La esquina de Escambray: Así no se va a la guerra

Ante lo pasajero de un videoclip y una cancioncita de turno, hay poco que hacer. Las toneladas de notas, melodías y versos que se han compuesto en este país, que forman parte de su cultura legítima, aplastan los oportunismos de ocasión

Lo legítimo perdura y en cuestiones de arte la legitimidad no solo la otorga el tiempo, también lo auténtico, aquello que se expresa desde el alma y es consecuente con su creador y sus principios estéticos.

La historia de la música cubana está repleta de buenos ejemplos y en el escenario musical sobran las muestras: Pensamiento, Veinte años, Perla marina, El mambí, Mambo influenciado, No puedo ser feliz, Dos gardenias, Mambo No. 5, Y qué tú quieres que te den, Muévete, Las alturas de Simpson, La era está pariendo un corazón, Yolanda, Te perdono… Hay zonas de la música que, por ser menos populares como las composiciones sinfónicas, corales, de cámara, jazzísticas, se regocijan con la obra de Caturla, Brouwer o Beatriz Corona, de Chucho Valdés, Roberto Valera o Hernán López-Nussa. Existen cantos y piezas de concierto que van más allá de cualquier imperfección y han tenido la mágica facultad de erizarnos la piel, conmover hasta el llanto, sublimar el alma.

En todos los casos, absolutamente en todos, sus hacedores han conseguido eso que llaman la nota perfecta por, sobre todas las cosas, expresarse con libertad desde lo más profundo de su ser y estoy seguro que a la hora de componer no tenían en mente si con ello iban a ser más o menos ricos, solventes, populares o serían capaces de hacer cambiar a un país, desviarlo de su ruta histórica o construir un nuevo camino. Incluso, en las canciones y músicas por encargo, compositores e intérpretes asumen los riesgos de ese encargo porque creen en la propuesta, la asumen como propia y llegan a sentirse cómodos dentro de la historia narrada, tanto que con solo escuchar un acorde puedes identificar al autor.

En los tiempos que vivimos, lamentablemente, para algunos lo importante es la cantidad de likes, visualizaciones o descargas que consiguen en las plataformas digitales, a donde va a parar lo humano y lo divino. No esperan siquiera la sedimentación natural de una pieza musical. Basta con tener millones de vistas, que Youtube e Instagram te digan que llegaste a millones y pongan letras doradas en tu perfil. Basta con eso y no con lo esencial: que la obra pase la prueba del tiempo, que por generaciones se reconozca que tu inspiración, la musa que te acompañó en ese instante estuvo en perfecta armonía, que los astros que iluminaron la creación estaban alineados.

La Bayamesa o el Himno de Bayamo compuesto por Pedro (Perucho) Figueredo y arreglado para instrumentos por el maestro Antonio Luna, no fue elegido como el Himno Nacional de Cuba en una decisión a dedo. Es el canto más importante de la Patria porque nació en medio de decisiones trascendentales para la historia, porque fue compañero de batalla, los hombres y mujeres de la nación se fueron a la lucha con sus versos y estrofas como arma de combate, porque lo seguimos entonando con ese vigor que inspira derramar tu sangre por el más noble de los ideales: la libertad. Intentar siquiera atentar o desconocer su valor e impronta entre los cubanos, independientemente de ideologías y residencias, es un sacrilegio. Así lo sentimos y pobre del que intente lo contrario.

¿Puede una canción oportunista y con toda una maquinaria mediática detrás sustituirlo? ¿Tiene la capacidad de convocar y transformar por el mero hecho de que las estadísticas de las plataformas y redes sociales digan que ha llegado a miles o un par de millones de internautas? ¿Puede esa canción “trancarle el dominó” al Estado Socialista de Derecho que es Cuba? ¿Conseguirán que la gente se “rebele” porque lo pidan cantantes “de moda” y afiliados a lo peor de los contrarios a la Revolución? No sean ingenuos.

Hace unos días en su perfil de Facebook Orlando Los Lucas, el realizador audiovisual cubano Orlando Cruzada escribía con su tino de siempre que no creía en la necesidad de insultar a nadie para demostrar razones, “sobre todo cuando la propia vida de cada uno de nosotros, nuestro andar, nos puede juzgar como el mejor juez. De temas y videos estamos cansados, pues surge casi siempre detrás de todo el querer llamar la atención, no sobre una causa, sino sobre sus individualidades. Los hay aquí a nuestro lado y allá del otro lado. Y es hasta humano y normal. Que cada cual defienda en lo que cree es bueno y natural, pero la vida nos demuestra que causas sinceras no van siempre defendidas por personas nobles”.

La canción Patria y Vida que pregonan a toda hora como la gran obra musical que cambiará el destino de la Revolución cubana, tiene no solo el inconveniente de la utilización de frases y notas que nada aportan musicalmente; tiene el agravante histórico de ser interpretada por figuras de connotación mediática e internacional junto a seudoartistas contrarrevolucionarios que lo menos que hacen es lanzar improperios, malas palabras, vulgaridades de todo tipo y hasta han pedido una invasión extranjera para acabar con lo que ellos llaman dictadura. Así no se va a la guerra, al menos es lo que aprendimos con Céspedes, Martí y Fidel. Así no. Así se va al cajero a extraer dólares, los dólares que te pagan los empleadores que sentados en cómodas butacas de la Florida y nadie en Cuba, incluso allí mismo, reconoce como líderes de algo.

Basta con revisar las trayectorias, con googlear un poco. Tanto Yotuel, Gente de Zona y Descemer Bueno, aunque han tenido un respeto sincero de sus públicos por mucho tiempo, está claro que ya han caído en esa etapa natural de lo mismo con lo mismo. Lo que sorprende es que, además de las presiones que han soportado, las injurias de los sectores más radicales de la contrarrevolución, todo lo que han destapado de sus vidas para que se pronuncien contra el gobierno cubano, que los llevó a renegar y pedir perdón, a rebajarse al punto de ponerse de rodillas ante personajes deleznables de la mediática anticubana que no los superan a ellos por sus trayectorias musicales, lleguen al punto de alinearse a especímenes como Maikel Osorbo, el Funky y Luis Manuel Otero Alcántara, el mismo que se sienta a defecar, se baña y hasta trasviste con la bandera cubana. Es una vergüenza para sus carreras que aparezcan al lado de personas que ofenden con su actuar la dignidad nacional, que se llaman artistas y llaman a rebeliones, huelgas, manifestaciones y a cuanta escuálida propuesta le recitan por celular, que han sido magnificados por  los medios y no superaran jamás la obra de cualquiera de los instructores de arte que permanecen en nuestras escuelas y proyectos comunitarios, ni se acercan a la estatura de ninguno de los estudiantes y profesionales de la música y la cultura de este país.

Y si el colmo ha sido apropiarse de una frase pronunciada por Fidel citando a una diputada a la Asamblea Nacional (ellos saben que este pueblo es fidelista hasta los tuétanos), peor es confundir dos conceptos elementales: Patria y Estado. Queriendo ofender a un Estado, mancillan la Patria. La profesora de derecho Joanna González Quevedo expresaba e su muro; “Con todo respeto, hay que leer. Parece que nunca entendieron la diferencia conceptual entre Estado y Patria, ni me voy a desgastar en dar la clase. Por la Patria se vive, pero también se muere. Es una cuestión elemental de civismo y respeto a todos los padres de nuestra independencia que tanta sangre derramaron por la Patria. Vuelvan a los libros, por favor”.

Dice Yotuel, con optimismo y fascinación, que en estos días hablará ante el Parlamento Europeo en nombre del pueblo de Cuba. ¿Será? Bueno, estoy casi seguro que va a hablar, pero a nombre de millones de cubanos, lo dudo. Es más de la retórica anticubana y al parecer ahora la política lo ayuda a vender discos. Tanto han criticado a los artistas que permanecen en la isla trabajando y cantándole a la Patria con honor y sinceridad, sin dobleces, que al parecer los quiere imitar. Pero no cuenta con un elemento fundamental: este país y su gente tiene asuntos más urgentes que atender: una pandemia que combatir, vidas que salvar, bocas que alimentar, impulsos que tomar para seguir construyendo desde la honestidad y el sacrificio colectivo para detenerse a escucharlo en un plenario tan ajeno. Sindo Garay no compuso sus canciones para ir a ofrecer discursos en la ONU ni ante la realeza europea, lo hizo porque si no sonaba su guitarra, si no componía sus versos no era feliz.

Ante lo pasajero de un videoclip y una cancioncita de turno, ante lo efímero de un éxito inducido hasta en los televisores de Walmart, hay poco que hacer. Todo cae por su propio peso y las toneladas de notas, melodías y versos que se han compuesto en este país, que forman parte de su cultura legítima, aplastan los oportunismos de ocasión. Ellos lo saben, pero dejemos que pase el tiempo y quizás un día, así como si nada, nos estaremos riendo de aquella cancioncilla que un día quiso cambiar la Patria y terminó sin vida en el supiadero de la música. ¿Hablaron con Willy Chirino antes de componer, grabar y difundir? Parece que no.

3 comentarios

  1. Mi criterio neutral es que estos” famosos artistas “no representan a ni gun pueblo, nunca han tenido patria pero si se han dado buena vida y sacando dólares en todos los confines del mundo

  2. Buenos dias..No dicen quien es el S rCarlo Figueroa.el

    que escribe,si es periodista ,historiador etc

  3. Elsi Tamayo Ochoa

    Excelente articulo. Deberia ser compartido en las redes para que le llegue a cada cubano. Tanto a los que nos identificamos con la revolucion y somos muchos mas. Como los contrarios que tambien se veran reflejados en su analisis. Hoy es un dia muy especial. Como dice la profesora por la patria se vive pero tambien se muere. Muchos exitos y que siga alumbrando nuestro camino.

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