparados por la oscuridad nocturna y la confusión, le dieron muerte.

CONTRA VIENTO Y MAREA

De acuerdo con algunos apuntes biográficos y el testimonio de la doctora Francisca “Panchita” Rivero acerca de su hijo, Piti Fajardo nació en Manzanillo el 8 de noviembre de 1930, donde ella, una joven médica negra con una dolencia congénita en la columna, lo crio prácticamente sola, esforzándose por darle al niño todo el cariño y la atención posibles y velando al mismo tiempo por su formación cultural y como ciudadano. 

Una síntesis apretada del hombre ejemplar que forjó Panchita, lo sitúa cursando la escuela primaria José María Heredia en su Manzanillo natal, donde también se gradúa de bachiller. Luego Piti se hace médico en la Universidad de La Habana y, ya graduado, obtiene una plaza en el Hospital de Emergencias, hoy Freire de Andrade. Inteligente y activo, el joven galeno pudo quedarse en la capital ejerciendo su digna profesión, pero se sintió en el deber de regresar a su terruño para ayudar a los suyos, cuando ya en la Sierra Maestra se iniciaba la lucha.

De nuevo en Manzanillo, va a trabajar a la clínica La Caridad, donde su dueño, el doctor René Vallejo, arriesga la vida atendiendo a rebeldes heridos que le traen de la Sierra o del clandestinaje, tarea que Manuel Fajardo asume con decisión y responsabilidad. Ante indicios y sospechas que le llegan por distintas vías, la clínica es allanada por un grupo de esbirros liderados por José María Salas Cañizares, “Masacre” (*), los que se llevan preso a Vallejo, quien salva su existencia gracias a su gran arraigo en el pueblo, que lo quiere y admira.

Puesto en libertad bajo vigilancia, Vallejo se va de inmediato a las montañas y, tras él, se alza Piti el 24 de marzo de 1958, poco antes de la ofensiva general del régimen contra la Sierra Maestra. La llegada de dos nuevos médicos en el transcurso de pocos días a las filas rebeldes fue una excelente noticia para los alzados de Fidel Castro, pero este doctor no se limitó a curar, pues como diría de él Juan Almeida, “Piti Fajardo era un combatiente con el bisturí en una mano y el fusil en la otra”.

BAUTIZO DE FUEGO

Alternando su tiempo entre la improvisada consulta y la lucha, Piti participa en los combates de Providencia, Santo Domingo, Cuatro Caminos, Las Mercedes, El Jigüe, Veguitas, Cerro Pelado, El Salto y Meriño, entre otras acciones durante el rechazo a la masiva ofensiva batistiana contra el firme de la Sierra Maestra, lo cual le valió los grados de capitán, al poner de manifiesto, pese a su apariencia endeble —por su delgadez—, una gran energía, sagacidad y resistencia física.

Vencida la ofensiva de verano del ejército del régimen, Fajardo ayuda a construir el hospital de Pozo Azul y otros que se crean en el lomerío, cuando recibe del Comandante en Jefe Fidel Castro la encomienda de ser jefe de armamento y contabilidad de los medios de guerra disponibles, incrementados con las más de 500 armas ocupadas a los soldados durante su fracasada arremetida contra la Sierra. 

Luego baja al llano junto al comandante Eduardo “Lalo2 Sardiñas con la misión de operar en un territorio entre Las Tunas, Holguín y Bayamo, donde se formaría el IV Frente Simón Bolívar del Ejército Rebelde, pero en el ínterin deben propiciar con sus acciones militares el paso de las columnas invasoras del Che y Camilo hacia occidente, por lo cual se centró la Columna No. 12 comandada por Piti en la zona entre Tunas, Holguín, Puerto Padre y Jobabo.  

CONSTRUCTOR, COMBATIENTE Y MÉDICO

Con el Che durante la construcción de la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos.
Con el Che durante la construcción de la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos.

El primer día de enero de 1959 sobreviene el triunfo y, siguiendo una lógica formal, a Manuel Fajardo lo ascienden a comandante y lo nombran como director del Hospital Civil de Manzanillo. Poco después, pasa Piticon igual cargo al Hospital Militar de Santiago de Cuba.

Por sus méritos y conocimientos el doctor Fajardo asiste a un congreso médico en Porto Alegre, Brasil, pero, entretanto, se alza el capitán Manuel Beatón, un asesino internado en un centro penitenciario habanero en espera de juicio, de donde se escapa después de haber dado muerte al comandante Cristino Naranjo y a uno de los escoltas para luego huir a Oriente e internarse en la Sierra Maestra, donde tenía parientes y cómplices, tras lo cual Fidel nombra a Pitijefe de operaciones en esa región.

Tan excelente campaña desarrolla el comandante Fajardo contra Beatón y su grupo que lo captura en tiempo récord. Convertido en una especie de apaga fuegos para las tareas urgentes de la Revolución, es designado también en Oriente para dirigir las obras constructivas de la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos, donde inaugura su primer curso con 500 camilitos el 26 de julio de 1960. Pero enferma Fidel con una afección pulmonar y se convierte en su médico de cabecera.

Aún bajo tratamiento intensivo, al Jefe de la Revolución le llegan noticias de que la zona del Escambray se complica continuamente por la presencia de bandas armadas que tratan de controlar la zona cercana a Trinidad, lo que le aporta indicios de la posible invasión por esa área del contingente mercenario que EE.UU. prepara en Centroamérica. 

EL COMBATE FINAL

Fidel piensa en su médico y combatiente, tan eficaz en el cumplimiento de las más complejas tareas, y lo nombra jefe de operaciones contra los grupos de alzados contrarrevolucionarios que operan en el macizo de Guamuhaya. Fajardo asume el cargo a inicios de noviembre de 1960 y emprende un esfuerzo denodado por pacificar la región montañosa, sobre todo en torno a Trinidad. 

A finales de mes sobreviene el incidente del asalto a la casa del comandante Peña, en que, siempre a la vanguardia, pierde Piti su valiosa vida, tras lo cual sus restos fueron trasladados a su natal Manzanillo para ser inhumados con todos los honores. En sus exequias, el Comandante Fidel Castro se preguntó: “¿…por qué cae el comandante Fajardo? ¿Quiénes con los culpables de la muerte de Fajardo?, para afirmar a continuación: “Culpable de la muerte de Fajardo es, en primer lugar, el Gobierno de los Estados Unidos”. 

Muchas cosas expresó Fidel durante aquella oración fúnebre para reconocer a Piti y condenar al Imperio y sus marionetas. Prueba de la relevancia del hecho es que, cuatro días después, asumió en persona el mando de la operación para capturar a los victimarios de Fajardo. Sin embargo, quedó para la posteridad como la más fuerte condena, la expresión de dolor de Panchita Rivero, la madre atribulada, ante la pérdida irreparable de su único hijo, que dejó impresa en cartulina un fotógrafo anónimo.

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