Responden los campesinos al llamamiento de la ANAP

Su respuesta tiene dos vertientes: el envío al pueblo de las producciones que están en las fincas y un amplio movimiento de siembras con la llegada de la lluvia

Con reiteración, los campesinos espirituanos han  donado productos agropecuarios a centros vinculados al enfrentamiento a la COVID-19. (Foto: Eduardo Sicilia)
Con reiteración, los campesinos espirituanos han donado productos agropecuarios a centros vinculados al enfrentamiento a la COVID-19. (Foto: Eduardo Sicilia)

En respuesta al llamamiento del Buró Provincial de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), el campesinado espirituano realiza por estos días donaciones de alimentos a los centros de Salud que brindan atención a los enfermos y sospechosos de contraer la enfermedad de la Covid-19, y asumen las entregas de productos agropecuarios con destino a la población que cumple las medidas contra la pandemia del Coronavirus en aislamiento en sus hogares.

Eidi Díaz Fernández, miembro del Buró Provincial de la ANAP. (Foto: Tomada de Centrovisión)
Eidi Díaz Fernández, miembro del Buró Provincial de la ANAP. (Foto: Tomada de Centrovisión)

Al mismo tiempo, favorecidos por la llegada de la lluvia, dichos productores han iniciado un amplio movimiento de siembras, preferentemente, de cultivos de ciclos cortos, para mejorar la respuesta a la alimentación del pueblo, que sufre cierto  desabastecimiento en la actualidad, motivado en gran medida por la prolongada sequía que ha padecido el territorio, que solamente tiene alrededor del ocho por ciento de sus fincas con regadío y en estos momentos las fuentes de agua se encuentran secas casi en su totalidad.

Eidi Díaz Fernández, miembro del Buró Provincial de la ANAP, transmitió el reconocimiento de la organización a los más de 28 000 asociados de las 215 asociaciones de base anapistas, al conmemorarse este 15 de mayo el Día Mundial de la Familia y por el Día del Campesino, que se conmemorará el 17 del presente mes.

A la Revista Especial de Centrovisión concurrieron también en la tarde de este viernes dos productores destacados del sector cooperativo y campesino. Soraya Díaz Álvarez, de la Cooperativa de Crédito y Servicio (CCS) Paquito Rosales, del municipio de Sancti Spíritus, expresó que haber resultado electa delegada al XII Congreso de la ANAP, cuyo proceso fue aplazado por la pandemia del SARS-CoV-2, significa un mayor compromiso para continuar haciendo parir alimentos en cada pulgada de tierra de su finca, dedicada a los cultivos varios.

Soraya Díaz Álvarez, campesina de la CCS Paquito Rosales, de Sancti Spíritus. (Foto: Tomada de Centrovisión)
Soraya Díaz Álvarez, campesina de la CCS Paquito Rosales, de Sancti Spíritus. (Foto: Tomada de Centrovisión)

De la etapa en que asumió como presidenta de su cooperativa por espacio de nueve años, en la década de los 90 del pasado siglo, recordó que no estuvo exenta de disgustos e incomprensiones de muchos hombres del surco y el erado, en los momentos iniciales, hasta que con el apoyo de todos condujo a los productores en la hermosa tarea de fomentar una agricultura próspera y sostenible.

El campesino Ricardo López Taño, de la CCS Hermanos Santos, del municipio de Jatibonico, narró sus experiencias asociadas al Movimiento Agroecológico, en una finca pequeña: dedicamos cuatro hectáreas a los cultivo varios y tres a frutales, además tenemos en fomento un área forestal con árboles maderables y café intercalado, dijo.

Ricardo López Taño, de la CCS Hermanos Santos, del municipio de Jatibonico. (Foto: Tomada de Centrovisión)
Ricardo López Taño, de la CCS Hermanos Santos, del municipio de Jatibonico. (Foto: Tomada de Centrovisión)

El aporte de nuestra familia, alegó, radica en que realizamos siembras escalonadas de ciclos corto y largo, que nos permite cosechar y entregar productos todos los meses del año; usamos con preferencias productos biológicos en nuestros cultivos; y no quemamos los residuos de cosecha, pues destruiríamos los microrganismos, sino que los situamos en largas esteras paralelas a las siembras y los dejamos descomponer, para incorporarlos luego como abono orgánico al suelo, en un sistema amigable con la tierra que nos da el sustento.   

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