Surcar sobre las huellas de Eta (+ fotos, video e infografía)

Con un suelo ensopado y cultivos de todo tipo dañados por las intensas lluvias, la Agricultura en Sancti Spíritus no tiene más camino que cosechar lo salvable, preparar tierra y volver a sembrar

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Las estrategias de la recuperación pasaron a la ofensiva en toda la geografía espirituana. (Foto: Oscar Alfonso/ Escambray)

Parecía que la oferta de alimentos agrícolas encontraría un alivio en los meses próximos porque, pese a arrancar una campaña invernal con aguda escasez de insumos, la siembra adelantó camino en todos los cultivos propios de esta época, incluso en el caso del tomate, con una plantación temprana que apuntaba a la distribución a fines de año. Pero llegó una mansa tormenta que se movió a su antojo, descargó unos niveles de precipitaciones que trastocaron la ruta del campo y restó producciones de diversos tipos.

“Esto es lo nunca visto en un mes de noviembre”, dice embarrado de fango hasta la cara el campesino Jesús Suárez Marrero, y es cierto que tanta lluvia en esta etapa se vuelve inusual, aunque no inédita, pues, recordemos los huracanes Michelle, en el 2001, y Paloma, en el 2008, ambos en noviembre con sus impactos en la geografía de Sancti Spíritus.

No le falta razón a Jesús Suárez, integrante de la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Juan González, cuando afirma que “llovió demasiado para la yuca, los frijoles, para todo, Eta hizo mucho daño; oiga, la frijolera de la cooperativa estaba para hacer historia y, míreme aquí, enfangado hasta las orejas, pero esta yuca la vamos a sacar a como sea, luego lo que toca es sembrar y sembrar, el descanso llegará cuando muera”.

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En la zona de Santa Rosa, en Yaguajay, se acelera la siembra de boniato para reponer las pérdidas en ese cultivo. (Foto: José Luis Camellón/ Escambray)

ETA RETÓ A LOS GUAJIROS

Cuando se camina por esos suelos ensopados y se mira el amasijo de cultivos desmayados y hasta podridos, se capta la viva estampa de las huellas de la tormenta en Sancti Spíritus; hasta pudiera pensarse que los productores necesitan casi una campaña para asimilar tan bajo golpe de la naturaleza y encarar los retos que sembró el diluvio en las sitierías de toda la provincia.

Porque se ahogó el hermoso boniatal de Santa Rosa, a orillas de Seibabo; se estrujaron a más no poder las frijoleras de Jarahueca; se marchitaron —¡y de qué manera!— las saludables tomateras de Cabaiguán y Taguasco; se encharcaron los arroces maduros de Sur del Jíbaro, también muchos campos de yuca, boniato, cebolla, hortalizas, tabaco… y todavía no se sabe con certeza qué cultivo quedó en las orillas de esa bestia hídrica llamada Agabama que inundó medio Valle de los Ingenios, en Trinidad.

En los suelos de la CPA Juan González, una de las bases productivas más comprometidas con el encargo estatal para Cabaiguán y la provincia, se divisa el impacto del vendaval; también, los aires de recuperación.

“La yuca fue muy afectada, pero casi sin escampar nos metimos a sacarla y aprovechar toda la que se pueda, todavía estamos en esa pelea mañana y tarde; el otro daño grande está en el frijol, hay áreas donde tenemos la máquina de riego que se emborracharon; si algo hemos hecho es no perder tiempo, ya estamos partiendo tierra otra vez”, expresó Léster Pino Orozco, presidente de la CPA.

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En la CPA Juan González no pierden tiempo en la extracción de la yuca. (Foto: José Luis Camellón/ Escambray)

Bastarían las palabras de Roberto Madrigal Cabrera, jefe de Producción, para entender que en esta cooperativa las huellas de Eta durarán poco. “Tenemos mucha yuca y boniato sacado a la brava, abajo del fango, fíjese, que da más trabajo limpiar esa yuca que sacarla y, por 24 horas la perdemos, viene pudriendo mucho; tampoco es momento de ponerse a llorar ni sentarte en los portales, vamos a batirnos para salvar todo lo que se pueda y acabando le caemos arriba al boniato, aquí no venimos al campo a monear”.

En el otro extremo de la CPA, en la zona de Pozas, tampoco pierden tiempo ni esperan más oreo para que la maquinaria pueda entrar al terreno; con bueyes preparan tierra para sembrar tabaco. Es tan serio el compromiso con la producción que Onel Gándara Sarduy llegó a la vaquería a las tres de la madrugada para el ordeño del día y al amanecer enyugó la yunta.

“Este temporal se atravesó, pero vamos a recuperar las labores; ahora está escaso el combustible y muy mojado el suelo para el tractor, entonces no hay que pensar mucho, a estas 4 hectáreas hay que meterles el brazo y surcarlas con los bueyes para sembrar el tabaco lo antes posible; sí, es fuerte el trabajo, pero el agotamiento se guarda y luego descansaremos”, dijo el boyero.

La respuesta en las sitierías no es exclusiva de la CPA Juan González; en las cercanías a la Autopista Nacional, el joven productor Yan Eloy Valero, integrante de la Cooperativa de Créditos y Servicios Beremundo Paz, pone rodilla en tierra para voltear las huellas de Eta.

“Tenía 3 hectáreas de frijol, 1 de tomate, 2 de tabaco y así otros cultivos; de eso no se pudo salvar nada, todo quedó muy maltratado; la solución es roturar para volver a sembrar rápido, si algo no puedes perder es tiempo, el frijol lo voy a reemplazar con garbanzo, ya tengo la semilla, lo otro es trabajar, con la naturaleza no se puede, pero hay que echar pa’lante y recuperarnos”.

OFENSIVA A PIE DE SURCO

No es la primera vez que un temporal le pone una zancadilla a la agricultura, lo que hacía muchos años que un golpe así no ocurría en el esplendor de la campaña invernal, por demás, la encargada de tributar más de la mitad de las producciones del año siguiente.

“Casi todas las áreas de cultivos varios tuvieron un nivel de afectación, en mayor o menor grado, de manera que el daño no quedó solo en las 948 hectáreas perdidas totalmente, un nivel que visto individualmente es poco, pero la realidad es que toda la comida bajo tierra tiene daño y se expresará mucho en los rendimientos”, detalló Alberto Reina, subdelegado de la rama.

Mientras aún se certifican a escala de campo las afectaciones, las estrategias de la recuperación pasaron a la ofensiva. De momento, la reprogramación de las siembras incluye todos los cultivos típicos de la etapa, aunque algunos acaparan mayor interés, programa que en términos numéricos equivale a plantar en lo que resta de año unas 11 900 hectáreas, de ellas cerca de 2 900 por encima a lo diseñado inicialmente para la campaña.

“Se van a priorizar aquellos cultivos que puedan dar producción más rápido, vamos a realizar una siembra emergente de tomate, calabaza, pepino y pimiento; dentro de las viandas, el boniato y, en la parte de los granos, frijol, un poco de maíz y alrededor de 700 hectáreas de garbanzo; para todo eso disponemos de la semilla. La otra estrategia es que en la medida que vayamos sacando la yuca en las áreas afectadas, usaremos esa semilla para sembrar y garantizar el producto el año entrante”, expresó Eduardo Jiménez, al frente de los cultivos varios.

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Casi todas las áreas de cultivos varios tuvieron un nivel de afectación, en mayor o menor grado. (Foto: Ramonín Díaz)

¿De qué niveles de alimentos se podrá disponer en este período por delante?, preguntó Escambray a Alberto Reina.

“Para lo que resta de año podremos recuperar rápido cultivos como el pepino, la hortaliza de hoja; tenemos el plátano, ahí la afectación fue mínima, las lluvias lo que hicieron fue favorecer las plantaciones; pese al impacto del evento queda un nivel de yuca que seguiremos distribuyendo, aunque no en las cantidades que estaban previstas; de igual manera ocurre con el boniato que se salve, porque ya el que sembraremos ahora no sale para este año.

“También quedó con vida una parte del tomate, no se podrá repartir las cantidades que inicialmente se proyectaron porque el daño fue severo, pero siempre habrá una cantidad para distribuir en los mercados estatales. Trabajamos fuerte en las áreas de frijol que ofrecen alternativas para tratar de salvar parte de la cosecha y ver si para fin de año nos sale un nivel de producción; podemos decir no fue a cero toda la agricultura en Sancti Spíritus”.

No es la primera vez que el sector y los productores quedaron retados por la naturaleza y en la campiña le plantan cara a la adversidad; sin embargo, el desafío que implica transformar esa tierra empapada por Eta puede empañarse si la recuperación no camina enyugada a la comercialización y se atajan los precios de venta, porque nunca la escasez podrá justificar, como apreció Escambray en Cabaiguán, que una mano de plátano fruta se venda hasta a 14 pesos la libra en puntos particulares que, curiosamente, son casi los únicos que la ofertan.

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