Un tándem de inventiva y creación

La parada del central Uruguay convirtió al taller de maquinado en el epicentro de la vitalidad financiera, al destapar un nivel de creatividad capaz de aportar soluciones de alto valor e impacto

jatibonico central uruguay
La pausa productiva del central ha desatado la potencialidad innovadora y de recuperación en el colectivo del taller. (Foto: José Luis Camellón/Escambray)

Siempre ha sido un área imprescindible en el central Uruguay. Según referencias fundacionales, el taller de maquinado nació antes que la industria azucarera, creada a inicios del siglo pasado; fue allí donde se elaboraron y moldearon muchos de los componentes tecnológicos que dieron vida a la fábrica.

Nada de casualidad tiene entonces, que ante la parada azucarera del coloso de Jatibonico, esta área sea una de las bujías laborales que hace posible la sostenibilidad financiera del ingenio y su colectivo. Mas, el protagonismo actual de esa calificada fuerza operaria desborda la majestuosidad de las máquinas, porque ha surgido allí un nivel de creatividad capaz de acometer trabajos y soluciones —algunas inéditas—, de alto valor e impacto, al punto de que el taller se ha vuelto un tándem de la inventiva y la creación.

BRAZO DERECHO DEL URUGUAY

Metido en la barriga del Uruguay, la parada del central no ha podido silenciar el taller —todavía conservan allí tres equipos de la era inicial—; al contrario, se ha destapado un abanico de acciones que ni el más longevo de los torneros hubiese imaginado.

Como jefe del taller, Manuel Balmaseda Ávila es uno de los abanderados de la resurrección del área de maquinado. “Como el taller siempre va a generar ingresos, escogimos 15 trabajadores, la mitad de la plantilla, los demás se reubicaron y algunos se buscaron su trabajo en otros lugares; así continuamos reparando la industria y nos abrimos a otras producciones y servicios”, explicó.

Hasta el taller de maquinado han llegado a solicitar servicios la fábrica de cemento Siguaney, empresas espirituanas, instalaciones de los sectores de Salud y Acueducto, así como centrales de otras provincias. De ese parto han surgido trabajos de relevancia que, a la par de generar dinero, constituyen soluciones para el ahorro.

“Retomamos la recuperación de la rueda de los carros jaulas del ferrocarril que tiempos atrás hicimos aquí —aseguró Balmaseda Ávila—, se estaban mandando a otras provincias y desde noviembre lo hacemos de nuevo. Según los clientes, el trabajo tiene más calidad.

“A la rueda se le recupera el diámetro, porque se gasta por un lado; también recuperamos el llamado muñón donde acciona la chumacera; son trabajos que en otros lugares se realizan con cuchillas, aquí los ejecutamos con rodillos. Se han rectificado más de 110 ruedas, una cifra de magnitud en tan poco tiempo”.

SOLUCIÓN DE ALTO VOLTAJE

Entre la reparación de elementos de bombeo de agua, ejes, la parte frontal de los tractores y la fabricación de disímiles piezas para las entidades y la población, la lista de las prestaciones se vuelve extensa; sin embargo, una sobresale por el alcance de la solución: la recuperación del acoplamiento estriado del turbogenerador, un trabajo certificado en la Universidad Central Marta Abreu de las Villas y que pudiera ser la primera vez se realiza en Cuba bajo este esquema de validación tecnológica.

“Primero lo hicimos en el Uruguay, lo probamos, y después lo validamos con especialistas de la Universidad. El año pasado el ingenio hizo zafra con un juego de coupling —dispositivo que acopla la turbina al turbogenerador— recuperado aquí; actualmente el central Ecuador, en Ciego de Ávila, está haciendo zafra con el acoplamiento del turbogenerador que le hicimos.

“Esas piezas siempre se han importado, cuestan alrededor de un millón de pesos cuando lo llevas a la conversión del país; aquí las recuperamos con un valor de 340 000 pesos. El central 30 de Noviembre, en Artemisa, ha solicitado ahora ese servicio. El principal resultado es que ya está probado”, dijo Balmaseda Ávila.

La parada del central despabiló la inventiva. De ese empuje despunta otra solución —todavía en fase de prueba—, pero ya demuestra eficacia: rescatar los pistones que mueven los enrolladores de los sistemas de riego. “Fui de los primeros en decir que era un trabajo muy difícil, pero logramos hacer cuatro, llevan unos 15 días de funcionamiento y, al parecer, ha tenido eficacia la recuperación. Esa pieza te detiene el sistema, tampoco conocemos que se recupere en otro lugar”, afirmó el jefe de taller.

“Aquí hay muy buenos trabajadores, gente de mucha experiencia —apuntó Dayesky Peña Contino, jefe de brigada—. Eso equivale a precisión en las medidas, mantener la ética del operador de máquina, que la pieza tiene que salir con calidad”.

Por su parte, Mario Izquierdo Dorta lleva el oficio de tornero en la sangre. “Cuando pararon el central a nosotros se nos espabiló la mente, porque estábamos preparados para este salto de creatividad, lo que faltaba el momento de poner en práctica toda la potencialidad del colectivo; siento regocijo con esas soluciones que hemos dado, vengo para el taller motivado y con deseos de ser útil”, sentenció.

José Luis Camellón

Texto de José Luis Camellón
Reportero de Escambray por más de 15 años. Especializado en temas económicos.

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