En la piel de los otros (+fotos)

Para Luis Ángel Najarro Jiménez, quien ha dedicado medio siglo de vida a las comunicaciones, el servicio y los clientes son lo fundamental. Escambray repasa la historia de vida de este hombre con apariencia severa que aún hoy desempeña una labor intensa y estresante en Etecsa

En su oficina del céntrico edificio de Etecsa en Sancti Spíritus. (Fotos: Vicente Brito/Escambray).

Con una serenidad pasmosa, nada le falta ni le sobra a su diálogo de conversador pausado. En dos o tres momentos de esta amplia entrevista se emociona, pero con discreción. Su personalidad impone respeto. Con medio siglo de vida dedicado a las comunicaciones, en la juventud Luis Ángel Najarro Jiménez practicaba el baloncesto, pasión que aún lo desborda como para mencionarla entre los detalles memorables de una vida que ya sobrepasa los 73 años. 

“Siempre jugaba básquet, en la calle la gente me identifica más con eso que con cualquier otra cosa, practicaba desde la Secundaria, estuve en el equipo de la Universidad. Cuando tenía examen lo primero que hacía era ir para la cancha y al otro día estaba entero. Jugar básquet me despejaba y ha sido una de las mejores cosas que he hecho; aunque mi familia también ha sido fundamental. Tengo un solo hijo que es médico veterinario, tres nietos que están estudiando y Beatriz, mi esposa, que ha sido el horcón de mi casa, dejó su trabajo para cuidar a mis padres. Hay cosas que nunca se olvidan, ya llevamos 50 años de casados y uno se va complementando”.

En un pasillo de Etecsa mientras dialoga con sus compañeros.

A decir verdad, esa cierta informalidad que distingue a los deportistas amateurs no parece ajustarse a este mulato alto y delgado, con apariencia severa, que casi siempre ha mandado hombres, incluso actualmente, cuando muchos de sus contemporáneos ya disfrutan una lógica jubilación y él sigue en la sede de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) en Sancti Spíritus.   

“Este edificio para mí es lo de siempre, lo de toda la vida, la continuidad de lo que empecé en 1974, cuando me gradué. No sé cuándo voy a abandonarlo, quería hacerlo ahora, pero me puse a pensar y verdad que es complejo porque cuando me paso cuatro o cinco días en la casa ya no sé qué hacer. Uno crea un hábito que es imposible de romper. Mientras pueda voy a seguir resistiendo, comprometido con la Revolución, este es el pedacito que me toca a mí para no fallarle”.

Najarro, como todos lo conocen, nació en Cienfuegos, pero se considera espirituano de corazón porque en la villa del Yayabo ha vivido desde los ocho años. En 1974 se graduó como ingeniero en Telecomunicaciones en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

“Aquellos años para mí, más que una universidad, fueron una escuela porque yo era un poco rega’o. Allí me bequé por primera vez y tuve que enfrentar muchas tareas; por ejemplo, a los que logramos sacar el primer año sin extraordinario nos llevaron para la zafra del 70 y estuvimos como tres meses en El Purio, una zona cercana a Sagua la Grande. Nos levantaban a las cinco de la mañana en el albergue y a veces a las siete o las ocho de la noche no habíamos regresado del cañaveral, el rigor era tremendo.

“También tuve que trabajar en la construcción de la propia universidad. Hay una anécdota graciosa: el primer día dijimos que queríamos trabajar en lo que tuviera que ver con electricidad, que era como nuestra facultad, y nos pusieron a abrir cajuelas. Aquello te desbarataba las manos, se trabajaba muy duro, pero la juventud aguanta todas esas cosas y la pasé bien allí. En la universidad eran exigentes con la participación en las guardias, los trabajos voluntarios y eso va formando a un joven en la obligación, la responsabilidad social. Salí diferente de lo que entré”.

Durante su misión internacionalista en Iraq, donde vivió experiencias únicas. ( Foto: Cortesía del entrevistado).

En su escueta oficina, dispara una confesión que refuerza su modestia casi en el prólogo mismo de esta entrevista: “Soy alérgico a las fotos”. Pero al trabajo evidentemente no, porque su larga trayectoria suma las labores de recién graduado en Camagüey y Pinar del Río hasta llegar a la entonces nueva Empresa Integral de Comunicaciones Sancti Spíritus, surgida a raíz de la división político administrativa, y donde echó definitivamente raíces. 

“Este edificio lo hice yo, tengo ese orgullo, esto era un solar yermo. Trabajaba en desarrollo técnico y a mí con otro compañero nos dieron la tarea de empezar a hacer las calas. Con los especialistas de estudio de suelos, empezamos a montar todo el tinglado del edifico. Lo dejé prácticamente en terminación cuando salí de misión para Iraq y al regresar fue lo primero que vi, ya listo y en uso”.

Las comunicaciones en la provincia le deben un monumento a este hombre que comenzó aquí como jefe de área telefónica, pero tenía que hacer de todo, una especie de músico, poeta y loco que se relacionaba lo mismo con los reparadores que con las quejas o la mesa de pruebas. Luego, desde el frente de desarrollo técnico, se dedicó al montaje de las centrales telefónicas, los proyectos, las inversiones y la construcción.

“Cuando Sancti Spíritus pasó a ser una provinciahubo que cambiar la topología de la red, por ejemplo, hubo que redireccionar las salidas de Yaguajay y Fomento, que hasta entonces dependían de Santa Clara. Fue complejo. Además, hubo que crecer, instalar centrales modernas y en aquella época todo era a base de postes.

“Ya en 1987 se decidió que pasara a director de la entonces Empresa Integral de Comunicaciones, que atendía Radio, Correos, todo lo que ahora aúna el Ministerio de Comunicaciones, era un espectro mucho más amplio y complicado que lo que hoy se incluye en Etecsa”.

¿Cuán complejo fue para usted dirigir a más de 1 200 personas?, ¿qué recuerda como lo más gratificante y difícil?

“Lo gratificante en esto es saber que se pueden lograr las cosas. Cuando uno tiene un colectivo que lo ayuda y trabajadores comprometidos, no hay reto que no se pueda cumplir. Y eso siempre es lo que me ha movido a trabajar hasta hoy.

“Lo más difícil ha sido la falta de recursos, sobre todo en aquel período especial que fue muy violento. Fui director casi siete años. Luego me sancionaron, pero eso no melló mi espíritu. Pasé al Centro de Operaciones del cable coaxial, luego empecé como especialista en Operaciones, allí me eligieron Vanguardia Nacional. También obtuve esa categoría por la ANIR como cuatro veces. Y sigo aquí, dando lo mejor de mí por las comunicaciones”.

Su labor de entonces y de hoy —como jefe de intervención técnica que atiende el cable coaxial, las pizarras privadas, las radiobases de la telefonía móvil y el área energética—, se considera bien estresante, operativa e intensa: “No pasa una semana que no te llamen a cualquier hora porque hay un problema, una interrupción que tienes que solucionar”.

Ha recibido varios reconocimientos como innovador y eso no es común en un jefe, ¿de qué forma le alcanza el tiempo para crear?

“A uno el bichito de la parte técnica no se le quita; pero, además, siempre he mantenido relación con los trabajadores y especialistas, yo intercambio mucho, hemos hecho trabajos conjuntos, nunca me he desvinculado de la innovación y de la ciencia”.

Usted ha sido testigo de la evolución tecnológica del sector, ¿cómo describe esa carrera de velocidad del teléfono fijo a la móvil 4G y a todos esos progresos impensables en la década del 80?

“Hay un refrán que dice que la necesidad hace parir mulato. Ese desarrollo ha sido una necesidad del país, porque si algo está globalizado son las comunicaciones. Desafortunadamente, Cuba no tiene ahora las mismas condiciones que cuando Etecsa empezó, pero ya se está hablando de 5 y 6G. Hoy usted tiene que tener un celular; si no, no se comunica. Nadie pensaba que íbamos a andar con una computadora en el bolsillo, por ahí lo puedes transmitir todo, ayuda mucho a ganar tiempo. Este sector es muy dinámico y los cambios son ineludibles, usted puede tener un carro del 48, pero la central telefónica tiene que modernizarla o no comunica con el mundo”.

Un capítulo interesante en la vida de Luis Ángel Najarro se abrió en 1981, durante su misión internacionalista en Iraq, país entonces en guerra: “Aquello fue un cambio complejo porque era otra forma de vivir y ver las cosas. Yo soy un lector empedernido y hasta hice un libro sobre esa experiencia que nunca se ha podido editar. Los árabes son tranquilos, pero de lejos se veían los destellos de los disparos. En algunos lugares hacía mucho frío y en otros era el desierto con un calor que te penetra, mucho más que aquí, más de 50 grados. Imagínese que nunca vi aves de rapiña ni un animal muerto porque se disecaban.

“El regreso se tornó complejo, las relaciones se pusieron tensas, se cerraron los contratos, muchas personas cumplían la misión y no podían regresar. Se hizo como un embudo y era julio y agosto, una época difícil para viajar. Tuvimos que recorrer casi 1 000 kilómetros en guagua, fueron como 56 horas continuas de viaje. Los cubanos, que le ponen nombre a todo, le decían a aquel regreso la marcha combatiente. Atravesamos Iraq y Turquía para llegar a Bulgaria que fue por donde salimos finalmente para Cuba”.

¿Qué distingue a Najarro como jefe ante sus subordinados?

“La edad lo va aflojando a uno, yo tenía un carácter un poco serio, a veces uno equivoca la rectitud con la seriedad, pero los años me han cambiado. Cada vez que tuve problemas muchos fueron a verme a mi casa. Me llevo bien con todos, siempre he visto a los trabajadores como mis compañeros, no hago diferencia porque sean subordinados, cada uno ejerce una labor diferente, pero no me gustan, no tolero los incumplimientos. Cuando eres un buen trabajador lo ganaste todo conmigo.  

“Y defectos tengo, por momentos he sido un poco impulsivo. Ya no, me siento aquí tranquilo, organizo el trabajo, hago llamadas, peleo un poco cuando tengo que pelear, no me gustan las demoras, para mí el servicio es lo fundamental porque me pongo en la piel de quien está sufriendo una interrupción”.

Mary Luz Borrego

Texto de Mary Luz Borrego
Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas económicos. Ganadora de importantes premios en concursos nacionales de periodismo.

2 comentarios

  1. Magnífica persona es Luis Najarro Jiménez. Su entrevista me hizo recodar muchos pasajes de mi vida, puesto que coincidimos en los estudios en la carrera ,UCLV, en la misión en Iraq, hasta en la visita de la foto a los restos de los jardines colgantes de Babilonia.
    Contento de saber está aun activo, consalydvy feliz con su familia.
    Muy buen reportaje realizado por la periodista Borrego.
    Felicidades a ambos, periodista y entrevistado.
    VNM

  2. Miladys Gonzalez Rodriguez

    Gracias Escambray . Linda historia de vida de un comunicador por excelencia cuyo amor y sentido de pertenencia por lo que hace lo convierten en un eterno enamorado de la telecomunicaciones, ejemplo para las generaciones venideras.

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