Tres lustros después, persiste politización sobre derechos humanos

Cuba aboga por el diálogo y la cooperación, en lugar de apostar por los dobles raseros, el enfoque punitivo y la selectividad

En el CDH, algunos gobiernos intentan dar lecciones sobre estándares de democracia y derechos humanos, que muchas veces incumplen. (Foto: PL)
En el CDH, algunos gobiernos intentan dar lecciones sobre estándares de democracia y derechos humanos, que muchas veces incumplen. (Foto: PL)

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU cumplió este lunes 15 años de fundado, un órgano que surgió para sustituir la politización y la selectividad por el diálogo y la cooperación, pero con poco éxito hasta ahora.

Enterrar en medio de su descrédito a la Comisión de Derechos Humanos, la cual celebró su última sesión el 27 de marzo de 2006, trajo la esperanza del nacimiento de un foro en el que las potencias occidentales dejaran de acusar a los países comprometidos con su soberanía y la no injerencia, en aras de justificar sanciones y políticas de cambio de régimen contra ellos.

Hay logros como el Examen Periódico Universal, sin embargo, las viejas prácticas de las resoluciones, los debates, los informes y las comisiones investigadoras contra naciones del Sur, generan preocupación sobre la credibilidad del Consejo y sus mecanismos.

Precisamente en la jornada del aniversario, varias intervenciones del debate general de la sesión 46, prevista aquí del 22 de febrero al 23 de marzo, estuvieron dirigidas a replicar acusaciones.

Este lunes, Rusia recordó que todos los países tienen desafíos en materia de derechos humanos y calificó de hipócritas las posturas de occidente, que opta por criticar antes de mirarse en el espejo, lo cual ilustró con la violencia policial en Europa y Estados Unidos.

También Irán rechazó que algunos gobiernos pretendan imponer su manera de pensar y su sistema legal, ignorando principios como el respeto a la soberanía y la autodeterminación, mientras Cuba demandó el cese de la manipulación y los dobles raseros.

Jornada tras jornada, la sesión 46 del órgano de 47 Estados miembros ha ratificado que el cáncer del empleo de los derechos humanos como arma de agresión no fue extirpado en aquel 15 de marzo de 2006.

Nuevamente Siria, Venezuela, Nicaragua, Irán, Belarús o la República Popular Democrática de Corea resultaron blanco de mecanismos para sentarlos en el banquillo de acusados, con el objetivo de justificar castigos, que van desde las sanciones hasta la guerra económica o incluso la intervención militar.

El representante de Venezuela en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Héctor Constant, calificó el 10 de marzo de circo mediático el foro organizado aquí contra su país y denunció el uso del sensible tema como arma de agresión.

De acuerdo con el embajador, a Venezuela le hubiese gustado analizar en el Consejo sus avances en materia de derechos humanos, abordar la cooperación en la misma o discutir el impacto de las ilegales medidas coercitivas unilaterales que enfrenta el pueblo de la nación sudamericana, en una cruzada dirigida por Estados Unidos.

Sin embargo, debemos intervenir para denunciar y rechazar categóricamente una vez más la perversión de mecanismos que se crean solo con el fin de agredir, advirtió a propósito de la presentación de un informe de la misión activada para identificar alegadas violaciones de los derechos humanos en su país.

Constant recordó que ese grupo jamás ha pisado Venezuela y despilfarra cuantiosos recursos en su papel de atacarla, en sintonía con el propósito de los imperios de clasificar como buenos a los gobiernos que los complacen y como malos a los que se oponen a sus dictámenes.

Mi país, orgullosamente está ubicado del lado de los que enfrentan la hegemonía, subrayó.

Por su parte, el representante permanente de Cuba en ONU-Ginebra, Juan Antonio Quintanilla, convocó el pasado viernes a detener el uso de los derechos humanos como un arma política y abogó por el diálogo y la cooperación, en lugar de apostar por los dobles raseros, el enfoque punitivo y la selectividad.

‘Resulta cada vez más evidente el intento de convertir el Consejo en una especie de tribunal, en el que se promueven acciones injerencistas y se intenta legitimar políticas de cambio de régimen’, denunció.

Quintanilla repudió que algunos gobiernos intenten dar lecciones sobre estándares de democracia y derechos humanos, alejados de la realidad, y que muchas veces incumplen.

‘La narrativa de algunos países de que supuestamente reconocen sus problemas y están totalmente abiertos al escrutinio no es creíble. Es muy fácil adoptar ese discurso cuando se sabe que nunca estarán escrutados, porque en este mundo, lamentablemente, el que paga manda. ¿O es que están dispuestos a presentar resoluciones y mandatos sobre sí mismos?’, sentenció.

Asimismo criticó en el foro que no se condenen flagrantes y evidentes violaciones de los derechos humanos cometidas por los poderosos, entre ellas criminales medidas coercitivas unilaterales, amenazas, agresiones contra Estados y la continua transgresión de las reglas más básicas que rigen las relaciones internacionales.

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