Tuto: una vida entre colchones

Ramón Fernández Rodríguez busca razones para no apartarse de su gran pasión: el judo

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“El judo me enseñó a ser mejor persona, a cultivar buenas relaciones”, asegura. (Fotos: Vicente Brito/Escambray)

Conserva con celo su kimono, como ícono de lo que le marcó toda la vida, su cinta negra quinto dan que le confirma su jerarquía. También sus memorias, atrapadas en papeles, medallas y mente.

Ya no tiene la destreza que ganó sobre el colchón, pero brinca cuando ve ippones y yukos a través del televisor. Es la manera que, a los 70 años, encuentra Ramón Fernández Rodríguez, conocido por Tuto entre los espirituanos, para no apartarse de la pasión de su vida, siendo, como es, uno de los referentes de la época dorada del judo en Sancti Spíritus.

Con este deporte se encontró en 1967, cuando transformó los juegos infantiles en práctica seria: “Era muy inquieto, en el barrio de Jesús María siempre estábamos faja’os, jugando como muchachos, un hermano mío ya iba a ese colchón y ahí mismo me embullé”.

El colchón que refiere es el más emblemático del judo espirituano: el de Roberto Victoria Jaramillo. Habla de él y no puede evitar el brillo de sus ojos, ahora mojados por la remembranza. “Era un maestro y enseñó todo, el judo como deporte y no como defensa callejera, sino para aprender, para competir. Él enseguida se hizo cargo de mí, fue como un padre, me inculcó a mí, y a todos, la amistad”.

Entonces practicar la disciplina era una fiesta que animaba la ciudad y aparecían judocas casi con chasquear los dedos. “Era a toda hora, mañana tarde y moche, no había que ir a las escuelas a buscar los muchachos, porque iban allí con los padres”.

Muy rápido subió al colchón, para transitar una época de gloria como atleta. “Empecé en los 52 kilogramos, mi primera medalla fue de bronce en los Sextos Juegos Escolares, después fui para la ESPA de Santa Clara, ahí era atleta y entrenador. Obtuve varias medallas en las más de 20 competencias en que intervine desde los escolares, juveniles hasta la primera categoría, cuando se organizaban los llamados torneos de cinta marrón, negra, y entre 1969 y 1971 fui seleccionado entre los mejores juveniles del país”.

“Aquello era mañana y tarde, daba clases y entrenaba por la noche o con los mismos muchachos, era mucho sacrificio, ni sé cómo lo hacía, pero me daba el tiempo”.

Este espirituano lleva el judo en la sangre y busca razones para mantenerlo vivo.

En su formación y carrera aparecen muchos nombres: Carlos Acosta, Orange Marrero, Osvaldo Valdés, Luis León, Osmundo Marín, Andrés Nazco… Desde que por los 70 comenzó en la EIDE regional Pepe Barrientos hasta 1996 fue entrenador, en la EIDE de Villa Clara, la Lino Salabarría, el internado de Banao. Por sus manos pasaron muchachos que luego harían historia más allá de las fronteras espirituanas. Entre los de mayor alcurnia, Rafael Rodríguez Carbonell, el primer medallista olímpico espirituano, con su plata de Moscú 80 y Regla Leyén Zulueta, subcampeona mundial. “Es un orgullo haberlos entrenado, pero no solo ellos, por mí pasaron atletas que lograron medallas a todos los niveles, desde pioneriles hasta estos que mencionas y otros a quienes ayudé, aunque un poco menos, como Valentín Lizano y Ricardo Tuero.

“En el caso de Carbonell, entrenábamos en lo que es hoy la Escuela Provincial del Partido, hacíamos los desplazamientos en una pista de esgrima y las proyecciones eran en la yerba porque no había colchón, ni área hasta que logramos armar uno en la EIDE”.

No puede evitar los paralelos. Tampoco cierto pesar cuando se remonta a los tiempos en que con menos se cosechaban judocas. En esta era de colchones, tecnologías, no siempre, al menos en Sancti Spiritus, aparecen: “En aquellos años había masividad, estaban la EIDE, el colchón de Jaramillo, luego el del cuartel Viejo en Jesús María, al menos aquí en la ciudad. Hoy no creo que solo el judo, es el deporte, el horario docente que pusieron que corta el día; antes el judo era mañana tarde y noche y ahora es solo un poco en la tarde para ir al área. En los municipios decayó también, antes en una provincial había que ver cómo venían. Hoy no veo el relevo de las grandes figuras”.

Cree también en otras distancias: “Hay que poner mucho hincapié en los entrenamientos y en la práctica general, hay que trabajar, no importa el nivel que usted tenga, eso influye, pero no determina, y el profesor tiene que sentir que el colchón es suyo. Si hace falta limpiar, reparar el área, no hay que esperar al de mantenimiento, recuerdo cómo, aunque estuviera el de mantenimiento, limpiábamos, los fines de semana, íbamos con la familia”. Y está el asunto de los trajes: “Cualquiera no les llega, porque cuestan más de 150 dólares”.

Sin que dejara el kimono a su suerte, un desacuerdo lo llevó a guardarlo: “Mi primera decepción fue que, por televisión, vi a un técnico que nunca se había destacado en nada cumpliendo misión en Venezuela, eso me molestó y no quise seguir en esa práctica”.

No se alejó, sin embargo, del deporte pues hasta su jubilación trabajó en el departamento de recreación en el combinado deportivo Marcelo Salado y desde ahí cumplió misión en Venezuela.

Persigue cuanto evento del deporte se televisa. “En cada pelea me paro, proyecto y toda esa locura”. Porque le quedó ese bichito reporteril de cuando fue corresponsal deportivo en la prensa escrita y la radio hasta ser Vanguardia Provincial, sigue y comenta las noticias al dedillo. De los tiempos de Jaramillo conserva los amigos, los alumnos, como Nelson, que siempre viene en las mañanas: “El judo me enseñó a ser mejor persona, a cultivar buenas relaciones”.

Porque “judo, judo y judo” fue lo único que aprendió, lo extraña. No se anima al pedido periodístico, mas le queda aún un arma de combate: “No, Elsa, ya no podría dar un ippon, pero sí me gustaría trabajar en la enseñanza del judo básico con los niños”. 

Elsa Ramos

Texto de Elsa Ramos
Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por la obra del año (2014, 2018 y 2019). Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas deportivos.

Comentario

  1. TUTO ES EJEMPLO DE DEPORTISTA Y PROFESIONAL DE LA EDUCACION DEL ARTE DE ENSEÑAR LOS CAMINOS DE LA VIDA A TRAVES DE LA MARCIALIDAD Y EL COMBATE, CON VALORES DE CONDUCTA BIEN INTRINSECOS EN SU PERSONALIDAD Y CONVIVENCIA SOCIAL. FELICIDADES A TODOS LOS EDUCADORES DE LAS ARTES DE COMBATE ESPIRITUANA, A LOS LEONES Y COMPAÑIA. UN SALUDO DE ESTE HUMILDE Y ORGULLOSO CINTA BLANCA

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