Nos han salvado la vida (+fotos y videos)

Desde hace medio siglo en Tunas de Zaza, El Médano y otras comunidades del sur espirituano la evacuación se adelanta a los peligros; al amparo de la Defensa Civil y el Estado, los pobladores siempre han tenido refugio sin tener que lamentar pérdidas humanas

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La evacuación siempre está acompañada por un esquema de protección y cuidado que privilegia a los más vulnerables. (Foto: José Luis Camellón/Escambray)

Dicen que cuando Osvaldo Rodríguez Legón se pega al mar por la zona de El Playazo, en El Médano, mira hasta donde sus ojos alcanzan a ver, regresa a la casa y lanza el vaticinio: “Está al formarse un cicloncito en tres o cuatro días”, se rompe la tranquilidad de la familia y en todo ese caserío de pescadores; hasta un nieto que nunca duda de sus aciertos exclama: “Si mi abuelo lo dice, hay que recoger las cosas porque pronto nos van a evacuar”.

Entonces, en El Médano, Tunas Zaza y otras comunidades del sur de Sancti Spíritus la vida se agita primero que el mar, se vive otra vez el desasosiego de partir casi siempre de prisa, no sin antes resguardar también los bienes más preciados, apuntalar puertas, subir pertenencias, amarrar hasta el chalán; hacerle tres rayas o dos cruces al puerco para identificarlo después, mirar al mar como si fuera la última vez en un intento por llevarse en la memoria ese recuerdo, pues nadie mejor que ellos para saber que, al regreso, pueden toparse con la dolorosa imagen del azote y la destrucción.

El veterano Osvaldo Rodríguez Legón y Sergio Magratch Despaigne, divisan el horizonte en la zona el Playazo, en El Médano. (Foto: José Luis Camellón/Escambray)

Peligros vividos muchas veces desde que por el año 1840 se asentaron los primeros habitantes en Tunas de Zaza; en tanto los más longevos relatan alguna que otra medida de protección en la primera mitad del siglo XX, aunque sin parecerse a las actuales.

Justo cuando se construía la presa Zaza —la mayor del país—, a mediados de 1972 ocurrió una avería en la cortina que puso en riesgo al embalse y a las comunidades aguas abajo, episodio que desató la primera evacuación de los asentamientos del sur espirituano; un proceso repetido luego cada vez que el mar, los vientos y las inundaciones por los vertimientos de la Zaza crean peligro; desde entonces, bajo el amparo del Estado y la Defensa Civil siempre los pobladores han tenido seguro refugio.

Al paso de medio siglo parece utópico determinar la cantidad de evacuaciones, muchos los gastos en alimentos y combustibles; un proceso signado por el apremio, el riesgo y la tensión, sobre todo cuando los conos de trayectoria ponen a ese litoral en la ruta de los ciclones o la Zaza tiene alto volumen y retumba hasta mar afuera esa orden sin hora ni día fijo: “Hay que evacuar”.

Con muchas casas en el borde del litoral, El Médano se vuelve más vulnerable al embate del viento y las olas. (Foto: José Luis Camellón/Escambray)

Tal vez sean los archivos de Escambray los apuntes más fieles que recogen esa historia de sobresalto, protección y agradecimiento; donde aparecen lo mismo la incertidumbre y el embate del huracán Lili en 1996, que los destrozos de Michelle, Dennis o Irma; se relata la mítica evacuación del 2002 en la que los propios evacuados hicieron cadenetas humanas y con el agua a la cintura guiaron los ómnibus por un camino tapado por el agua, o la orientación de Fidel en 1999 en medio del azote de Irene, de evacuar a las embarazadas y niños menores de un año en el hotel Zaza, en Sancti Spíritus; se narra la obra de convencimiento para sacar los pobladores en medio de un sol rajatabla, también la resistencia de los nativos a dejar las casas por una tormenta llamada Laura a la que, como sabios del mar, ellos esperaron sentados en los portales.

PRIMERA EVACUACIÓN

Cuando en junio de 1972 el peligro que entrañaba la avería en la cortina de la presa Zaza se tornó bien serio, fue como activar un detonante para la protección de todas las personas residentes aguas abajo del embalse. “Era la primera experiencia con la Zaza y no sabíamos qué podía suceder; bastó una noche para organizar el masivo traslado; a las 6:30 a.m. del día 21 se comenzó la evacuación y a los 40 minutos más de 8 000 personas se encontraban a salvo”, contó años atrás a Escambray Senén Rensolí —ya fallecido—, entonces jefe del Estado Mayor Regional de la Defensa Civil en Sancti Spíritus.

Una vivencia que no olvida Felipe Barbeira Docurro, presidente del Consejo de Defensa en el Consejo Popular de Tunas de Zaza desde 1996. “Era un muchacho, nos llevaron para albergues en la zona de El Caney, en Banao, ha sido la evacuación más larga, estuvimos 17 días. Las primeras evacuaciones fueron en tren y camiones de caña, subíamos por las mallas; después empezaron las guaguas. Cuando se crea una amenaza siempre ha existido una precaución por Tunas de Zaza, El Médano y estas comunidades de acá abajo, hasta Fidel se preocupó varias veces por estos poblados”.

En las cuentas que lleva Felipe Barbeira los trazos de la protección se tensan cuando “El viento cambia del sur y acaba con Tunas de Zaza y El Médano; pasó con el ciclón Kate, los dos Lili, Michelle, Gustav…; hemos tenido mucha destrucción, pérdidas de recursos, hemos pasado buenos sustos, aunque sin tener que lamentar ni una vida humana, El riesgo de la presa Zaza es real, pero a mí no me preocupa, malo es el ciclón”, relató.

Aunque saben del riesgo, los habitantes revelan que no es la Zaza el peligro que les quita el sueño; “malo es el ciclón”, aseguran.

EVACUARSE ES SALVAR AL SER HUMANO

Escambray caminó por estos días Tunas de Zaza y El Médano, dos asentamientos donde la vida está entrecruzada con el mar, que únicamente se altera cuando aparecen un mal tiempo o la presa abre el aliviadero Cayajaná.

“En las primeras evacuaciones era difícil sacar la gente, ya eso ha cambiado, se sabe bien lo que sucede y lo principal es prevenir”, detalló Julio Aguiar Rodríguez, delegado de El Médano. “Cuando hay peligro hay que salir, tener fe, te vas, pero no sabes lo que te vas a encontrar al regreso”, expresó Mayelín Hernández Sotolongo.

Como tantos nativos, Ariel Pizat Santander, delegado de la comunidad de Tunas de Zaza, aseguró: “Miramos al horizonte y adivinamos que hay un mal tiempo, hasta sabemos lo que nos va a pasar; hay que estar muy atentos a los huracanes cuando provocan vientos del oeste y del sur, que son los que nos tiran el mar p’arriba a Tunas de Zaza y El Médano. El otro gran peligro es cuando se unen la fuerte marejada y las aguas que expulsa la presa, porque el mar se vuelve una pared y no escapamos de la inundación”, detalló.

Podemos decir que ahora hay mayor sabiduría y preparación de la Defensa Civil, las autoridades y la población para realizar la evacuación preventiva, señaló Pizat Santander. “La experiencia del ciclón Irma no la olvidaremos; había criterios divididos de si se evacuaba o no, algunos hasta decían: ‘¿Por qué, si viene por el norte, si aquí el agua que caiga nos la tomamos?’. Pues se protegió a tiempo la población y los bienes en un almacén que se construyó con ese fin en un lugar alto; ha sido para mí el que más daño e inundación ha causado en Tunas de Zaza y El Médano”, refirió.

A los 76 años, Osvaldo Rodríguez Lugones no ha podido desprenderse del hábito de sentarse en la orilla a mirar el mar, el mismo mar que le ha dado sentido a su vida. “He pasado sustos en Tunas de Zaza y en los barcos también, en el último ciclón tuve que dejar la embarcación allá afuera; ¿evacuaciones?, no sé cuántas, una tonga, lo que sí te puedo decir es que siempre me han atendido bien, no nos podemos quejar de eso”, expresó.

Sergio Magratch Despaigne, uno de esos tuneros que durante años durmieron con el sonido de las olas golpeando las persianas del cuarto, revive el sentido de pertenencia al litoral: “Aquí hay personas que solo salen si están enfermos o cuando hay una evacuación masiva, que es un proceso complejo, la gente se estresa mucho, te vas con unas condiciones, después pueden ser otras; el evacuado se pasa esos días con un salto en el estómago pensando, ¿qué me quedó?; también los que nos quedamos en la custodia del pueblo vivimos momentos tensos, de riesgo, incluso pensado en tener listo el barco para si crece el peligro salir por el mar”.

Sin ciclones ni intensas lluvias, Tunas de Zaza respira aire de mar y tranquilidad. (Foto: José Luis Camellón/Escambray)

No se puede atravesar El Médano sin ver a Felipe Gil Pérez, un pescador de 83 años que ha vivido toda la vida al borde del mar. “Me han tocado todas las evacuaciones, hasta una antes de la Revolución en que nos sacaron en un tren con vagones llenos de estiércol de vaca que primero tuvimos que limpiar, luego se rompió a mitad de camino y ahí pasamos el ciclón los tuneros y medaneros. Después las evacuaciones han sido muy diferentes; una vez estuvieron las guaguas parqueadas aquí como dos días, hasta que una mañana entraron dos marejadas grandes que en mi casa salió el agua por la puerta del frente; vinieron dos funcionarios y me dijeron; ‘¿Qué tú crees?’; les dije: Creo que hay que salir, si no nos vamos a ahogar. Mire, tenemos muchísimos problemas, pero gobierno que cuide más a la población que este no lo hay”.

Osvaldo Rodríguez Legón, con 82 años se ha vuelto el meteorólogo más certero de El Médano, aunque para sus pronósticos solo cuente con dos instrumentos: los ojos y el mar. “Cuando le digo a la gente: Va a haber un sur grande, en dos días está aquí, eso no falla. Si hay peligro lo más lógico es salir, no es lo mismo pasar un ciclón en Sancti Spíritus que acá; en la última evacuación nos pusieron en Ciencias Médicas, la atención fue bárbara; ¡cómo no la voy a agradecer!, si nos han salvado la vida, y nos seguirán salvando”.

El Sistema de la Defensa Civil, que este 31 de julio arriba a los 60 años de creado e integra estructuras y mandos estatales, les ha preservado la vida repetidamente a los pobladores del litoral; una protección que al paso de cinco décadas ha convertido a Tunas de Zaza y El Médano en los pueblos más evacuados de Cuba. De ese amparo emana mucha gratitud, como esa que quedó plasmada en una secundaria de Sancti Spíritus cuando los evacuados por el paso de la tormenta tropical Eta escribieron en el pizarrón: “Gracias”.

José Luis Camellón

Texto de José Luis Camellón
Reportero de Escambray por más de 15 años. Especializado en temas económicos.

2 comentarios

  1. Sergio Magrath Despaigne

    Bonito reportaje me gustó mucho.
    Muchas felicidades DC por su aniversario…. Gracias Pepe por ser parte de ella.

  2. Muy buen trabajo es lo k se puede esperas de un periodista tan bueno como el bendiciones

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