Kevin: el chico revelación del futsal (+fotos)

Buena parte de la razón para que Cuba regrese a los Mundiales y a su próxima cita en Uzbekistán, estuvo en cómo Kevin Ruedas paró con su cuerpo y su alma las balas que venían a su portería

Kevin se convirtió en el segundo joven cubano en tener el trofeo de jugador Revelación.

Ante las transmisiones televisivas del equipo cubano de fútbol sala o futsal, en el premundial de Nicaragua, parte de Sancti Spíritus vibraba cada vez que Kevin Ruedas paraba un gol, aunque la narración lo exaltaba como el chico de la piña, en alusión a Ciego de Ávila.

Buena parte de la razón para que Cuba regrese a los Mundiales y a su próxima cita en Uzbekistán, estuvo en cómo este joven paró con su cuerpo y su alma las balas que venían a su portería. Su labor se engrandeció mucho más en el partido de vida o muerte que les dio el boleto. Por eso y porque regresó como jugador Revelación, en su barriada del acueducto en Sancti Spíritus fue recibido a lo grande entre sensaciones que Escambray intenta desentrañar.

“Desde  que empecé en este deporte soñé con participar en un evento de este tipo”. Por eso, en el primer partido, cuando salta de la “nada”  a portero principal, algo que no esperaba a sus veinte años, se quedó “en shock”, dice y el brillo de sus ojos lo confirma mientras repasa con mente cinematográfica todas sus vivencias.

Desde que empecé en este deporte soñé con participar en un evento de este tipo, señala el joven.

“En ese primer partido le pedí a Dios que me ayudara, me sentía preparado, incluso fuimos a una base a Venezuela. Tuvimos un empate, pero gracias a Dios todo salió bien, defendí como ellos esperaban. Ya con Panamá teníamos que ganar o empatar. Faltando dos minutos,  metimos el tercer gol y nos fuimos delante 3-2. Solo mirábamos los cronómetros para que sonara el silbato final para poder celebrar ese pase a la segunda ronda”.

Llega lo que él llama “el partido de los sueños contra República Dominicana que nos daba el pase al Mundial. Fue muy tenso, pues nunca habíamos estado en esta competición y el equipo es muy joven. Cuando suena el silbato final hay que estar ahí para saber la alegría y la emoción por el triunfo colectivo y por saber que fui parte de él”.

Lo de Costa Rica, con más de una década como rey de Concacaf y titular tres veces seguidas, fue la apoteosis en semifinales. “No abrí el partido, pero nos vamos a tiempo extra empatados a tres y el entrenador me dice: “Calienta que quien tiene la responsabilidad de la tanda de penales es usted. No puedo explicarte lo que sentí por esa confianza”. Tras penales fallados y logrados, llega el decisivo. “Suspiré y dije: Ahora es cuando es, Kevin, llegó tu momento de estar en los libros de la historia. Me movía al lado correcto y detuve el penal”. Y corrió por toda la cancha para soltar la adrenalina del partido y de su vida. “Todos salimos corriendo como locos. Parar penales es muy difícil, tienes segundos para pensar, el tramo es corto y los disparos salen muy duros. Ahí se para con adrenalina, con el cerebro, con el pie; el portero entrega todo su cuerpo para solo una parada que puede ser la de sus sueños. Traer una medalla a mi patria, a mi Cuba, nadie sabe lo que se siente cuando uno canta el himno fuera del país.

Y aunque no pudieron conquistar el título vs. Panamá cuando vistió la chamarreta de capitán, ya la historia estaba escrita: en el futbol se gana y se pierde. “Regresamos a la Patria con una plata que sabe a oro y el pueblo cubano se volvió a ilusionar y nos siguió”.

Lo de jugador Revelación fue como un autogol. “El trofeo se le da al mejor jugador joven de la competencia, soy el segundo cubano en tenerlo, me vinieron a la mente mis viajes de madrugada, de noche, los días fuera de mi familia, todo el sacrificio de mis padres”.

Sus ojos se humedecen y los míos también. Para Kevin, fue la certeza de haber “tirado” para el lado correcto al decidir por la portería. “No es solo  el que tienes que parar si no es estar concentrado al ciento por ciento; una milésima de concentración que pierdas, le pierdes la vista al balón, es un error que cuesta gol. Podemos ser héroes o villanos, somos como un director que debe guiar a los jugadores”.

Hacia la potería miró desde que con quince años Rafael Panecas, lo tomó de la mano. “Él fue quien vio todo mi potencial y me dijo que tenía toda la fuerza para llegar al equipo nacional”. Pero tras competir por su tierra natal varios años hasta que la pandemia de la covid  indicó el parón deportivo, comienzan los “goles en contra”. En Sancti Spíritus no lo llaman a los entrenamientos para el campeonato nacional y comienzan a cerrarle las puertas; se las abrieron en Ciego de Ávila. “Nunca  se interesaron en mí. En el 2021 está la selección nacional en Ciego preparándose para el Mundial y Panecas, que estaba allá, me dice: Recoge y vamos”. 

Tenía 16 años y una mochila de sueños que transportó kilómetros de sacrificio de él y sus padres. “Al llegar me dicen: ¡Ño!, tan chiquito y portero! Vamos a probarte. Me ponen 30 minutos contra la selección nacional, no recibí gol y me dicen que siguiera preparándome”.

Ciego de Ávila no dejó caer la indicación y le inscribió en sus filas para el campeonato nacional. “Ni te imaginas, me levantaba a las cinco de la mañana, iba entrenaba y viraba en botella el mismo día. Lo hice como tres meses hasta que concentraron al equipo y me albergué y viajaba semanal. A veces algún vecino me iba a buscar casi de madrugada a Jatibonico”.

Con Ciego de Ávila llegó a la selección nacional Sub-20 y asistió a su primer torneo internacional en Guatemala. Ganó, también en tanda de penales ante La Habana, el título nacional que atesora en su casa espirituana. “Eso es lo máximo que puede sentir un atleta y es lo que siempre sueña”. En Sancti Spiritus terminó la EPEF como estudiante integral, luego de que casi ni entra a la escuela por una equivocación que le desaprobó el examen físico.

Por esos azares de la vida  más de una vez ha enfrentado a los suyos de sangre. “Son partidos muy difíciles, soy un portero que cuando hago una atajada grito, pero con ellos no lo hago. El director me dice: Cuando juegas con Sancti Spíritus eres otro portero. Y es verdad que salgo como presionado. Fue duro una vez que jugué aquí y me gritaron traidor, mi mamá se molestó, les expliqué mis razones de por qué jugaba con Ciego, entonces bajaron y se disculparon”.

Pero Sancti Spíritus, en el pedacito de su barrio, abrazó como un héroe al niño intranquilo a quien su mamá no lo dejaba jugar al fútbol porque se portaba mal. “Cuando vi a mi barrio esperarme con los brazos abiertos se me salieron las lágrimas. No me esperaba un recibimiento tan grande, lo hicieron con una canción muy linda y un escrito en décimas con toda mi historia. Lloraron conmigo”.

¿Cómo te sientes cuando ganas: avileño o espirituano?

“Por dentro soy espirituano, vivo aquí y siempre voy a amar mis raíces. En el deporte siempre es a muerte por ellos, pero Ciego fue la provincia que me abrió las puertas hacia mi gran futuro, me encaminó y desde que llegué todos, hasta los directivos, hicieron por mí y me decían: Esta es tu casa. En ese momento soy avileño y ellos así lo sienten, incluso me han pedido que regrese a jugar con mi provincia, pero les digo que todo deportista tiene que tener vergüenza”.

Elsa Ramos

Texto de Elsa Ramos
Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por la obra del año (2014, 2018 y 2019). Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas deportivos.

Comentario

  1. FELICIDADES PARA ESTE JOVEN JUGADOR DE FUTBOL SALA.

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